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"La izquierda culta es muy conservadora respecto al arte"

Entrevista con el hombre de teatro y creador del psicodrama que acaba de estrenar Asuntos pendientes

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LA NACION
Domingo 28 de julio de 2013
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Con ochenta años, Eduardo "Tato" Pavlovsky, hombre fundamental del teatro y la cultura argentina, acaba de estrenar Asuntos pendientes . En la obra, que dirige Elvira Onetto, se aborda la idea de un crimen (social, familiar, ético) por el cual nadie paga. En perspectiva, es uno de los temas que obsesionan a este gran creador desde hace décadas. Tato también se ha convertido en un hábil constructor de un público que lo sigue con devoción. Gente que en Asuntos... es capaz de gritar su nombre en medio del aplauso final.

-¿Te habrás convertido en una especie de Mick Jagger del teatro, venerado por groupies ?

-No sé si Jagger... [se ríe]. Igual, no debe de ser casual que la Biblioteca Nacional, que es tan oficialista, me haya hecho un homenaje de la puta madre al que fue mucha gente. Es posible que a lo largo de los años haya tenido una coherencia antisistema que quedó grabada en más gente de la que yo mismo creía. Y es también posible que en los últimos años mi público también esté cada vez más compuesto por jóvenes. Yo estaba estancado en un modelo un tanto elitista, culturoso, intelectual. Sin embargo, de a poco, fui ganando a un sector más joven del teatro que entiende al mundo de otra manera. La izquierda culta que en un momento me seguía es muy conservadora respecto al arte; la gente joven, en cambio, está más allá de esas cuestiones.

Reflexiones de un teatrista que ha vivido
Reflexiones de un teatrista que ha vivido. Foto: Patricio Pidal/AFV

-¿Ese interés de los jóvenes formará parte de un fenómeno político actual?

-Diría que ideológico. Son jóvenes un tanto desorientados a los que les gusta un teatro de apertura, un teatro para discutir. Ese público es el que estuvo en el homenaje que me hicieron. Y eso, modestamente, creo que implicó algo más que respeto a mi producción. Quizá sea por mis aportes en psicodrama, o por mi participación en Teatro Abierto, o por que El señor Galíndez terminó con un bombazo, o porque Telarañas incluyó una invasión en mi casa. No lo sé... En verdad, el teatro que pude hacer siempre respondió a las ganas que tuve de subirme a un escenario, a "estar" en el escenario. Una vez, Diego Peretti me llamó para decirme que tenía una obra para los dos. Le dije que no. Yo no aguanto hacer cuatro funciones semanales y tampoco es lo que siento hacer.

Antes de convertirse en un hombre de teatro integral (actor, director, dramaturgo), Pavlovsky se recibió de médico. Antes, había sido nadador (en una pileta, de hecho, conoció a su gran amigo Norman Briski). Ahora, después de un respiro en la charla, la próxima brazada de la conversación lo lleva a ciertas aguas abiertas que lo seducen.

"Al teatro siempre lo entendí como algo contestatario en el marco de la búsqueda de nuevas subjetividades -dice este señor que desborda expresividad-. Por ejemplo, y esto aparece en Asuntos pendientes , el incesto es algo que no se discute. Sin embargo, es normal en otros sectores sociales, un producto, pongamos, de factores económicos. El problema, y eso es lo que me preocupa, es que no se haga normal en nosotros. En este país, hay 8 o 9 millones de personas que viven muy mal. Los otros podemos discutir, charlar o ver si Milani es bueno o un hijo de puta. Pero el otro sector está muy mal en algo que para mí es muy grave: la obviedad de que la vida sea así. Sobre ellos hay un aplanamiento de la protesta muy bien instrumentado y son ellos, justamente, los que aportan una buena cantidad de votos al Gobierno. En ese punto soy pesimista porque este problema no se coloca en primer plano."

Un pino, el bosque

Para. Toma un sorbo de café. Después de un silencio, retoma: "Me voy a confesar pinista . Soy amigo de «Pino» Solanas y me parece un intelectual excepcional. Es un tipo que más o menos dice siempre lo mismo".

-Hay otra parte de él en la que termina asociado con Lilita Carrió.

