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Opinión

El kirchnerismo, ante una agonía irrefutable

Política
 
 

El resultado de las PASO confirmó algunas encuestas y clarificó el nuevo mapa político del país. Ahora se sabe que el kirchnerismo empezó su agonía irrefutable . Y no será una etapa fácil la que viene.

Por un lado, las fuerzas de la oposición tendrán que trabajar el armado de un frente sólido, constante y creíble, cosa que hasta ahora no ocurre. UNEN, por ejemplo, suscita desconfianza porque no ha consolidado la idea de su presunta "unidad". Como dato elocuente basta recordar el debate entre sus candidatos, porque en lugar de apoyarse con propuestas comunes han preferido diferenciarse sobre la base de méritos personales o ciertas chicanas. No han sabido presentarse con una sola denominación en todos los distritos del país, lo cual podría haberse traducido con un porcentaje fácil de jerarquizar. La tendencia a subrayar más distancias que proximidad es una tragedia argentina. Cuesta unir y es muy fácil pelearse. Por eso la palabra UNEN suena bien. Pero no opera aún como debería operar. Es la tarea que tienen por delante. Una tarea urgente.

Pro ha triunfado en la Capital y ha extendido su presencia a varias regiones del país. Sólo enumerar las obras realizadas en poco tiempo, a pesar del sabotaje permanente del gobierno nacional, pone de relieve una gestión extraordinariamente meritoria. En su discurso, Gabriela Michetti hizo un acelerado balance, que sólo el fanatismo puede negarse a reconocer.

El otro aspecto a tener en cuenta es la reacción del oficialismo. Ya no es la gran mayoría del país. El famoso 54% que estimuló la frase "¡Vamos por todo!" dejó de existir. Cayó. El kirchnerismo se ha encogido de una forma drástica, casi grotesca. En octubre perderá la mayoría en el Senado, y el Congreso tendrá la ocasión de recuperar la dignidad y la fuerza que le arrebataron. Pero esto no significa que la Presidenta entre en razón. En el oficialismo deberá dirimirse si los años que le faltan de gobierno estarán orientados por el temperamento o por la razón. Si predomina el temperamento, la Presidenta querrá parecerse más aún a Luis XIV y atropellará derechos e instituciones sin que nada le alcance. Expropiará, avasallará, invadirá el Poder Judicial y sumará a sus actos todo lo que pueda servirle para conservar o incrementar su poder, incluso más allá de 2015. Por el contrario, si llegase a predominar la razón, entonces cambiará muchos de sus funcionarios, convocará a muchas cabezas inteligentes, pondrá en marcha el diálogo en todos los asuntos conflictivos y tratará de quedar en la historia como una presidenta que no convirtió la Argentina en tierra arrasada..

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