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Andrés Ibarra, el soldado de Macri que cuida sus intereses en la campaña electoral de Pro

Ministro de Modernización de la ciudad, hizo carrera en el Grupo Macri, pasó por Boca y hoy integra la mesa chica del jefe de gobierno

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LA NACION
Domingo 21 de julio de 2013
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Mi ambición personal está ligada al proyecto de Mauricio. Obviamente, prefiero algunas cosas a otras..., pero quiero estar donde a él le sirva, ser parte de su proyecto", dice Andrés Ibarra casi sin levantar la voz desde la tranquilidad de su espacioso despacho del Ministerio de Modernización porteño, a doscientos metros de la jefatura de gobierno.

La frase del ministro durante una charla con LA NACION terminará siendo una pintura casi perfecta de uno de los hombres que mejor conocen a Mauricio Macri, quien sobre la base de la confianza cimentada durante más de 25 años de relación acaba de designarlo en otro espacio clave: el comité de la campaña porteña para las cruciales citas electorales de agosto y octubre, que deberían traducirse en triunfos para sostener las ambiciones presidenciales del líder de Pro.

Ibarra, que acompaña a Macri como fiel soldado desde sus comienzos como empresario y heredero del holding familiar a fines de los años 80, trabajó con su padre Franco en la polémica privatización del Correo Argentino, y volvió a asistir al hoy dirigente político como su virtual mano derecha en el tramo final de su exitosa aventura como presidente de Boca Juniors.

Se sumó a la gestión en la ciudad en distintos cargos desde el triunfo macrista en 2007, aunque el salto a la política para seguir defendiendo a su jefe desde otros ámbitos no le resultó gratuito: fue criticado por su gestión como número dos en el Ministerio de Educación por los repetidos problemas de infraestructura en las escuelas, y su nombre quedó asociado al escándalo cuando fue acusado de contratar al espía Ciro James, punto inicial de la causa por las presuntas escuchas ilegales a familiares y opositores, en la que el jefe de gobierno aún está procesado y de la que Ibarra fue sobreseído meses después de declarar ante el juez federal Norberto Oyarbide.

A los 56 años, este economista especializado en marketing y recursos humanos, de sonrisa contagiosa y una capacidad de trabajo que ni propios ni extraños discuten, sigue siendo lo que fue para Macri casi desde un inicio: "un solucionador de problemas de extrema confianza". Todo una rara avis en un partido donde las internas son pasión de multitudes y las ambiciones personales complican el armado conjunto.

De becario a gerente

Nacido en Vicente López, hijo de una familia de clase media con raíces en la localidad bonaerense de Bragado, Ibarra fue a la escuela primaria pública antes de pasar años difíciles en el Liceo Militar por mandato paterno. Las rutinas militares lo dotaron de un método paciente y racional de trabajo que le reconocen desde distintos ámbitos. A los 22 años, "y con el diario bajo el brazo", ganó la beca Socma para estudiantes avanzados de Economía y se incorporó al megagrupo empresario como analista de proyecto. "Era un mundo que me fascinaba", recuerda hoy.

Pasaron varios años hasta que Mauricio Macri lo designó gerente de control de gestión de la constructora Sideco S.A, una de las principales empresas del grupo. Su habilidad para el manejo presupuestario de megaobras viales y edificios lo llevó a ascender en la empresa. Daniel Chaín, entonces uno de sus jefes y hoy ministro de Desarrollo Urbano, lo define como "un tipo enfocado en lo que hace, analítico y eficiente para llevar a cabo un proyecto".

Ya en 1993, el Grupo Macri lo nombró director financiero y comercial de su parte en el consorcio Autopistas del Sol, donde además de controlar los recursos humanos consiguió financiación por US$ 380 millones para el proyecto tripartito del Acceso Norte y ampliación de la ruta Panamericana.

Beneficiado otra vez por la administración Menem, Franco Macri ganó en 1997 la licitación para privatizar el Correo Argentino. En los siguientes seis años, Ibarra trabajó junto al fundador del emporio como director comercial y de marketing.

