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Perú: una pausa en el rumbo de éxito

Opinión
 
 

La dinámica economía de Perú acumula ya 11 años de crecimiento continuo, a una notable tasa anual promedio del 6,5%. Además, acaba de recibir de Standard & Poor's la segunda mejor calificación crediticia de toda América latina. Por encima de Brasil y de México, y en las antípodas de la Argentina.

El motor principal de ese notable ritmo de crecimiento -como también ocurre en Chile- es claramente la iniciativa privada, que representa más del 80% de la inversión total y equivale a casi un quinto de su PBI. Los resultados son excelentes y destacables: la preocupante franja social donde está instalada la pobreza se ha reducido significativamente. Del 59% en 2004, al 26% en 2012.

No obstante, en lo que va de este año, con la desaceleración de las compras chinas de minerales peruanos, el crecimiento del país andino se estima estará, más bien, entre un 4,5% y un 5,5%.

Perú no ha perdido, para nada, la confianza en su propio futuro. Ni, menos aún, ha extraviado el rumbo

Ocurre que las exportaciones peruanas se han contraído, un 12,5%. Perú, recordemos, es el tercer mayor productor mundial de cobre y plata y el sexto mayor productor de oro. Estas exportaciones han caído poco en volumen, pero bastante en precios.

Con un interesante superávit fiscal, reservas sólidas -del orden de los 70.000 millones de dólares (de las cuales 50 mil millones corresponden a la posición de cambio y unos 8 mil millones al Fondo de Estabilización Fiscal)- y una deuda externa baja, Perú no ha perdido, para nada, la confianza en su propio futuro. Ni, menos aún, ha extraviado el rumbo.

No está tampoco, cabe destacar, cayendo en la tentación de sancionar -con intenciones populistas- políticas públicas que interfieran con las decisiones de producción y consumo, distorsionando caprichosamente la asignación de los recursos. Pese a que el nuevo sol registre una caída del 10,5% en lo que va del año, hasta ahora moderada por intervenciones oportunas de la autoridad monetaria.

Por otra parte, Perú sigue apareciendo -junto con Paraguay y Colombia- como uno de los tres países de la región con mejor "clima de negocios", ciertamente en el referido contexto de desaceleración relativa, que -me parece- puede haber sido dramatizado en exceso.

De allí que, pese a todo, aún exista en los mercados una visión optimista respecto de las perspectivas económicas peruanas de corto y mediano plazo.

Pese a ello, la imagen del presidente Ollanta Humala está en descenso. Del 54% de aprobación que registrara en el mes de febrero pasado, hoy ha pasado a apenas el 29% de aprobación. Lo que es bien distinto. Cabe recordar que algo similar les ocurrió a los ex presidentes Alejandro Toledo y Alan García, al final de sus respectivos mandatos.

Las razones de esa notoria caída de popularidad tienen que ver con una credibilidad debilitada de Humala por la creciente sensación de inseguridad personal, por la ola de corrupción política que no termina, por una cada vez más incómoda percepción de infiltración del narcotráfico en el Estado y en sus instituciones,-incluyendo al propio Congreso-, por las ambiciones políticas que se atribuyen a la esposa de Humala y por un equipo de gobierno que luce desgastado.

Humala no se siente dueño de la verdad. Y sugiere, con razón, que para la sociedad peruana no es tiempo de crispar, ni de polarizar o confrontar

La mayoría de los encuestados cree, además, que el presidente Humala está demasiado aislado del resto de las fuerzas políticas del país y así lo manifiesta. Por esto último, Humala, que a la manera de negativo vaticinio anunciara de pronto que "la crisis ya llegó a Perú", acaba de convocar a todos los partidos políticos a dialogar sobre las medidas a tomar ante la difícil coyuntura. Para así abandonar la actitud de seguir operando con una suerte de "piloto automático" e intentar revertir, con coherencia política y económica, la relativa desaceleración de la economía. Expresa voluntad de escuchar y dialogar, señal clara de madurez.

Ese es, creemos, el camino a seguir para entonar la confianza de los mercados. Significa que, a diferencia de otros, Humala no se siente dueño de la verdad. Y sugiere, con razón, que para la sociedad peruana no es tiempo de crispar, ni de polarizar o confrontar, sino de unir fuerzas en procura de mantener inalterado un rumbo que ha probado ser exitoso.

El respetado economista peruano y ex candidato presidencial Pedro Pablo Kuczynski acaba de responder positivamente a la convocatoria de Humala. También lo ha hecho el líder aprista Alan García (hoy, claramente, el más popular de los políticos opositores, con un 34% de aprobación) quien, luego de una primera vacilación, hasta ofreció la colaboración inmediata de sus ex ministros y aceptó -formal y públicamente- la invitación al diálogo.

Los Fujimori, en cambio, dudan. Y siguen estacionados en una actitud crítica. Mientras el cuestionado ex presidente Alejandro Toledo no parece, como aliado circunstancial que es, estarle sirviendo demasiado a Humala.

Perú, mientras tanto, no ha detenido su marcha y confía en que las mismas fuerzas políticas que lo han ayudado a mantener el rumbo sustentado en una economía abierta, hoy contribuyan a poder continuar transitando el camino del éxito.

En un Perú que trabaja afanosamente, las buenas noticias no se detienen. La última informa el descubrimiento de petróleo en el pozo Bretaña Norte 95-2-1-XD, cerca de Iquitos. Con una producción estimada en unos 40.000 barriles diarios, el descubimiento seguramente contribuirá a reducir el déficit de crudo de Perú, que es del orden de unos 150.000 barriles diarios..

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