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Digna posición de Paraguay

Lunes 29 de julio de 2013
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Como una suerte de instantánea reacción a la destitución del ex presidente Fernando Lugo por parte del parlamento paraguayo, en la reunión de jefes de Estado del Mercosur, celebrada en junio del año pasado en la ciudad de Mendoza, se tomó la inusual decisión de suspender a Paraguay de esa organización. Fue una decisión adoptada en abierta violación del propio tratado constitutivo de la entidad, así como de la Convención de Viena en materia de Derecho de los Tratados.

La suspensión de Paraguay debía durar hasta que el país hermano a criterio de sus pares "regresara" a la democracia. La verdad fue muy distinta. Liderados por la Argentina y Brasil, los miembros del Mercosur aprovecharon políticamente la oportunidad para permitir el ingreso a la Venezuela de Hugo Chávez, al que Paraguay, conforme era su derecho, se oponía tenazmente, argumentando que Venezuela había extraviado y deformado profundamente la democracia. Lo que ya entonces era evidente y lo sigue siendo, vista la dudosa legitimidad que ostenta Nicolás Maduro como mandatario de su país, al no haber cumplido con la amplia auditoría que, ante las serias dudas que dejara el reciente proceso electoral venezolano, fue pedida expresamente por Unasur.

En la reciente reunión del Mercosur se decidió levantar la suspensión impuesta a Paraguay, en la suposición además de que ese país habría de correr a ocupar su sitial en el organismo. No fue así: Horacio Cartes, el presidente electo de Paraguay que asumirá su cargo el próximo 15 de agosto, contestó a través de un escueto comunicado, en el que informó que su país no asistirá a ninguna reunión del Mercosur que pueda presidir Venezuela, país al que se le ha confiado la presidencia pro témpore de la organización hasta fin de año, pese a que su ingreso no ha sido aún aprobado por Paraguay, como lo exige el propio tratado constitutivo de la organización, que requiere unanimidad para aprobar a los nuevos miembros. Esta situación fue acertadamente recordada en el comunicado, en defensa de la dignidad de su país, a todos los demás miembros del Mercosur.

Previo a la comunicación paraguaya, el canciller de Brasil, Antonio Patriota, había manifestado con arrogancia que la decisión de que la presidencia del Mercosur pasara a manos de Nicolás Maduro era de carácter "irreversible". Para Paraguay, esto supone un nuevo e injustificado maltrato. Para el cuestionado Nicolás Maduro, implica un respaldo absolutamente caprichoso, que en nada cambia su debilidad institucional congénita.

La circunstancia de que los mandatarios de la región hayan comprometido su asistencia a la asunción presidencial de Horacio Cartes, en Asunción, el 15 de agosto próximo, brinda a nuestro país la oportunidad de dar un paso al costado y ofrecer a Paraguay la presidencia por el semestre que se iniciará, a partir del 1° de enero de 2014. Sería un cambio de actitud en la política externa de los últimos ocho años, inusualmente agresiva y hasta ríspida con nuestros vecinos y, además, una suerte de tardío desagravio por lo sucedido en 2012. Quizá de esa manera se tendería un puente para salir rápidamente de una situación incómoda que sigue sumando agravios a un país hermano que ciertamente no los merece en modo alguno.

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