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El escenario

Massa, Berni y la indefensión

Política

Sergio Berni sabía desde el primer día que la casa de Sergio Massa había sido asaltada por un prefecto en actividad, Alcides Díaz Gorgonio. Sabía, también, que otros dos prefectos, igualmente en actividad, están prófugos. Conocía que el prefecto preso, Díaz Gorgonio, trabajaba en su secretaría en tareas de enlace con otras fuerzas. Hasta estaba al tanto de que Díaz Gorgonio había entrado varias veces al country de Tigre, donde vive Massa, días antes del asalto. A pesar de tantas certezas previas, el hombre fuerte de la seguridad nacional atribuyó el robo a la casa de Massa a prácticas "duhaldistas" del intendente de Tigre. Nadie hizo tanto como él para meter ese delito en la campaña electoral y para devaluar cualquier noción de la ausente seguridad.

La política se ha olvidado de los argentinos comunes. La discusión sobre mutuas conspiraciones desconoció el sentido de lo que la sociedad vio hasta el cansancio. La certeza de indefensión se expandió con esas imágenes de un prefecto, miembro de los servicios de seguridad del Estado, violentando una puerta, manipulando un arma con silenciador y penetrando en el interior de una casa particular para asaltarla.

Algún funcionario llegó a decir, antes de que comenzara el espectáculo de las acusaciones, que se trató de "un típico robo en un country". ¿Es ya típico y común, acaso, que prefectos, gendarmes y policías se dediquen a robar en sus horas muertas? La década kirchnerista será recordada también por el aumento exponencial de la inseguridad, a la que contribuye la conversión de una parte de los servicios de seguridad en bandas organizadas para delinquir.

Díaz Gorgonio entró a la casa de Massa y se llevó una caja de seguridad móvil, no empotrada en la pared. Fue una operación rápida y limpia. No movió ni una silla. Sólo disparó contra una cámara de seguridad en el interior de la vivienda. Este último acto es inexplicable, porque sabía que otras cámaras en el exterior de la casa lo habían filmado. Había trabajado en el country; conocía dónde estaba cada dispositivo de seguridad. Ya dentro de la casa, fue directo al lugar donde estaba la caja de seguridad de la familia Massa. Aunque conocía a la familia por su trabajo de seguridad en el country, Díaz Gorgonio no tenía esa información tan íntima. ¿Hubo alguien que entregó a los Massa? Es una hipótesis que la Justicia investiga.

Las declaraciones del propio Berni son llamativas. Dijo que tenía la certeza de que Díaz Gorgonio entró varias veces al country en los días previos a su propio asalto. Massa aseguró que nunca fue a su casa. ¿Estaba, acaso, el prefecto haciendo inteligencia dentro del barrio donde vive el principal candidato opositor al Gobierno? La esposa de Massa, Malena Galmarini, dijo ayer en declaraciones radiales que ellos no son "como Berni ni Milani, que se dedican a averiguar sobre la vida de los demás". Malena Galmarini es hija y esposa de políticos. Conoce el efecto de sus palabras. Por primera vez, nombró también al jefe del Ejército, César Milani, un experto en inteligencia, como protagonista de esta historia.

Fuentes oficiales hicieron trascender la primera noticia sobre el robo a la casa de Massa. Pero luego el Gobierno acusó a Massa de divulgar el episodio con fines electoralistas. ¿En qué quedamos? Es difícil que Massa haya tratado de esconder el hecho cuando fue su propia esposa la que hizo la denuncia ante la Justicia. El fiscal que investiga el caso les ordenó a los Massa, cuando se enteró de que estaban involucrados miembros de los servicios de seguridad, un absoluto secreto sobre el robo. La prueba de que los Massa cumplieron con la indicación judicial fue el despiste que mostró el domingo Alberto Fernández, uno de los asesores electorales más cercanos del alcalde de Tigre. "Eso no sucedió. Yo nunca supe nada", respondió públicamente ante una consulta periodística, luego de que el robo trascendiera. Poco después, lo llamó el propio Massa. "Alberto, el robo es cierto", le advirtió por primera vez. "Yo soy la prueba viviente de que Massa no le contó nada a nadie", dijo ayer Alberto Fernández.

Toda vez que se convierte a la víctima en culpable estamos ante una perversión de la lógica. La Argentina ha vivido experiencias dramáticas en ese sentido. El escándalo hubiera sido de mucha menor intensidad si Berni simplemente se hubiera puesto a disposición de la familia Massa y hubiera ordenado una inmediata depuración de una fuerza, la Prefectura Naval, que depende directamente de él. Sobresale en medio de tanto fárrago una comprobación: un intendente, que es lo que es Massa hasta ahora, no tiene poder sobre ninguna fuerza de seguridad, ni siquiera sobre la policía bonaerense que trabaja en su distrito.

Berni es, en cambio, el jefe directo de Díaz Gorgonio. ¿Es este prefecto un "puntero" de Massa, capaz de perpetrar un robo como sicario o por voluntad propia, como aseguró Berni? Díaz Gorgonio trabaja en el Ministerio de Seguridad. ¿Así son todos los colaboradores del secretario o del ministro de Seguridad? ¿Nadie evalúa en esas dependencias los antecedentes profesionales y la calidad moral de sus empleados? ¿Semejante desgobierno no sería, acaso, una explicación del desmedido auge del delito?

Es difícil establecer a qué se refirió Berni cuando habló de "prácticas duhaldistas" en la construcción de su teoría conspirativa. Pero es injusto señalar las políticas del ex presidente Eduardo Duhalde, que les dio el poder a los Kirchner, cuando el propio candidato oficialista, Martín Insaurralde, surgió del reservorio de Duhalde en Lomas de Zamora. Insaurralde subió los primeros escalones de la política de la mano de Duhalde, de la misma manera que Massa fue designado en el primer cargo importante de su vida política, director de la Anses, también por Duhalde. Ventilar papeles viejos y sesgados es la peor manera de explicar un episodio que interpela al Gobierno, según la manera más benigna de ver las cosas, sobre la eficacia y la moral de sus efectivos de seguridad.

Pero hay otra forma de acercarse al escándalo. Hace cuatro años, en 2009, cuando el entonces candidato opositor Francisco de Narváez amenazaba la candidatura de Néstor Kirchner a diputado por la provincia de Buenos Aires, el Gobierno hizo trascender que aquél estaba involucrado en un sonado caso de tráfico de efedrina. El kirchnerismo usó a un mal juez, Federico Faggionato Márquez, que citó a De Narváez en plena campaña electoral. El gobierno nacional defendió luego a Faggionato Márquez hasta último momento, pero el Consejo de la Magistratura lo destituyó poco después de las elecciones legislativas de ese año. De Narváez le había ganado a Kirchner en Buenos Aires. Analistas de opinión pública aseguraron siempre que la falsa denuncia sobre De Narváez contribuyó al triunfo de éste.

Al final de tanto desorden, las preguntas que deben hacerse son dos. ¿Quién es el jefe del prefecto Díaz Gorgonio? Depende del gobierno nacional, y su jefe directo es el secretario de Seguridad, Berni. ¿Qué hacía un efectivo de los servicios de seguridad robando en una casa? Si lo hizo por una vocación propia para delinquir es grave. Y si lo hizo porque alguien con poder se lo ordenó es peor aún..

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