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¿Por qué la mirada de un niño muestra al mundo de una forma más espontánea? De Pasquitán al Impenetrable, en el trabajo del fotográfo de Unicef Giacomo Pirozzi están las respuestas

Por   | LA NACION

Dar voz a los más vulnerables, eso es lo que hacemos", dice Giacomo Pirozzi, el fotógrafo y sociólogo italiano que trabaja para Unicef desde hace más de 23 años. Sin saber mucho acerca de África, Pirozzi aceptó un cargo en esta organización, armó la valija y marchó rumbo al continente que cambió su vida para siempre. "Los medios suelen centrarse en lo negativo, en mostrar imágenes extremas del niño o de la madre, desnutridos o a punto de morir -analiza Pirozzi en una reciente visita a la Argentina-. Siempre intenté correrme de ese lugar y darles identidad y voces a las mujeres y niños que viven en circunstancias muy difíciles, pero desde una imagen positiva. Hay niños que sobreviven, hay niños que pueden estar mejor."

La historia de vida de su mamá impulsó a Giacomo a trabajar en este terreno. "Ella tuvo una vida muy dura -explica-. Durante la Segunda Guerra Mundial perdió a sus padres y creció en un orfanato. Siempre fue muy inspiradora para mí. Mi madre y su hermana se reencontraron muchos años después. Trabajé y he visto a niños que crecieron en institutos, lejos de sus familias, con sus soledades. Los orfanatos son lugares muy duros y tristes. Conocí a muchos chicos que sufrieron el abandono. La historia de mi madre me ha tocado en lo más profundo."

¿Ser sociólogo marcó una diferencia en su trabajo?

Definitivamente, es la base de mi trabajo. Me permitió mirar y conocer realidades y culturas bien diferentes. La fotografía se transformó en el camino, en la forma de contar y documentar.

Un llamado de atención, eso es lo que intenta provocar a través de sus fotos, como lo ha hecho en uno de sus más recientes libros, Un viaje con niños, en el que expone historias de chicos que viven y trabajan en las calles de Filipinas. "Busco mostrar la complejidad de los problemas que los rodean sin caer sólo en el sufrimiento. Intento descubrir las sonrisas, las miradas que reflejan esperanzas, a pesar de lo que les toca vivir."

¿Por qué prefiere trabajar con chicos?

Cuando uno toma la fotografía de un niño o de una niña puede ver el mundo de una manera más espontánea, captar su forma de mirar. Los adultos, en cambio, tienen una actitud más actuada si se quiere. Los chicos se muestran como son, con cierta autenticidad. Además, muchas veces se piensa que los niños deben olvidar y seguir adelante rápidamente, pero al igual que los mayores necesitan tiempo para procesar lo que les ha pasado. Por lo general, después de un desastre, intentan mantenerlos ocupados, distraerlos, cuando lo importante es poder alentarlos a hablar, a compartir sus historias.

Con la fotografía "los niños pueden ser liberados", reconoce Giacomo y este el espíritu de Eye See (los talleres de fotografía de Unicef que cuenta con el apoyo de Sony) con el que recorre el mundo y con el que llegó a la Argentina, precisamente al Impenetrable chaqueño, donde trabajó junto a 17 chicos wichis de entre 10 y 18 años. La mayoría vive en el monte con sus familias y estudian en la Fundación Valdocco, un complejo en el Impenetrable que cuenta con una escuela primaria y un secundario bilingüe (wichi-español). "Muchos de los chicos nunca habían tenido una cámara en sus manos, sólo uno había tomado alguna con el celular -comenta Pirozzi-. Son muy tímidos, prácticamente no hablaban, pero todo lo dijeron con las imágenes. Fue mágico."

 
 
¿Qué herramientas reciben durante el taller?

