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Campodónico: una pasión de 20 años, vestida con 19 camisetas

El delantero jugará su temporada final en Talleres (RE), a los 39; toda una carrera de aquí para allá

Lunes 29 de julio de 2013
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LA NACION
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La bolsa de una primera marca internacional de carteras para mujer, rescatada de alguna compra de su esposa, se desfonda por el peso de las 18 camisetas de distintos equipos que contiene. Falta una prenda, la de Nueva Chicago. "La busqué por toda la casa, pero no la encontré. No creo que se enojen mucho los de Chicago porque les molestó que después jugara en All Boys". La explicación es de Mariano Campodónico, que a los 39 años, y a dos meses de que se cumplan 20 años de su debut en primera (con Banfield, en un empate 0-0 con River), sigue en carrera para ponerse la camiseta N° 19 de su carrera. Será la deTalleres de Remedios de Escalada, por el torneo de primera C que comenzará el próximo fin de semana. La variedad de prendas (15 de ellas son de equipos argentinos), por colores y diseños, alcanzarían para armar una feria americana. Por ahora son el testimonio de la trayectoria de un delantero que pone a prueba su memoria. Es capaz de recitar de corrido y en orden cronológico los 19 clubes únicos, que serían 20 si se contabilizan sus dos etapas en Belgrano de Córdoba.

Cuando se le pregunta si sabe cuál es uno de los futbolistas que lo supera en cantidad de equipos, arriesga dos nombres: primero el de Silvio Carrario (14 clubes), y después acierta con el de Adrián Czornomaz (20).

Más allá de su trashumante vida de futbolista, Campodónico siente que sus raíces están en Temperley, club en el que se formó y en el que no pudo debutar a principios de los 90 por la quiebra con cierre que sufrió el Gasolero. Se fue, empezó un largo recorrido, hasta que volvió y en los dos últimos años se sacó el gusto de jugar en Temperley.

-¿Por qué seguís jugando a los 39 años?

-Porque tengo la necesidad de jugar, por vocación, es mi pasión, sin importarme la categoría. Porque me gusta levantarme temprano, llegar dos horas antes para tomar mate con mis compañeros, entrenarme. Todavía no caí que falta muy poco para que me retire. Había dicho que dejaba el año pasado, en Temperley, el club donde empecé y del cual soy hincha. Era como que se cerraba el círculo. Pero en las vacaciones no dejaba de pensar qué iba a hacer si no jugaba más. Me sentía bien físicamente. Salió esta oportunidad de Talleres y le di para adelante, también había algunas posibilidades de equipos del interior para el Argentino A y B, pero mis hijos ya están grandes y otra vez movilizar a toda la familia era una incomodidad. Soy un enamorado del fútbol. Esta pretemporada no me costó. Un año más y ahí sí, creo que ya está. Con 40 doy las hurras. Y si no me retiro, me retiran mi señora y mis hijos.

-¿Hay una razón por la cual cambiaste tanto de club?

-No, se fue dando así. Salían ofrecimientos que me parecían mejores a los del lugar donde estaba. Muchos me marcan que no me quedé en los cuatro clubes que conseguí el ascenso a primera. A veces no compartía el proyecto del técnico; en otras, el motivo era económico, como en San Martín de Tucumán, donde querían que siguiéramos ganando casi lo mismo que en la B Nacional. No se nos quiso reconocer nada. Y surgió una mejor oferta de Cerro Porteño de Paraguay. De All Boys, después de ascender en Rosario ante Central, me fui porque tenía la obsesión de volver a Belgrano, le tengo un cariño especial. Yo era 100 por ciento hincha de Temperley. Y ahora soy 50 y 50 con Belgrano. Al menos los dos son celeste.

-Algunos pensarán que te hiciste de un buen dinero con tantas transferencias.

-Eso puede pasar en primera, pero yo me considero un jugador de ascenso, si bien tuve la suerte de estar bastante en primera. Y en el ascenso vas por el sueldo, no hay grandes primas.

-¿Y cuándo surge el apodo de Talismán?

-Después del ascenso con All Boys. En total fueron cuatro ascensos, dos con Belgrano, en cinco años.

-¿Te arrepentís de haberte ido de algún club?

-De San Martín de Tucumán. Había sido goleador, hice los dos del ascenso contra Chacarita. Pero me molestó la falta de reconocimiento económico. Pensé, voy a Cerro Porteño, un club importante, juego la Copa Libertadores. Pero la experiencia no fue buena. No me trataron bien. Ahí no debí haber ido. Debí quedarme en Tucumán por la misma plata que me pagaban.

-En septiembre se cumplen 20 años de tu debut en primera, un 0-0 entre Banfield y River. ¿Qué te acordás?

-Que me temblaban las piernas y me quedaban los botines grandes. Ese día había llovido y yo tenía botines de tapones bajos. Me prestaron unos de tapones altos a los que les tuve que poner algodón en la puntera para rellenarlos. Entré en el segundo tiempo, jugué veintipico de minutos... No... bien... Un poco de miedo de entrada, pero cuando empezás a jugar te soltás. Era el River de Passarella que venía de salir campeón. Estaban Goycochea, Hernán Díaz, Corti, Astrada, Ortega, Gallardo, Silvani, Medina Bello, Altamirano. Los retiré a todos, ja.

-¿Y qué tenés pensado para cuando te retirés?

-Me gustaría empezar un curso de manager, de coordinador general de fútbol, todo lo referente a contrataciones, pretemporada, viajes.

