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China: señales de alarma

La segunda potencia mundial, y el principal socio comercial de la mitad de los países, desacelera su crecimiento.

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LA NACION
Martes 23 de julio de 2013
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La economía niega a veces niega las leyes de la física: algo que sube, al mismo tiempo, cae. Por ejemplo, en el caso de China, el dato no es su crecimiento del 7,5% en el segundo trimestre, sino su desaceleración (creció 7,7% en el primer trimestre). China podría cerrar 2013 con el menor aumento de su producto desde 1990. Las tasas chinas ya no son lo que eran (casi 15% en 2007), y ahora el mundo asiste a la parte dramática de la comedia: el enfriamiento.

Consultados por LA NACION, los analistas que siguen la transformación china desde la década del 70 contextualizan así los datos: "No hay fin de ciclo"; "es una pausa"; "está planificado"; "la Argentina no se verá afectada, por el contrario, se beneficiará".

Pero nadie minimiza la gravedad de esta desaceleración, al tiempo que reconocen un cambio de los motores del crecimiento (de la construcción al consumo interno), y advierten que habrá ganadores y perdedores en el comercio exterior mundial.

Foto: Alejandro Álvarez

Jorge Castro, director del Instituto de Planeamiento Estratégico, sostiene que este crecimiento de tres puntos por debajo de lo registrado en los 30 años previos a la crisis de 2008 marca una tendencia de fondo, estructural. "Esta desaceleración no es cíclica", advierte.

Desde 2008, el saldo de la balanza comercial china es neutro o negativo. En lo que va del año, el superávit de cuenta corriente no aportó nada al crecimiento económico. "Esto significa que desde 2008, la demanda interna, el consumo, explica el crecimiento chino", explica Castro, al justificar "la transición" en del motor del crecimiento desde el inicio de las reformas económicas, en 1978, cuyo combustible ahora será el poder de ingreso per cápita de la población.

La autonomía de este motor da para tasas de crecimiento de entre 5,5 y 6 por ciento para los próximos años, según concuerdan el Banco Mundial y el Consejo de Estado de China. "Era insostenible el crecimiento que registraba China, con un retorno cada vez menor de la tasa de inversión. La desaceleración vino para quedarse", afirma Castro.

"Con su nueva dirigencia, China busca un equilibrio que contemple la nueva realidad socio-económica interna, que pasó de una economía industrial orientada a la exportación a una del conocimiento y la innovación con bajo impacto ambiental", apunta, a su vez, Miguel Velloso, embajador y presidente del Centro de Promoción Comercial Argentino en Shanghai entre 2000 y 2008.

Velloso proyecta dos datos claves: una clase media exigente, y el aumento de los salarios, que se triplicaron entre 2000 y 2010. "Nada hace presagiar que China deje de lado su condición de global driver. Sólo cambiará su velocidad", destaca Velloso.

Con dirigentes flexibles y dúctiles en 60 años de manejo de una economía planificada, China cumplió sus metas de desarrollo adaptándose cuando la realidad así lo demandó.

"El replanteo estratégico actual prioriza el consumo de las nuevas masas urbanas que serán los mayores demandantes globales de productos y servicios en pocos años", aseveró.

Para Gustavo Girado, director de la organización Asia & Argentina, la menor velocidad en su crecimiento ratifica el interés del Politburó del Partido Comunista por acelerar la importancia de la variable consumo como nuevo pilar en el mantenimiento de la demanda agregada en un nivel alto.

"Si bien la inversión seguirá siendo importante, se apoyará más en aquellas vinculadas con en el sector servicios, y no tanto con las relacionados a las exportaciones. Si la inversión crece menos y las exportaciones son fuertemente dependientes de socios comerciales con fuertes desequilibrios, es ahora más necesario que antes que sea el consumo la variable por estimular", indica.

"La participación de China en el PBI mundial, medida en paridad del poder adquisitivo, pasó del 7,1% en 2000 a 15% en 2012. Si en el marco de su rebalanceo económico China abandona en los próximos años las tasas de crecimiento de dos dígitos, la economía mundial deberá resignar dos o tres puntos de crecimiento tendencial", advierte Ramiro Albrieu, investigador asociado del Cedes y de la Red Mercosur.

Promoción de las exportaciones, un fuerte impulso a la inversión, y el traslado de mano de obra desde zonas rurales a zonas urbanas –los tres pilares del crecimiento chino– encontraron el límite en el "punto de inflexión Lewisiano": cuando se agota la migración interna y el modelo de salarios bajos entra en tensión, explica Albrieu.