-¿Ves? Ahí aparece la política. Debe haber una ventaja para las dos, seguro... En fin, todos tenemos una coyuntura que debemos explicar alguna vez... Yo no [se ríe]. Siempre he estado en partidos como el MAS o el PCT. Y aprendí. Aprendí, por ejemplo, que la izquierda tiene bastante prejuicios con tipos como yo; por eso me colocaban en el puesto once en la lista de diputados, bien al fondo. Pasaron cosas graciosas, como que un día me llamara Luis Zamora preguntándome si me animaba a ser candidato a vicepresidente.

-¿Cómo siguió la tarde después de una propuesta así?

-Lo tomé como un acto desesperado de un amigo...

Tato Pavlovsky es un claro referente del teatro político latinoamericano. Paradójicamente, nunca pensó que el teatro se pudiera convertir en enemigo de la última dictadura. "Yo me fui tarde del país porque no pensaba que el teatro tuviera fuerza como para que algún ñato se ocupara de mí. Sin embargo, ¡las pelotas! En pleno 1978 me tuve que rajar."

Y se fue a España, como tantos otros. Y como tantos otros, volvió. De eso ya pasaron muchos gobiernos y muchas obras suyas de teatro. El andar ahora es distinto. De hecho, le duelen las piernas. No es metáfora: es dolor. Según su padre, ese malestar es un síntoma de la vejez.

-Parafraseando a tu espectáculo, ¿cuál es tu asunto pendiente?

-Te lo digo rápido y sin pensarlo: la muerte.

Y como tipo que maneja a la perfección los hilos de una conversación, cuenta una anécdota de cuando, en 1980, Liliana Heker decidió armar un libro sobre la muerte. Se llamó, justamente, Diálogos sobre la vida y la muerte . Uno de los convocados fue él. En el selecto grupo también estaba Roberto Fontanarrosa que dijo, según cuenta Tato, que le daba miedo hablar del tema y, así, se fue por las ramas. Otro convocado fue Jorge Luis Borges. "Cesar, cesar... ¡Qué maravilla", imita a Borges. Y se ríe con ganas. "¡Qué guachos! Los tipos no se comprometían con lo que sentían", remata.

Él, y no es cuestión de interpretar a un psiquiatra, también da sus vueltas. Al señalárselo, dice: "La muerte me produce terror. Pánico". ¿Será por eso que no quiso festejar su último cumpleaños? "Yo escribo teatro en función de obsesiones y no en función de una totalidad -continúa como si estuviera hablando de otro tema-. Hace un año y medio tuve una operación de válvula aórtica. Dicen que estuve muy jodido, yo no lo registré. O lo negué totalmente, como quieras. Empecé a escribir cosas que sentía y se fue armando esta obra. En otras palabras: fue indispensable haber escrito esta obra para poder seguir escribiendo. Hice lo que sentía. No puedo escribir de otra manera, no soy Brecht."

Tato decidió actuar cuando, en 1957, vio la puesta de Esperando a Godot, que dirigió Jorge Petraglia. "Fue la primera vez que el que expresaba lo que me angustiaba era un tipo de teatro y no un psicoanalista. La otra vez leí que unos decían que Godot era Dios, yo de ése mucho no sé. Sí sé que cuando se estrenó la obra fue un fracaso y que recién tuvo una gran repercusión cuando la dieron en la cárcel de San Quintín."

-Cuando en 1975 Petraglia repuso la obra, contó que, en el imaginario de la época, Godot era Perón. Hoy, ¿quién sería?

-Me sale hablarte de la patología de la incertidumbre: el no saber lo que viene, adónde vamos. Como esa espera nauseosa... pero algo estamos esperando. Y no es la muerte, no; es algo que esperamos socialmente.

Pequeño Tato Ilustrado

Dramaturgo, director de teatro, actor y médico psicoanalista. Nació en 1933. Entre las muchas obras que escribió se cuentan Telarañas, un alegato contra el fascismo instalado en una familia que fue prohibida por la dictadura, con montaje de Alberto Ure; Potestad, dirigida por su amigo Norman Briski ("Ahí mostré a un represor «al revés», uno que llora porque le sacaron a la hija apropiada", dice sobre la obra que Jean-Louis Trintignant protagonizó en Estados Unidos), y Pablo, que fue presentada en diversos festivales internacionales, y no fue la única, La muerte de Margarite Duras, que estrenó con dirección de Daniel Veronese, se está presentando en el Festival de Aviñón (Francia).

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