Les doy una clase de fotografía. Soy bastante estricto con eso, no es que les damos las cámaras y listo. Les damos consejos básicos sobre la composición, el uso de la luz, los ángulos. También les mostramos imágenes de chicos de otras partes del mundo para que tomen contacto con otras realidades. Uno nunca deja de sorprenderse por el deseo, las ganas que tienen de aprender. Mi sueño es que ellos encuentren en la fotografía un medio para expresarse. Por eso decimos que el objetivo final de Eye See es el de dar voz a los niños y compartir esa voz con el mundo.

¿Qué fue lo que más fotografiaron los chicos del Impenetrable chaqueño?

La naturaleza que los acompaña día a día, los árboles, los animales que son parte de sus leyendas. La burra Flika, la mascota del lugar, fue la más buscada. También hicieron retratos de sus familias, de sus amigos.

La masacre en la escuela rusa, en Beslan (3 de septiembre de 2004), donde los separatistas chechenos irrumpieron en la institución y mataron a muchos de los rehenes, se convirtió en el motor del taller que lleva adelante Pirozzi. Cuando Unicef envió al fotógrafo italiano para documentar a los niños heridos, se dio cuenta de que podía hacerse más. En noviembre de ese año volvió y llevó adelante su propio proyecto. "Gracias a la cámara, los niños fueron capaces de volver a la escuela, abrirse y hablar sobre su experiencia. La fotografía fue terapéutica. Ellos fueron capaces de contar su historia."

Esta masacre impulsó a Pirozzi a poner énfasis en este tipo de trabajos. Y así fue como en octubre de 2005 se desarrolló el primer taller Eye See, en Paquistán, luego de un terremoto que asoló al país. Los chicos tomaron las cámaras y documentaron cómo era su vida en los campos de refugiados. A partir de esa experiencia, la iniciativa ya lleva recorridos 30 países.

¿Mantiene contacto con los niños que conoce?

Sí. Intento mantenerlo por e-mail o través de Facebook. Un niño de Uzbekistán está estudiando fotografía. Otro de Palestina va a ser fotógrafo de una revista.

Pirozzi vive en la Toscana, esa hermosa región italiana. "Es bellísimo, pero son muy pocas las veces que estoy ahí."

No tiene hijos naturales, pero sí muchos otros "nacidos de los talleres, repartidos por el mundo".

Lo que ellos vieron

Ansiosos por mostrar aquello que aman, los chicos wichis que participaron del taller de Unicef retrataron con sus cámaras su entorno en el monte chaqueño

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    Foto: Giacomo Pirozzi / Unicef Argentina
     
    Conceptual. Carlos Marcos (14) trabajó sobre la base de la fotografía: luz, encuadre, detalles.
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    Foto: Giacomo Pirozzi / Unicef Argentina
     
    El Algarrobo. Cristián García (18) rinde tributo a la especie que más crece en el monte. Los chicos la eligieron como mejor foto.
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    Foto: Giacomo Pirozzi / Unicef Argentina
     
    Lo que me rodea. Mónica Anriquez (10) recrea el contacto y el amor por la naturaleza; de pequeños aprenden cada detalle
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    Foto: Giacomo Pirozzi / Unicef Argentina
     
    Vida cotidiana. Juana Andrada (12) salió con su cámara a recorrer el pueblo para mostrar el día a día; acá, en la escuela
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    Foto: Giacomo Pirozzi / Unicef Argentina
     
    Cama matrimonial. Fabiola Pérez (13) eligió retratar a sus padres en la casa de material, con vigas de madera y techo de paja
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    Foto: Giacomo Pirozzi / Unicef Argentina
     
    Ollas humeantes. Nelson Andrada (11) buscó la cocina del comedor de la fundación donde se alimentan más de 400 personas
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    Foto: Giacomo Pirozzi / Unicef Argentina
     
    Una mirada, un reflejo. Diego Andrada (12) se centró en los ojos de la niña; las pupilas descubren al mismo autor
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    Foto: Giacomo Pirozzi / Unicef Argentina
     
    Animales de corral. Cristina Marta Díaz (12) muestra el chanchito que alimentan y cuidan los chicos de la escuela

Fotos: gentileza Giacomo Pirozzi /UNICEF Argentina
Más datos:www.unicef.org/argentina.

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