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Todo lo que no se vio del búnker K: del piso 17 al subsuelo

Política

Caras largas, dudas y poca militancia dominaron el centro de campaña del oficialismo; Cristina Kirchner fue la única oradora; usaron varios pisos, menos el de la "desgracia"

Por   | LA NACION

El hombre clava la mirada en alguien que reconoce entre el público, se muerde los labios, levanta las cejas y niega con la cabeza, como diciéndole en complicidad que "no la tuvo fácil". El rostro del primer candidato a senador del kirchnerismo en la Capital, Daniel Filmus, parado sobre el escenario luego de las palabras de la Presidenta, sirve de botón de muestra de cómo se vivió en el búnker oficialista la derrota en estas primarias en algunos distritos clave.

El kirchnerismo no festejó anoche como hace dos años, cuando Cristina Kirchner fue reelecta con más del 50 por ciento de los votos en todo el país. Caras largas, muchas dudas, pocos militantes y cánticos esporádicos dominaron el domingo de elecciones en el centro de campaña que se instaló en el lujoso hotel Intercontinental.

El búnker kirchnerista fue el segundo subsuelo del edificio situado en Moreno al 800, en pleno centro porteño. Allí se mezclaron, entre dos amplios salones, tantos periodistas como militantes.

Las puertas se abrieron a las 16, pero la jornada comenzó a tomar color y calor dos o tres horas después. La escena fue ampliamente dominada por los trabajadores de prensa -había 300 acreditados- y apenas un grupo reducido de seguidores de la Casa Rosada que se instalaron a un costado del salón Montserrat.

Muy pocos dirigentes y funcionarios se dejaron ver. A medida que pasaba el tiempo y se consolidaba el boca de urna desfavorable para el Frente para la Victoria en provincia de Buenos Aires y la Capital, menos eran los que se animaban a dar la cara ante las siempre insistentes cámaras de televisión. La primera fue Victoria Montenegro, nieta recuperada y candidata en la lista de Juan Cabandié, que con su presencia obligó a los periodistas a dejar las delicatesen que se dispusieron para amenizar la espera.

Con el cuidado especial del chef ejecutivo del hotel, Bertrand Eginard, se ofrecieron fiambres y quesos, escabeches, champignones y bocados dulces, además de jugos y café. Más tarde, sería el turno de ñoquis y empanadas y, de postre, ensalada de frutas.

 
 

Luego de Montenegro, sólo tomaron contacto con la prensa el secretario de Seguridad, Sergio Berni, el candidato a senador Daniel Filmus y el ministro de Trabajo, Carlos Tomada. Fueron breves y sus palabras reflejaron la incertidumbre que reinaba en el kirchnerismo. "Estamos esperando los resultados", dijo el actual legislador a poco de conocerse los primeros resultados.

Los pisos de arriba

Una situación similar ocurría en los pisos de arriba del hotel. El kirchnerismo ocupó los pisos 16, 18 y 19, donde se instaló la Presidenta, su gabinete de ministros, el gobernador Daniel Scioli y los principales candidatos, entre ellos Martín Insaurralde. ¿Y el piso 17? Un vocero se animó a dar una entendible explicación: es el número de la desgracia en la quiniela.

Hasta el momento en que Cristina Kirchner subió al escenario, se desconocía cuándo iba a ser. Y hasta no se sabía si la jefa de Estado iba a hacer uso de la palabra, a sabiendas de la derrota electoral, como auguraban las encuestas.

"Yo creo que estará esperando que salga a hablar [Sergio] Massa y después baja. Si la diferencia es mucha capaz que ella no habla y lo deja hablar a Martín [Insaurralde]", auguró un kirchnerista a este cronista.

Los minutos pasaban y la espera se estiraba. Afuera, en la entrada del hotel por Tacuarí, apenas unos 150 militantes le pusieron ritmo al aguante kirchnerista con bombos, platillos y banderas. Adentro, otro grupo de cantidad similar cantaba y coreaba los ya clásicos cánticos del repertorio kirchnerista.

Por momentos, la música que puso el DJ en los altoparlantes fue la mejor muestra del clima enrarecido que invadió el ambiente. Sonaron baladas de Babasónicos, León Gieco y hasta de Los Auténticos Decadentes con "Loco tu forma de ser".

Todo se transformó cuando la Presidenta subió a escena y se acabó la espera. La militancia y los invitados especiales -entre ellos candidatos, dirigentes y funcionarios- cantaron ser "soldados de Cristina" y aplaudieron varios pasajes de su discurso, que duró no más de media hora. A sus costados la flaqueaban Scioli, Insaurralde, Filmus, Cabandié, el vicepresidente Amado Boudou, el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina, el presidente de la Cámara de Diputados, Julián Domínguez, el ministro de Interior y Transporte, Florencio Randazzo, y la diputada Juliana Di Tullio.

La jefa de Estado agradeció a sus candidatos, felicitó a los demás partidos de la oposición sin nombrar a nadie y aseguró "redoblar la militancia" para las elecciones de octubre. Terminó sus palabras y bajó del escenario a lo "rockstar" para llenarse de un poco del calor de su gente. Arriba quedó el resto, entre los que se pudo ver a Filmus morderse el labio, levantar las cejas y negar con la cabeza. La de anoche, no fue una buena noche para el kirchnerismo..

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