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La campaña de los gestores y la gente

Opinión

Por   | Para LA NACION

Es posible que la campaña electoral que se desarrollará de aquí a octubre aporte novedades en cuanto a contenidos, tonos y estilos. En principio, asistimos a una redefinición de la comunicación política que aunque no es novedosa, parece ser cada vez más dominante y extendida. Las figuras que prevalecen en los sondeos recurren, disciplinados, a la caja de herramientas que provee el nuevo marketing sin salirse del guión. Por otra parte, se advierten señales de agotamiento de la política basada en contenidos ideológicos y argumentos discursivos.

Acaso la complaciente entrevista televisiva que le realizó Alejandro Fantino a Sergio Massa esta semana sea un buen ejemplo del tipo de comunicación que está imponiéndose. La presentación del candidato fue sobria y estudiada. En primer lugar, eludió cualquier definición ideológica, admitiendo apenas pertenecer a una "matriz" peronista que no definió y haber formado parte de las listas de ese movimiento desde hace años. En segundo lugar, y en complicidad con el entrevistador, destacó su juventud y afirmó que la crisis de 2001 abrió la puerta a nuevos dirigentes, aunque matizó con corrección: "La juventud no tiene que ver con la edad, sino con lo que uno tiene en la cabeza". En tercer lugar, se refirió a su origen familiar, relatando que sus padres son italianos que vinieron al país a progresar. Más adelante en el reportaje dijo que la clave es la "movilidad social ascendente"; paradójicamente, el ejemplo de su saga familiar y un artículo de fe de Cristina Kirchner.

Esas señas de identidad enmarcaron la definición de fondo del candidato: el mundo de la política se divide en dos, de un lado están los que hablan y nunca hicieron nada y del otro los que callan y gestionan, llevando adelante una responsabilidad. Por eso, según Massa, es secundaria la pertenencia política, no importa si él u otros empezaron en la Ucedé y terminaron en el peronismo, lo verdaderamente significativo es si tienen experiencia en resolver problemas concretos ocupando cargos públicos. En la concepción massista pareciera existir un único modo válido de practicar la política: desde la administración estatal, no desde la argumentación discursiva.

Esta visión conduce, inadvertidamente, a una nueva clasificación de los actores políticos, simple y notoriamente sesgada. Por así decirlo: existiría el "partido" de los que poseen poderes ejecutivos (nacionales, provinciales o municipales) y el de los que no tienen esos cargos. Los primeros estarían en condiciones de resolver problemas a través de la gestión, los otros quedarían confinados al lugar de comentaristas abstractos. Así, la herramienta clave es el acceso a un poder ejecutivo. La nueva competencia se plantea entre funcionarios hacedores, con abultados presupuestos, y políticos declamadores, pobres en recursos y confinados a las ideas. Un somero inventario de los principales distritos mostrará, con pocas excepciones, a los gobernantes que doblegan con comodidad a los políticos de a pie.

Pero hay más. Por debajo del discurso de Massa no sólo existe una reclasificación de los actores políticos, se observa una amplia redefinición terminológica. En la entrevista, el candidato repite innumerables veces la palabra "gente". La gente es la destinataria de todos los esfuerzos, debemos detectar lo que quiere y responderle, la gente está preocupada por esto y aquello y no por otra cosa; la gente dice, hace, piensa. Un machacar abrumador. En rigor, se trata de un nuevo diccionario. Donde antes se decía pueblo, ahora se dice gente; la historia se reemplazó por la agenda; el líder se convirtió en un gestor y la liberación de la opresión en la solución de los problemas. En tiempos del microtargeting , Massa alivianó la apuesta: no cree en salvadores de la patria, cree en "albañiles de la casa de todos, que es la Argentina".

Cuando se habla de fin de ciclo se reduce la cuestión al ocaso del kirchnerismo. Tal vez sea útil ampliar la visión y hablar de un cambio de cultura política. Es cierto: probablemente concluya el kirchnerismo, pero con él parece que terminarán también los grandes relatos de la democracia argentina que signaron sus 30 años, desde el comienzo épico de Alfonsín a la ilusión emancipatoria de Cristina.

Con Massa, los políticos, como los poetas en el "Manifiesto" de Nicanor Parra, "bajaron del Olimpo". Aunque poderosos, prefieren ser minúsculos, centrados en los dictámenes de un conglomerado impreciso denominado "gente". Son sus gestores y como tales recorren el territorio con una máquina de detectar y resolver problemas. Pequeños políticos con pequeñas soluciones en la posmodernidad argentina.

Tengo la impresión que los nuevos liderazgos se basaron en los abundantes presupuestos públicos de la última década. Cabe preguntar si estas condiciones se mantendrán. Y si los gestores poseerán ideas, más allá del marketing, para encarar los complejos problemas estructurales que tiene por delante el país.

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