"En ese contexto se agotarían las fuentes del crecimiento". Es por eso que China estipuló, en su 12° Plan Quinquenal, de 2011, un cambio en la estrategia de crecimiento:

En las fuentes de demanda: más participación del consumo privado y menos inversión y exportaciones.

En la estructura productiva: más servicios y productos de alto contenido tecnológico y menos industria básica.

El tema es que avanzó de forma "modesta" en estas metas, dice Albrieu: "Las tasas de ahorro siguen subiendo y el sector servicios no fue la principal fuente de crecimiento. El nuevo proteccionismo, las fuerzas recesivas globales y el sobreendeudamiento de los países de altos ingresos pueden apurar el proceso en los años venideros", confirma.

"Se descarta un aterrizaje forzoso", opone, a su turno, Diego Spannaus, jefe de Comercio Exterior del banco HSBC Argentina. "Pekín cuenta con suficiente munición debido a su fortaleza fiscal para continuar manteniendo la estabilidad en el mercado laboral y desarrollando el mercado interno", sostiene.

Impacto

Albrieu pondera un fuerte impacto en términos de volúmenes: "China es el principal socio comercial de la mitad de los países del mundo. Es difícil saber hoy si vamos camino a un colapso del comercio similar al de la década del treinta, pero el riesgo de que ello suceda no debe ser despreciado". En términos de precios también cree que habrá cambios porque se aliviarían las presiones deflacionarias sobre los mercados de industrias básicas y se reducirían las presiones de demanda en los mercados de materias primas: "Los precios relativos no jugarían tan a favor para los países que se especializan en estas últimas", destaca, tras agregar: "Pensando en América del Sur, tampoco debemos caer en el pesimismo a la Prebisch (de hecho no hay evidencia empírica de largo plazo sobre una tendencia declinante en el precio real de las materias primas), pero sí hay que prepararse para un posible cambio estructural", agrega.

Castro, en tanto, entiende que China levantará el pie del acelerador de las importaciones de materias primas. "Esto ya lo sienten los exportadores de mineral de hierro y cobre, como Brasil, Chile y Perú", destaca, al tiempo que anima a realizar "un esfuerzo de lucidez" para analizar este cambio estructural: el aumento del consumo interno alentado por los mejores ingresos de los chinos.

"En los últimos cinco años, los salarios reales de los trabajadores aumentaron un 20% anual acumulado. Hay pleno empleo urbano y, hacia 2020, unos 720 millones de chinos se consolidarán como clase media". Este segmento, asciende hoy, en todo el mundo, a 1800 millones de personas.

Este cambio consolidará la modificación dietaria y el incremento en el consumo de carne. Y sí: la Argentina, como exportador de soja y maíz (alimentos para cerdos y, cada vez más, para la acuicultura) tendrá un nuevo ciclo de "viento de cola". "En los próximos 10 años, China aumentará un 40% sus importaciones de soja. La segunda década del siglo XXI será mucho mejor para la Argentina que la primera", augura Castro.

Girado prevé cierta caída en los precios de los productos que China importa. "No dejarán de importar los volúmenes de commodities que caracterizan nuestra exportación, aunque la misma cantidad de agroalimentos puede venderse a menores precios. Ese es el desafío para nuestro país, pues de nuestro segundo socio comercial vendrían menos divisas", añade.

Por su parte, Ernesto Fernández Taboada, gerente de la Cámara Argentino China, destaca que el flujo de las inversiones extranjeras no dejan de llegar a China, "ahora para generar productos mas sofisticados y tecnológicos, lo que hace que las exportaciones sean de un mayor valor agregado", señaló.

Taboada recuerda que China vive ahora un "reajuste" producto de que 705 millones de chinos viven ahora en ciudades (el 52,5% de su población) y necesitan dinamizar la demanda doméstica. "Hacia 2025 mas del 50% de las familias urbanas chinas puedan estar dentro de la clase media alta, y esto beneficiará a países como la Argentina", proveedores de alimentos elaborados.

"Hay elementos de sobra para seguir siendo optimistas", subraya Velloso. " Si nuestro país decide asumir su condición privilegiada como proveedor de alimentos del mundo y diversifica su oferta alimentaria orientada a la demanda de la nueva clase consumidora china, y asiática, sólo es posible encarar el futuro con optimismo", indica.

China no da descansa, ni aun cuando se toma un descanso.

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