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Lo malo de sentarse sobre los votos

Opinión

Con las bayonetas se pueden hacer muchas cosas, decía Talleyrand, excepto sentarse sobre ellas. La presidenta Cristina Kirchner, en los dos discursos que pronunció después de la derrota electoral del domingo pasado, decidió correr otro tipo de riesgo: sentarse sobre el 54 por ciento de los votos que permitieron su reelección en 2011. Fue desde ese pedestal que disparó críticas, descalificaciones y una furia inusual contra empresarios, banqueros, políticos, periodistas y ciudadanos; el pecado de estos últimos, es bueno recordarlo, fue no apoyar en las urnas la continuidad del Frente para la Victoria.

Consecuente con la tradición de no reconocer errores, propios o del Gobierno, la Presidenta descendió al lenguaje discriminatorio y a los peores modos de la democracia para señalar a conspiradores y a enemigos como los únicos responsables de los cuatro millones de votos que abandonaron el kirchnerismo. Poco importa que un aliado histórico como el intendente Mario Ishii, con palabras nada cuidadas pero eficaces, dijera "nos cagaron a palos," al referirse a los comicios en la provincia de Buenos Aires, el distrito electoral más importante del país. O que el gremialista Omar Viviani le retrucara a la Casa Rosada aconsejando "no se hagan los salames".

El síndrome de negación que padece o que actúa la Presidenta le permitirá seguir afirmando en cadena nacional que aquí no ha pasado nada

El síndrome de negación que padece o que actúa la Presidenta le permitirá seguir afirmando en cadena nacional que aquí no ha pasado nada. Saludar una derrota como un triunfo no es más grave que ocultar la inflación durante años, simular que el control de precios es un éxito o afirmar que en la Casa Rosada se puede comer por tres pesos.

El capital del 54% que exhibió durante su mandato como fuente de toda razón y justicia, sin embargo, corre el riesgo de esmerilarse en el escenario creado por las primarias abiertas simultáneas y obligatorias.

En primer lugar, porque la experiencia de las PASO resultó un bumerán: impulsada por el Gobierno con el objetivo de democratizar el proceso electoral terminó, en los hechos, exponiendo el descontento social de amplios sectores de la sociedad y la fuga de millones de votos del kirchnerismo. Fue un golpe por partida doble porque su eco impactará en las elecciones de octubre.

Otro efecto negativo es la evidencia de la controversia que se ha abierto en la propia tropa, entre quienes apoyan la continuidad del modelo.

La primera expresión de esa divergencia fueron los comunicados de Carta Abierta y de La Cámpora, escritos pocas horas después de los comicios. El primero sugiere una reflexión, desensillar hasta que aclare para comprender lo que dijeron las urnas. La Cámpora, en cambio, fue fiel a su naturaleza. Criticó "el obsceno triunfalismo" de quienes resultaron ganadores, negó el comienzo del poskirchnerismo y lamentó que "la aristocracia vuelva a brindar con champagne antes de tiempo". En pocas palabras, ni un paso atrás.

Otro efecto negativo es la evidencia de la controversia que se ha abierto en la propia tropa, entre quienes apoyan la continuidad del modelo

En un país que pierde 35.000 dólares de reservas por minuto, con cepo cambiario, Cedines que nadie acepta, crisis de energía y Guillermo Moreno como piloto de tormentas de la economía, el Gobierno debe resolver otra prioridad: cómo neutralizar la rebelión de los intendentes, que podrían desatender a los candidatos nacionales para ocuparse del pago chico poniendo todas las fichas en su distrito.

Caída la reelección, el mapa político nacional es un hormiguero a cielo abierto en el que todo es posible, hasta la eternamente postergada ambición de Daniel Scioli.

Faltan 845 días para que Cristina Kirchner deje el poder. Puede ser una eternidad para una mujer con más ambiciones que convicciones. Una presidenta que se imaginó protagonista de un histórico tercer mandato, que rechaza las opiniones para no dejar de ser ella misma, que en la derrota no ha dado ninguna señal de cambio y que no vive un solo día sin sentirse blanco de un complot. Insistirá en lo de siempre a la espera de otros resultados. Pero se ve el 10 de diciembre de 2015 entregando la banda..

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