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Misiones

En la selva, un refugio para el turista y otro para la naturaleza

Turismo

Tres días de exploración y también de relax y buen comer en un lodge pionero y en su reserva natural privada de 570 hectáreas, cerca de Puerto Iguazú

Por   | Para LA NACION

Yacutinga Lodge y su refugio de vida silvestre se encuentran escondidos sobre el Río Iguazú. En rigor, quedan a sólo 85 kilómetros de las Cataratas, pero su camino pedregoso y difícil de remontar en días de lluvia lo ubican, a ojos de cualquier forastero, en la loma del ocaso. O donde el diablo perdió el poncho, como menta el paisanaje.

El primer lodge selvático del país fue creado como proyecto de conservación y protección de la biodiversidad y hoy es un destino turístico en sí mismo para quienes gustan de la naturaleza en crudo. A efectos prácticos, un final de camino a toda orquesta para la tradicional visita a las Cataratas.

La travesía comienza en el parador de Raíces Argentinas, a minutos del aeropuerto de Iguazú. En el trayecto hacia ese punto de encuentro ya se divisan las marcas de la casa. Carteles que advierten de la presencia de coatíes, tapires, chanchos de monte desnortados. Pero esto no es nada.

Cuando un camión Mercedes de los años 70 tuneado con troncos se adentra por los contornos de la selva subtropical, el paisaje presagia otra historia.

El suelo rojo convive con un verde refractado en mil variantes. Los ruidos alertan sobre cambios de climas. Horas después, el furgón traspasa la puerta del complejo -cuatro hectáreas edificadas de las 570 que componen la propiedad- y la tropa de viajeros es recibida por un surrounding 5.0 de aves, insectos y ramas en pie de guerra.

La construcción se adapta a las pendientes del terreno para sintonizar con su arquitectura. Piedras y madera aprovechada de árboles caídos son el hormigón conceptual del predio que inició sus actividades el 1º de enero de 2000.

Apenas bajamos a tierra, los anfitriones nos reciben con chipá, jugo de limón y una charla aleccionadora sobre los dramas de la deforestación del Parque Nacional, los compromisos de Yacutinga con el medioambiente, la conservación del recurso natural y demás unanimidades. A la hora de la cena, lo primero que nos ofrecen es un chipaguazú, que resulta un delicioso revuelto de maíz, primo hermano de la humita. De segundo, un pollo al ananá nos pone definitivamente a tono con el lugar, sensación que perdura cuando nos adjudican nuestras habitaciones. Módulos rústicos de madera y laja repartidos alrededor del edifico principal. Cálidos, con agua caliente y champúes ecológicos. Cada uno de ellos cuanta con un rellano que mira -y escucha- a la selva. Hora de recuperar fuerzas. Mañana es el Día D.

Como en la colimba, que me perdí pero me contaron, aquí hay que levantarse temprano y por sentido común. El guía Néstor Bordón, alias Coatí, de Río Gallegos, propone uno de los doce senderos de interpretación de la reserva. Le hacemos caso. Ya en plena salva, no hay rastros de Daktaris. Menos aún de leones bizcos, pertenecientes a la sabana y cuya soberanía en la selva es una licencia poética que aún hoy, por si las moscas, nos llama a la cautela.

De entrada, el monte -sinónimo local de jungla- estremece con su congregación de ochenta especies de árboles. De todas ellas, el palo rosa se lleva los piropos. Por algo sirvió de base para el tablero de los Roll Royce y sus taninos, según la leyenda, forman parte de la esencia del perfume Chanel Nº 5.

En la primera incursión, nos topamos con un taguató, un ave rapaz que oteaba el horizonte como Rodrigo de Triana a sus presuntas Indias. Nos cortinan también unos pájaros cucús, a los que les buscamos semejanzas con los relojes suizos.

A esta altura, el monte adopta la forma de una proveeduría. Comemos unas piperáceas (en criollo, unos tallos semejantes a lentejas verdes que saben a gin tonic). En las estanterías de la selva hay ambay, para el dolor de garganta. Corteza de higuerón, cuya sabia cicatriza. Hojas de culandrillo, que las mujeres le ponen al mate para menguar los dolores de la menstruación. Hay hongos venenosos para un banquete del averno. Sólo los miramos con respeto.

