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El escenario

La Presidenta trasladó la campaña a Nueva York

Política

Cristina Kirchner se envalentonó ayer con el repiqueteo del martillo en el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas y llevó al plano internacional el clima y el discurso de campaña electoral.

Haciendo alarde de su rol de presidenta temporaria de ese órgano de la ONU, la jefa del Estado se llevó a Nueva York una tribuna de cancilleres bolivarianos de la Unasur para que la aplaudieran, reiteró el reclamo por las islas Malvinas, lanzó dardos contra Estados Unidos por el caso de espionaje y, en un mensaje principista, pidió reformar el sistema de veto del Consejo de Seguridad.

En un gesto poco usual para un presidente, Cristina Kirchner viajó a la ONU para dar cátedra a los miembros del Consejo de Seguridad. Habló menos que en los actos del conurbano pero repartió consejos de política internacional donde mostró contradicciones de su política exterior.

Cristina Kirchner se envalentonó ayer y llevó al plano internacional el clima y el discurso de campaña

En su show con martillo en mano la Presidenta comparó a la Unasur o a la Celac, fundada por Hugo Chávez, con la ONU. "Es como comparar e igualar a un tomate con una pelota de fútbol por el simple hecho de que ambos son redondos", simplificó anoche un diplomático de larga data en el Palacio San Martín.

Con esta similitud frozada que buscó mostrar Cristina Kirchner entre la Celac y la ONU exigió que el Consejo de Seguridad elimine el sistema de veto que tienen los miembros permanentes de ese órgano para la toma de decisiones. Se trata de un esquema que funciona desde la creación misma de la ONU y que se ajusta exclusivamente al Consejo de Seguridad con una lógica de la diplomacia: eludir las extensas tertulias e impedir los fracasos en la toma de decisiones sensibles.

Pero a la Presidenta no le convence este esquema. Propuso, en cambio, un sistema de consensos al estilo Unasur. Desde la retórica idealista el discurso sonó atractivo. Pero vale la pena detenerse en, al menos, dos aclaraciones que destacaron ayer varios diplomáticos extranjeros y locales consultados por LA NACION. Con la idea de imponer un sistema de consensos en un lugar como la ONU se corre el peligro de mantener in eternum algunas decisiones de seguridad internacional que requieren tratamiento urgente. "Si nadie se pone de acuerdo y no hay consenso, esto funcionaría como un veto de todos", comentó un ex embajador que supo trajinar los pasillos de la ONU. Quizás este esquema funcione en la Celac o la Unasur, donde los lineamientos de los países bolivarianos se imponen con mayor rigidez que las propuestas del resto de los países. No se trata de la misma cantidad de miembros, ni las mismas dimensiones de debate que los que se dan en la ONU.

A su vez, en su planteo, Cristina Kirchner quizás olvidó que su propuesta va a contramano de los deseos de su mayor socio comercial: Brasil. El país vecino busca ocupar una banca de miembro permanente en el Consejo de Seguridad de la ONU para acoger con beneplácito el poder de veto. ¿Qué dirá Dilma Rousseff de esos planteos principistas de Cristina?

Cristina Kirchner quizás olvidó que su propuesta va a contramano de los deseos de su mayor socio comercial: Brasil

La Presidenta coló el reclamo argentino por las Malvinas y contradijo, así, las palabras que un día antes había planteado su embajadora en las Naciones Unidas María Perceval, quien expresó que el lugar "adecuado" para llevar la causa Malvinas era el Comité de Descolonización de la ONU y no el Consejo de Seguridad.

Pero la desautorización a la embajadora Perceval resulta anecdótica en comparación con el desplante que la Presidenta hizo al embajador británico en la ONU que no pudo hablar ante la presidenta argentina porque hacía varias horas que ya se había retirado de Nueva York. Además, la instalación del tema Malvinas en un ámbito ajeno a los debates propios de conflictos bilaterales desató malestar en otros países presentes en el Consejo de Seguridad. Gran Bretaña volvió a plantear que en la discusión de soberanía debe incluirse a los malvinenses. Pero hubo otros países que vieron en esa jugada de la Presidenta un ardid electoralista. "Fue un discurso de campaña y de tono nacionalista", expresó con claro enojo un embajador europeo.

Con el aval que le dieron los discursos de dura retórica antiimperialista que horas antes habían expuesto en la ONU los cancilleres de Bolivia, Venezuela y Ecuador, Cristina Kirchner objetó a Washington por las denuncias de espionaje de Snowden. Cristina Kirchner se cuidó en acusar directamente al gobierno de Barack Obama por las denuncias de espionaje. Aludió a la película alemana La vida de los otros para cuestionar el accionar de Estados Unidos. La miraban sorprendidos varios diplomáticos. Algunos de ellos quizás ni siquiera vieron ese film que relata la persecución de la Stassi (la policía secreta del régimen comunista) a la sociedad de la Alemania Oriental durante la guerra fría.

Quizás el discurso de ayer en la ONU no fue "de barricada", como la propia Presidenta predijo que evitaría. Pero la tribuna del Consejo de Seguridad adaptada a la política doméstica no sólo habla de un uso electoral, sino del ombliguismo con que la Argentina observa el mundo..

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