-¿Cómo es a estas alturas de tu carrera jugar con chicos a los que les llevás 20 años?

-Es raro y lindo al mismo tiempo. Me me gusta aconsejarlos, hablarles para que no repitan los errores que uno cometió a esa edad. Que no tengan que llegar a grande para darse cuenta de lo que hicieron mal.

-Igual, esta generación de jóvenes vive una época muy diferente a la tuya.

-Sí, el respeto a los más grandes y experimentados era otro. Yo me acuerdo que llegábamos al vestuario y le cebábamos mate a los más grandes, a Comizzo, Yaya Rossi, Cozzoni, Oscar Acosta. No metíamos un bocadillo en el vestuario. Ellos hablaban, se reían, bailaban, cantaban. Nosotros ahí, mirábamos, a veces pensábamos "estos son unos dictadores". Pero no, nos dábamos cuenta de que enseñaban, de que cuando tenían que pelear algo por vos con los dirigentes, lo hacían, de que cuando faltaba algo, lo conseguían. Ponían la cara ante los dirigentes. Nosotros les respondíamos entrenando al 100 por ciento y ayudando en lo que podíamos.

-¿Y ahora?

-Cambió todo. Antes había una escala de autoridad más definida. Ahora viene un chico de 17 años y te carga. Te dice "qué hacés viejo". Aunque sea de manera respetuosa, se atreven a hacer bromas. Antes eso era imposible, el grande te hacía echar del club. O tirarle un caño a un veterano en un entrenamiento, o picársela al arquero. Olvidate... era imposible. Te decían de todo y a la jugada siguiente te cruzaban fuerte. No sé si aquello estaba bien, pero sí que era distinto a lo actual.

-Y en cuanto a lo futbolístico, cómo es competir con o contra los más jóvenes?

-Uno lo equipara con la experiencia. Físicamente, está claro que los chicos son más rápido que uno. Pero una jugada que ellos definen en tres o cuatro toques, yo lo hago con uno o dos. Yo recibo la pelota y pienso en tres opciones para descargar. Tengo otro panorama. Con el tiempo vas cambiando la forma de jugar. Me gusta tirarme un poco atrás para sacar un defensor y crear espacios. Por ejemplo, en uno de los entrenamientos metí tres pases de gol. Quince años atrás no lo hacía. Ahora trato de jugar a uno, dos toques, rebotar la pelota y llegar a zona de definición.

En el momento de la producción fotográfica con las camisetas dentro de la cancha de Temperley, a Campodónico le suena el teléfono celular. Mira de quién es la llamada entrante y no atiende. Vuelve a sonar a los dos minutos. Es un dirigente de Formosa, quiere que vaya a jugar por el Argentino B. ¿Otro camiseta más?, se le pregunta. "No, quedate tranquilo, no va a haber otra", responde.

19

son los clubes por los que pasó desde su debut en 1994: Banfield, Platense, San Martín (SJ), Arsenal, El Porvenir, Caracas FC, Aucas (Ecuador), Deportivo Quito, Gimnasia (J), Jaguares (México), Ferro, Belgrano (dos etapas), Nueva Chicago, San Martín (T), Cerro Porteño, Aldosivi, All Boys, Temperley y Talleres (RE).

Recuerdos de una carrera

Balance y repaso, en boca de Campodónico:

Hizo 156 goles

El más lindo"Para San Martín de Tucumán, en un 2-0 a Almagro. Fue de chilena."

El más valioso"El segundo para All Boys el día del ascenso ante Rosario Central en Arroyito."

Los más tristes"Jugando para Ferro le hice dos a mi hermano, que atajaba en Sarmiento. Encima uno fue con un tiro libre en el que la pelota la metió el viento."


Ascensos

En River, inolvidable"La noche previa no pudimos dormir. Afuera tiraban bombas de estruendo, se activaron las alarmas. Estuvimos entre las 4 y las 6 sentados en el lobby, con un sueño bárbaro. Después jugamos con una bronca bárbara. Tuvimos que esperar cuatro horas para salir del Monumental. Cuando terminó el partido e íbamos para el vestuario, uno de los chicos de la inferiores recibió en la cabeza un maderazo, uno de esos listones de los asientos de la platea. Se lo firmamos todos y se lo llevó de recuerdo."

En Rosario, sorpresivo"Ganamos 3 a 0, pero podríamos haber hecho cinco. Central tenía un equipo con muchos chicos, se los veía con temor y miedo por la presión. Nadie apostaba por All Boys en esa Promoción."

2006: casi va presoRivalidad cordobesa "Con Belgrano hago el gol del empate. Festejo y desde de la tribuna de Talleres me tiran de todo, les hago así [el gesto del índice dentro del círculo que forman el índice y el pulgar de la otra mano]. La foto salió en un diario. El jefe del operativo policial era hincha de Talleres y me denunció. Me hicieron una causa y me condenaron a ocho días de prisión, a cumplir con trabajos comunitarios. Apelé. La prisión quedó en suspenso por un año; si reincidía con alguna contravención, se hacía efectiva. Me tuve que portar bien, aguantar las provocaciones en la calle."

Sus tatuajes

El 9, número que usó en su carrera, junto a las iniciales de su esposa melina e hijos felipe (12 años) y mía (7). en la pierna tiene a maradona,quien le firmó arriba de la imagen, y él luego se hizo grabar sobre el trazo de tinta de la rúbrica del 10.

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