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La sabiduría de una dama escocesa

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LA NACION
Viernes 23 de agosto de 2013
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El perímetro de la isla semeja la silueta de un cuerpo humano en la escena del crimen. La isla es antropomorfa y los accidentes de su geografía, hecha de cinco penínsulas que hienden el mar y una meseta a modo de plexo solar, llevan los nombres de la anatomía (Rodilla Norte, Pierna Oeste, Cabeza, Brazo Sur). Estamos en Robinson, pequeña isla cercana a las Azores, propiedad de su único habitante, que la bautizó con su apellido. Literalmente caídos del cielo como consecuencia de un accidente aéreo, una mujer y dos hombres, desconocidos entre sí y compañeros circunstanciales en el malogrado vuelo, serán huéspedes involuntarios de Robinson en su misterioso territorio. Comienza la acción

Mucho antes de que la serie Lost cautivara a miles de televidentes con las peripecias cuasi oníricas de un grupo de sobrevivientes del estallido de un avión, la genial escritora británica Muriel Spark (1918-2006) creó su propia versión de los paraísos siniestros en Robinson , novela de 1958 que La Bestia Equilátera, en su tarea de rescate de la obra de Spark, publicó este año.

El libro destila la agudeza brillante de la escritora, la ironía risueña con que tamiza los clisés más o menos sexistas de aquellos años. Y en sus acotaciones digresivas resulta un compendio de sabiduría femenina con el sello de una época. Así, frente al arrebato que January Marlowe -protagonista y narradora de la novela, y única mujer en la isla- experimenta al contemplar la luna llena como nunca antes en la ciudad, Spark pone en boca de su personaje: "Dicen que la mentalidad pagana se puede imponer en las mujeres en cualquier momento, más aún en una isla y sobre todo en una isla como aquella". Y cuando January se presenta diciendo: "Soy viuda y periodista", Robinson replica: "Son dos condiciones de vida que requieren inventiva".

Luego desliza un consejo práctico: "He descubierto que, cuando una viaja sola por el extranjero, es prudente y también discreto dejarse acompañar durante el viaje por un hombre bien elegido. De lo contrario, una se ve acosada por muchos cargosos por el camino. Una tiene que saber discernir, por supuesto, pero es algo que se aprende con la experiencia: cómo detectar la clase de hombre que no va a presionarnos para lograr ningún compromiso futuro".

Por último, muestra la piedra de toque para distinguir entre lo que debían ser dos tipos diferenciados de mujer: la sensible y la intelectual . Jimmie Waterford, uno de los tres varones adultos que comparten la isla, refiere a January un cuento disparatado acerca de su familia. Ella lo toma como un gesto de cortejo: "Tal vez creyera que tengo debilidad por las historias y que prefiero que me regalen una buena antes que un ramo de flores". Flores y buenas historias no parecen hoy armas de seducción excluyentes. ¿O acaso lo sean?

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