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Arte con voz propia

La muestra inaugurada ayer se centra en los cambios producidos en su obra desde 1960 hasta su muerte, en 1974, en una búsqueda de libertad respecto de las enseñanzas constructivas de su maestro, Joaquín Torres García

Viernes 23 de agosto de 2013
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LA NACION
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El pescado, el vino y el reloj, que marca la una y veinte. De un sábado 5, dice el calendario. Y también, entre otras cosas que se ven sobre la mesa, un ejemplar del diario La Razón. "Para Lola y Jorge este recuerdo... que trata de cantar la música de la canción silenciosa", escribió José Gurvich sobre la obra, dedicada a los amigos que lo alojaron en Buenos Aires.

Era 1960. El artista nacido en Lituania había llegado desde Montevideo a esta ciudad con su flamante esposa, Julia Helena Añorga ("Totó"). Y aunque no logró exhibir en las galerías Kramer y Bonino las trece tablas que pintó durante el viaje –una de las cuales integra hoy la colección de Malba–, inició otra travesía que lo llevaría mucho más lejos.

José Gurvich. Cruzando fronteras, la muestra inaugurada ayer en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Mamba) con obras provenientes de Uruguay, Bélgica y Estados Unidos, refleja ese pasaje hacia una poética propia. Una búsqueda de libertad respecto de las enseñanzas de su maestro, Joaquín Torres García.

Las maderas que pintó en Buenos Aires representan "una de las fisuras" que se fueron produciendo hasta llegar al quiebre de la rígida grilla constructiva, asegura Cristina Rossi, curadora de la exposición. Su relato se inspiró en la siguiente cita de Gurvich: "He roto casi todas las reglas aprendidas, para encontrar un espacio infinito y libre".

Desde 1944, cuando realizó su primera exposición en Buenos Aires –que provocó el rechazo de la figuración dominante en la época–, hasta la muerte de Torres García, cinco años después, Gurvich se expresó mediante la geometría y los símbolos, apelando a la sección áurea y a la estructura ortogonal para buscar proporción y unidad en la obra. Pero algo comenzó a transformarse a mediados de la década de 1950, cuando realizó su primer viaje a Europa y vivió en el kibutz Ramot Menashé. El impacto de la vida igualitaria en la comunidad judía no tardó en reflejarse en sus pinturas, que perdieron la cuadrícula de sostén: "Para mí –escribió– no hay en la tela puntos más importantes que otros, no hay jerarquías".

El camino de la intuición

Si bien en 1960 Gurvich firmó varias de las tablas porteñas con las siglas TTG (en referencia al Taller Torres García, que cerraría dos años después y donde fue docente), comenzó a integrar a su trabajo una serie de cambios –sombras proyectadas por cartones, iluminaciones puntuales– hasta que, según Rossi, "estalló la cuadrícula y el símbolo liberado impuso una lógica acumulativa. Comenzó así un camino donde dominó lo intuitivo".

En ese camino aparecieron figuras humanas, nuevos colores y ritmos, esculturas en cerámica, imágenes antropomorfas –como el "hombre cósmico"– e incluso seres extraterrestres. Los astronautas, obra realizada en 1968 e inspirada en sus lecturas de Ray Bradbury, se aproxima a la estética de Xul Solar (ver nota de tapa). Su búsqueda mística, similar a la del artista argentino, lo había llevado poco antes a pintar Jánuca, óleo sobre madera en el que se distingue un relato superpuesto sobre la imagen central, a modo de palimpsesto.

El legado del maestro, sin embargo, se mantuvo. Hasta su muerte, en 1974, el lenguaje personal de Gurvich conservó una fuerte influencia de la corriente creada por Torres García, centrada en los aspectos metafísicos del arte. Según Rossi, sus figuras humanas "remiten a la concepción torresgarciana del Hombre Universal, abstracto, que permitía recuperar la armonía cósmica y debía dominar al individuo". Por otra parte, los paisajes que realizó en Nueva York, donde se radicó en 1970, parecen reelaborar las vistas que su mentor había pintado cincuenta años antes.

"Los cuadernos de Nueva York de Torres y los de Gurvich se complementan de manera fascinante –escribe el historiador Edward Sullivan en el extenso catálogo de la muestra–; tienen muchos puntos de convergencia visual a pesar de que las imágenes de Torres reflejan una ciudad en una época próspera, previa a la Gran Depresión, mientras que las de Gurvich datan de un momento de desesperación y ruina financiera en Nueva York."

José y su familia vivían en el Lower East Side, una zona bohemia y peligrosa, cerca de sus amigos Horacio y Cecilia de Torres (hijo y nuera de Torres García). Martín Gurvich, director del museo dedicado a la obra de su padre en Montevideo, recuerda que el artista se vio obligado a trabajar en una fábrica donde se creaban cuadros para hoteles y oficinas. Pero sus principios fueron más fuertes: en lugar de acceder a pintar en forma masiva, pidió que lo destinaran al sector de embalaje.

En su obra, esta última etapa estuvo marcada por la energía incomparable de Nueva York, una de las principales capitales del arte mundial. Mientras Leo Castelli expandía su célebre galería hacia el SoHo, barrio que concentraba el arte emergente, Gurvich hacía largas caminatas y probaba nuevas técnicas y materiales: realizaba ensamblajes, collages, esculturas y proyectos para monumentos.

Un ataque al corazón, a los 47 años, impidió que se concretara meses después una retrospectiva en el prestigioso Jewish Museum. "Murió cuando se le estaba abriendo el horizonte en Manhattan", observa Martín, que entonces tenía once años y heredó un impresionante parecido con su padre.

El artista, de todos modos, ya había cumplido su sueño: "Para encontrar la vida –observó– tuve que lanzarme a un espacio libre, con la única esperanza de que en el fondo encontrara mi propia voz".

Adn gurvich

Lituania, 1927-Nueva York, 1974Discípulo de Joaquín Torres García, fue uno de los principales referentes del Universalismo Constructivo. Nacido como Zusmanas Gurvicius, se radicó en Uruguay cuando tenía cuatro años. Su padre Jacobo, huyendo de la persecución a los judíos de Europa del Este, había sacado pasaje para viajar a Buenos Aires; al hacer escala en Montevideo, decidió instalarse en la ciudad que hoy aloja el Museo Gurvich. Vivió en Nueva York los últimos cuatro años de su vida, durante los cuales realizó sus obras más experimentales.

FichaJosé Gurvich. Cruzando fronteras en el Museo de Arte Moderno de Buenos Aires (Av. San Juan 350), hasta el 6 de octubre. Hoy a las 17: "A propósito de Gurvich", coloquio coordinado por Cristina Rossi, con Gabriel Peluffo Linari, Pablo Thiago Rocca y Edward Sullivan.

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