En enero de 2004, el teléfono de Andrés Ibarra volvió a sonar. "Quiero que te vengas a Boca", le dijo Mauricio Macri, que ya llevaba nueve años como presidente de la entidad que lo catapultó a la carrera política. Ibarra volvió a trabajar para él, esta vez como gerente general, y sus resultados se vieron sobre todo en la venta de la "marca Boca" en el país y en el mundo. "Es metódico, disciplinado. Con él, el club aumentó sus ingresos de manera notable", afirmó Oscar Moscariello, diputado Pro y actual vicepresidente de la entidad.

Al igual que su jefe, Ibarra sigue ligado a Boca: es su actual gerente de marketing, encargado de la negociación con los sponsors del club. ¿Todas fueron rosas? "Para nada. Modificaron el estatuto para que con las firmas de Macri y la de él se pudiera aprobar casi cualquier cosa", criticó Roberto Digón, veterano dirigente peronista y opositor al macrismo boquense. Digón le endilga además a Ibarra "las negociaciones de aquel momento con la barrabrava".

Con la llegada de Macri al poder, Ibarra fue designado número 2 del ministro de Educación, Mariano Narodowski. Allí recibió críticas por el mal estado de las escuelas, realidad por la que él responsabiliza a sus antecesores, en especial a Aníbal Ibarra. "El 75 por ciento de los edificios estaban en mal estado... ¡hicimos más de mil obras!", se enfervoriza.

La designación de Ciro James en el ministerio es el otro gran tema de discusión. "Es indignante, no tenía la menor idea, era un contrato más en Educación. Después se terminó probando que lo había contratado Narodowski", dice hoy Ibarra, que también califica de "disparate" las acusaciones contra Macri y defiende a Jorge "Fino" Palacios, ex titular de la Policía Metropolitana y también involucrado en las escuchas.

Luego de "dos meses de desconfianza" con Esteban Bullrich, sucesor de Narodowski, Ibarra cumplió una corta tarea como secretario de Recursos Humanos de Hacienda en la ciudad, y en diciembre de 2011 asumió como ministro de Modernización. Por lo bajo se suman hoy las críticas por los despidos en la administración -unos 2600 a enero de 2013-y el malestar de ministros a quienes les impone fiscalizar el presentismo o la eficiencia de su propio personal. Con respuestas para casi todo, Ibarra habla de "reorientar recursos" hacia áreas sensibles y ser "más eficientes con el dinero público".

La llegada de Ibarra al nuevo ministerio alarmó a Horacio Rodríguez Larreta, poderoso jefe de gabinete y siempre aspirante a suceder a Macri en 2015. Alegró a su archirrival Gabriela Michetti, que lo calificó para esta nota como "una gran persona, de una calidad humana superior, un tipo transparente que se compromete". Él, de todos modos, dice tener "un enorme respeto profesional por Horacio" y por María Eugenia Vidal, "quien tiene capacidad de gestionar".

¿En la campaña? Compone un trío de coordinadores de actos y estrategia junto a Rodríguez Larreta y el secretario de Gobierno, Marcos Peña. "Son los ojos de Gabriela en la mesa chica", dicen los michetistas. "Se equivocan. Andrés es ciento por ciento Mauricio", contestan los larretistas.

Contento por su presente, Ibarra disfruta del tiempo libre jugando tenis y golf, y pasa horas junto a su mujer Carla, y su pequeña hija Catalina (tiene tres de un matrimonio anterior). "Es un componedor, tiende puentes. A Horacio y a Gabriela los juntó para que trabajaran en la campaña", cuenta un ministro. Con bajo perfil y lealtad absoluta a Macri, Andrés Ibarra ató su destino al de su jefe.

Quién es

Nombre y apellido:

Andrés Ibarra

Edad:

56 años

Como empresarioEs economista e ingresó como becario a Socma a los 22 años, desde donde fue ascendiendo en el Grupo Macri. Mauricio Macri lo llevó a Boca como gerente general.

Como funcionarioA partir de 2007, fue número dos del Ministerio de Educación porteño, pasó por Hacienda y hoy es ministro de Modernización.

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