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Editorial I

El sainete de Jaime

Opinión

El ex secretario de Transporte se dio el lujo de burlarse de la Justicia durante una semana sin que las autoridades pudieran -o quisieran- hallarlo

El pedido de detención del ex secretario de TransporteRicardo Jaime, su "fuga" de una semana sin que pudieran hallarlo las fuerzas de seguridad y, finalmente, la revocación de la orden de captura y su posterior aparición pública calificándose de militante del kirchnerismo representan lo que podría parecer un lamentable sainete que excede a la módica figura de este ex funcionario y abarca también a la Justicia y, obviamente, al Gobierno.

En un primer momento, el juez federal Claudio Bonadio había ordenado su detención, el viernes 12, debido a las numerosas causas abiertas en su contra -alrededor de una veintena, aunque Jaime sostiene que sólo son siete- y tras procesarlo por presuntos sobreprecios en obras del Ferrocarril Belgrano Cargas. Jaime, además, enfrentará a partir del martes próximo un juicio oral en Córdoba por sustracción de pruebas, y ya tiene tres procesamientos y cuatro imputaciones.

También se lo investiga por enriquecimiento ilícito, pues al arribar a la secretaría en 2003, gracias al presidente Néstor Kirchner, carecía de fortuna, pero al tener que dejar la función pública en 2009, en medio de escándalos e investigaciones, contaba con varias propiedades lujosas en las ciudades de Buenos Aires, Córdoba y Carlos Paz, y se le ha atribuido también un yate.

Uno de los factores para tener en cuenta con este ex funcionario es que si bien dependía formalmente del ministro de Planificación, Julio De Vido, en realidad reportaba en forma directa a Kirchner. De ahí las fundadas sospechas que existen acerca de la protección que le brindaría el Gobierno no tanto por él, sino por temor a lo que podría llegar a declarar ante la Justicia sobre una eventual red de complicidades de alto nivel.

Esas sospechas se vieron aún más fortalecidas durante el eclipse que protagonizó Jaime tras el pedido de captura de Bonadio. Si bien es cierto que hay quienes opinan que la decisión del juez fue una exageración -luego la Cámara Federal la revocó empleando tanto términos duros como irónicos-, la verdad es que, mientras tuviera vigencia, exigía y debía ser acatada. Pero evidentemente el ex funcionario goza de un inusitado margen de maniobra, pues, por consejo de sus abogados, según dijo él posteriormente, decidió no presentarse.

Como no apareció, en Córdoba también pidieron su captura para así garantizar que, el martes próximo, pudiera iniciarse el juicio oral por el intento de destruir pruebas. Se trata de una causa derivada de la de enriquecimiento ilícito, y la defensa de Jaime ha pedido la nulidad de ese proceso.

Pero lo más sugestivo ha sido el hecho de que durante una semana ninguna fuerza policial pudiera o quisiera dar con su paradero. ¿Es posible que un gobierno que ha hecho un culto de los servicios de inteligencia y que ha privilegiado esa especialidad dentro de las Fuerzas Armadas -que tienen vedadas las tareas de espionaje interno- hasta el punto de poner al frente del Ejército al jefe de inteligencia de esa fuerza, no supiera dónde ubicar al ex secretario de Transporte?

Cuando todo pasó, Jaime reapareció el lunes pasado para afirmar que es una persona que se "ajusta a derecho" y hasta se dio el lujo de aseverar que en su caso "no corresponde" emplear la palabra "prófugo". Cuando le preguntaron si creía que el gobierno lo había abandonado, Jaime contestó que "no" y reivindicó: "Hace 30 años que soy parte de un proyecto político", dijo, refiriéndose al kirchnerismo. Al preguntársele si consideraba que el Gobierno lo había abandonado dada la cantidad inusitada de investigaciones que arrastra, contestó que "no", y agregó: "Adhiero fuertemente a este proyecto nacional como un militante más desde el llano".

No, Jaime no es un militante más ni se encuentra en el llano, como quiere hacer creer, y lo desmiente lo ocurrido desde hace una semana. Además de todo aquello que la Justicia pueda llegar a probarle cuando resuelva actuar con decisión en las causas más importantes, Jaime es el responsable directo de la destrucción de buena parte de nuestros sistemas de transporte, en particular del ferroviario, que se ha convertido en un arma mortal, como quedó demostrado con los 51 muertos que arrojó la tragedia de Once.

El sainete que parece representar es, en realidad, una tragedia sangrienta y por ello se encuentra procesado en ese expediente junto con algunos empresarios de la firma concesionaria. Por lo tanto, las demoras en los expedientes en los que está acusado y la protección de las autoridades, como la evidenciada días atrás, resultarán particularmente irritativas y siempre sujetas a sospechas..

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