Orquídeas y cascarudos

Le pregunto a Kuaray, uno de los guías que nos acompañan, cuáles son las frutas comestibles. "Guabirá, pitanga, pindó", me contesta, con la contundencia de una maldición guaraní. Nos cuentan que con el jacaratiá se hacen dulces de madera.

Es común envolverse en un burka de telas de arañas. Cuando uno logra evitarlas, se las puede contemplar como prendas de alta costura confeccionadas en talleres clandestinos. En cada tramo del camino hay un palmito, especie amenazada por la extinción. Coatí explica que de un árbol adulto se extraen apenas entre 200 y 500 gramos de este fruto riquísimo.

Mientras unos boyeros planean sobre nuestras cabezas, sobreviene la primera epifanía. Las chicas suspiran ante la primera manada de monos carayás negros, cuyos aullidos elevan el volumen de la selva. Juntos rememoran a un grupo de barítonos en discusión de paritarias y son la evidencia de que no hay fiebre amarilla en la zona. Al final de la tarde nos toparemos con una legión de monos capuchinos, que gritan cuatro octavas más arriba, como panelistas de chimentos.

En un alto del itinerario, mientras registramos orquídeas, cascarudos, huellas de ocelotes, los guías nos muestran un museo improvisado de artilugios de caza guaraní de los tiempos inmemoriales. Trampas caza chanchos, pozos sembrados de filos. Recursos para proveerse de alimento fresco cuando no había supermercados. Si uno los observa con el filtro del siglo XX, parecen gadgets de los Jemeres Rojos de Pol Pot que diezmaron Camboya en nombre del salto adelante.

En la vera del Riacho San Francisco nos montamos en unos kayaks y nos internamos aguas adentro. La crecida de los últimos días maquilló el paisaje, una zona de bosque en galería desacostumbrada a tantos metros de agua.

Nos interceptan unas mariposas chasqueadoras; un tingazú, cuya cola larga, desde lejos, parece revestida de sponsors del TC. Una hora y media de remo después, emerge el río Iguazú y, más atrás, Brasil. Propongo cruzar por unas caipirinhas. Kuaray, devoto de Yamandú, lanza una carcajada.

A la vuelta, nos esperan en los árboles un tico-tico de cabeza negra y alma de sambista y unos tucanes a los besos, cuyo romanticismo suena a tijeras chinas afiladas. En el decorado también circula un surucuá, de un amarillo tan inquietante que podría aplicar para mascota de la Bauhaus.

"La zona donde nos ubicamos es una de las eco regiones más ricas en aves del país", asegura Carlos Sandoval y Pereyra, fundador y director de Yacutinga Lodge. "Acá se concentra casi el 50 % de las especies argentinas", desmenuza. En el lobby del establecimiento nos muestra un catálogo de mariposas con el mismo arrebato con que abrazó la causa de la selva cuando se instaló hace trece años.

Después de la cena -calabacines rellenos y solomillo con verduras a la parrilla- nos queda pendiente un recorrido nocturno. A mano de un par de linternas, entramos a otro mundo de silencios y complicidades. Nos ilumina también la Vía Láctea, pero no tanto como para evitar pisar una asamblea de hormigas corrección, huéspedes que te tratan con cizaña cuando entran en los zapatos. Antes de volver al refugio, un tatú se nos adelanta, desconfiado.

A la mañana siguiente, día de retirada, por el camino nos despide un jote real, último vestigio de una fauna que siempre sorprende y no deja de expandirse. Sigo su trayectoria hacia nuevos confines cuando en la ruta hacia el aeropuerto nos para un oficial de Gendarmería. Nos avisa que hay un corte de ruta y que un piquete de productores de tabaco acampará tres horas. Bajamos de un hondazo, al fin, a nuestra propia, compleja, biodiversidad.

datos útiles

  • Yacutinga Experience: el programa de dos noches y tres días incluye pensión completa, actividades guiadas (flotada por Riacho San Francisco, foto safari, caminatas interpretativas, safari nocturno), derechos de ingreso a la Reserva Privada Yacutinga. 3575 pesos por persona en habitación single, 2720 en base doble o triple. También hay programas para familias con niños, de observación de aves o mariposas y otras propuestas.
  • Informes: reservas@yacutinga.com; www.yacutinga.com
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