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Un festival literario en Buenos Aires, que crece y se renueva

Opinión
 
 

¿Para qué sirve un festival internacional de literatura? Parece una pregunta sencilla, pero no lo es tanto: si en un festival de cine se proyectan películas, en uno de teatro se representan obras, en uno de danza se montan piezas de baile (y así.), ¿qué es lo propio de un festival literario? ¿Que los escritores hagan turismo en ciudades extranjeras, que asistan impávidos a la lectura de sus textos en otro idioma, que conozcan a sus colegas y editores de otros países, que respondan a las mismas preguntas que podrían haber contestado por mail o por teléfono en cualquier entrevista, pero frente al público de un auditorio? Hay algo un poco incómodo y misterioso en este tipo de encuentros, siendo la escritura y la lectura dos actividades indelegables que suelen practicarse en soledad. Y sin embargo los festivales literarios existen, y casi todas las ciudades importantes tienen el propio. De este lado del mundo no funcionan las excepciones, y a prudente distancia de la Feria del Libro, cuando el fin de año comienza, un grupo de voluntariosos organiza el Festival Internacional de Literatura de Buenos Aires (Filba). Lo primero que habría que decir es que ellos, al menos, saben por qué lo hacen. Y cuando les preguntan, como en la mañana del martes pasado en la librería Eterna Cadencia, durante la presentación de la quinta edición del Filba, responden con atinada modestia: "para poner a circular la literatura".

El Filba es un festival literario nacido en 2008, que se salteó el 2009 y desde entonces se realiza una vez al año, entre septiembre y octubre. Nació tímido y algo conservador, pero con los años fue cobrando definición. Aquella primera edición las actividades fueron pagas, error que no volvió a cometerse: ahora todas son libres y gratuitas. Y si las primeras veces la programación pecó de extensa, abarcativa y heterogénea (al pretender seducir a un público masivo y no necesariamente iniciado), con el tiempo fue especializándose y haciéndose, valga la redundancia, más literaria. La propia organización del festival tuvo una muy buena iniciativa: convocar cada año a un consejo asesor renovable, que pueda aportar otro tipo de ideas, lo que redundó en una mayor pluralidad (este año participaron María Moreno, Damián Tabarovsky y Guillermo Piro). Así se llegó, en 2013, a la que probablemente sea la grilla de actividades más ajustada e interesante de la corta vida del festival, que tendrá lugar entre el 25 de septiembre y el 2 de octubre, en dos ciudades: comienza en Buenos Aires y continúa en Santiago de Chile.

Hay algo un poco incómodo y misterioso en este tipo de encuentros, siendo la escritura y la lectura dos actividades indelegables que suelen practicarse en soledad

Este año habrá menos invitados consagrados por el siempre dudoso sistema de premios internacionales, y unos cuantos escritores importantes. Entre ellos, al menos cuatro de primera línea: el estadounidense Tobías Wolff (el tercer integrante, junto a Richard Ford y Raymond Carver, del célebre trío del realismo sucio americano), el inglés Simon Reynolds (uno de los críticos de rock y cultura popular más importante de todos los tiempos), y los singularísimos Sergio Sant'Anna (Brasil) y Pedro Lemebel (Chile). La apertura estará a cargo de la escritora y crítica literaria argentina Sylvia Molloy, y el país homenajeado será Colombia. Más allá de los diálogos y las entrevistas públicas, hay algunos encuentros que se destacan por su formato, y que pueden ser los que más huella dejen en el público local. El miércoles 25 de septiembre a las once de la mañana, Wolff ofrecerá una Clase Magistral en el Malba; el jueves 26 y a la misma hora, Reynolds dará el taller "El arte de la crítica" en el Museo de la Lengua de la Biblioteca Nacional; y a las nueve y media de la noche del mismo jueves Lemebel, nuevamente en el Malba, improvisará una de sus características performances.

Pocos días después, el festival habrá llegado a su fin y las elecciones legislativas fatigarán nuevamente la atención de la gente. No habrá pasado nada terrible, como la mayoría de las veces, y todo volverá a acomodarse a la entropía cotidiana. Pero unas pocas personas habrán anotado alguna idea perdida, y otras tantas habrán comprado libros y hasta los habrán leído bien, instalando, en el mejor de los casos, un nuevo pensamiento (una nueva belleza) en el mundo. La literatura seguirá haciéndose en otros lados, prescindente de cualquier manifestación pública. Pero habrá circulado. Ni más ni menos que eso..

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