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Editorial I

La inflación se acelera, el Gobierno sigue negándola

Opinión

Diversos factores, comenzando por la abultada expansión monetaria, han contribuido para que en julio pasado el costo de vida aumentara el 2,55%

Las mediciones serias de la inflación registrada durante julio, recogidas por el llamado índice Congreso, que releva información volcada por distintas consultoras privadas, dan cuenta de un aumento del 2,55 por ciento. Se trata de uno de los valores más elevados desde que se releva este índice.

Diversos factores han concurrido para que se produzca esta aceleración de los precios. Uno de ellos es que gran cantidad de bienes de consumo salieron de la lista controlada por la Secretaría de Comercio Interior. Sólo han quedado dentro de ese cerrojo alrededor de 500 productos, pero han sido muchos más los que ahora están fuera de él y que están buscando recomponer sus márgenes. Esta recomposición ha alcanzado también a los combustibles.

A estos impulsos alcistas, que eran esperables, se ha sumado en julio una abultada expansión monetaria que alcanzó a 18.200 millones de pesos, equivalente a un incremento del 5,6% del dinero en circulación. El efecto de esta diarrea monetaria seguramente ha carecido de la amortiguación que pudiera haber ofrecido una economía abierta y competitiva. La rigidez, las distorsiones y los estrangulamientos productivos, debidos al cepo cambiario y a la insuficiencia de las inversiones, no hacen más que potenciar el efecto de los excesos monetarios.

Estamos ante un proceso inflacionario de libro de texto, pero tratado a un nivel de receta de cocina. O tal vez ni eso. Todas las acciones instrumentadas por el secretario Guillermo Moreno no sólo no resuelven el problema, sino que lo agravan. Ahuyentan la inversión y ponen trabas a la importación de insumos y consecuentemente a la producción. O sea que reducen la oferta de bienes. Por otro lado, el dispendio en el gasto público y las medidas de aliento al consumo impulsan la demanda. De todo esto no se puede esperar otro efecto que el aumento de los precios. El intento de controlarlos, mediante amenazas, llamadas telefónicas y jóvenes de La Cámpora en los supermercados, se demuestra tan infructuoso y perjudicial como lo han sido históricamente todos los controles de precios.

Si bien las tasas de interés pagadas por los depósitos en pesos han aumentado, siguen manteniéndose por debajo de la inflación. Ésta ha sido y es la intención explícita de las autoridades monetarias, sujetas a privilegiar el nivel de actividad económica en detrimento del valor de la moneda. La modificación de la Carta Orgánica del Banco Central siguió ese rumbo respondiendo a una ideología que desconsidera la estabilidad monetaria como un concepto "neoliberal". Esto está en el esquema conceptual del viceministro de Economía, Axel Kicillof, y de la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont. Los errores finalmente se pagan. El nivel de actividad está apenas sostenido por el aumento de la industria automotriz, que produce un bien que protege de la inflación, pero ésta sube a escalones más altos. Mientras las tasas de interés no permitan preservar el valor real del ahorro, la gente gastará más de lo necesario en los bienes durables.

Hay otro elemento de mayor riesgo tras la aceleración de la inflación que no es fácilmente perceptible para el observador común. Se trata del fenómeno conocido como "huida del dinero". Cuando la gente percibe que los pesos que retiene en efectivo o en el banco se desvalorizan cada vez más rápidamente, se desprende también más rápidamente de ellos. Aumenta la velocidad de circulación o de rotación de la masa monetaria. El efecto es igual al de la emisión de dinero y, por lo tanto, autoalimenta la propia inflación. Éste es el proceso que ha explicado las hiperinflaciones en diversos países y que caracterizó la de la Argentina en 1989. En junio de aquel año, la masa del circulante más los depósitos a la vista (conocido como M2) rotaba íntegramente cada 4,5 días, mientras que en economías estables lo hace en el entorno de cada 150-180 días. De acuerdo con mediciones de la Fundación Libertad y Progreso, en mayo de 2013, en nuestro país el M2 estaba rotando cada 39 días, mientras que un año antes lo hacía cada 48 días.

Todavía se está lejos de los extremos que hemos conocido, pero la tendencia y el alto índice de precios de julio obligan a poner la mayor atención en la cuestión de la inflación, un perverso impuesto que siempre castiga a todos, pero aún más a los sectores más desprotegidos de la sociedad..

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