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Pensamientos incorrectos

Olmedo y Borges

Opinión
 
 

Cuando yo era joven, digamos entre 1966 y 1975, no quedaba bien admirar a Alberto Olmedo. El cómico rosarino se había hecho famoso entre los chicos a través de su "Capitán Piluso", que compartía con un gran actor y guionista: Humberto "Coquito" Ortiz. Fundamentalmente, Piluso y Coquito efectuaban un disparatado prólogo de los dibujos de "Popeye el marino", y narraban algunas imaginarias aventuras. En esta clásica relación, cuando llegaba el momento culminante, Olmedo exclamaba: "¡El Capitán Piluso tenía que intervenir!".

Poco a poco se van olvidando aquellos momentos de incomparable encanto, cuando se oía la voz de una mamá (¿o abuela?) llamando: "¡Piluso, la leche!". Incluso creo recordar una mano femenina que asomaba en pantalla y le alcanzaba el vaso a Olmedo. Se evocaba una manera de vivir la infancia. El vaso de leche (o mejor, un café con leche y un pedazo de pan) representaba sólo una pausa para después seguir jugando: a la pelota, a las figuritas, al tejo, a las carreras de autitos, al rango, a las bolitas, a los "comboys", al poliladron. Jugar, jugar, jugar, sin que nadie nos molestara o nos interrumpiera: esa fue nuestra feliz infancia en la calle, y Piluso cerró nuestra niñez. Cuando nos cansamos de Piluso, empezamos a ser adultos.

Cuando nos cansamos de Piluso, empezamos a ser adultos

Olmedo también se hizo adulto. En su paso por distintos programas cómicos, cada vez más picantes, la silueta del gran actor-payaso-acróbata se volvió gigante. Había entrado como operador al viejo Canal Siete, recomendado por Pancho Guerrero, cuando tenía 22 años y era sólo un simpático negrito rosarino. Después entró en la órbita de los hermanos Gerardo y Hugo Sofovich, que lo sumaron a Operación JaJa en 1964. La complementación entre Olmedo y Hugo Sofovich generó una fiebre popular: el Negro retrataba con geniales apuntes a tipos humanos de los barrios. y de la vida. A muchos los bautizó como sus amigos (personas reales) de toda la vida, empezando por Chiquito Reyes y Osvaldo Martínez. Hoy se recuerda sólo al Manosanta, entre sus mil creaciones, olvidando al mago ucraniano Rucucu o Rupeta y al extraordinario Yeneral González. En esta última secuencia, un general argentino participaba de una importante reunión de asuntos hemisféricos donde todos analizaban en inglés -por ejemplo- las maniobras castrenses conducentes a la toma de una colina. El "general" Eddie Pequenino, para resumir, le hacía una detallada relación de los movimientos de infantería en torno al punto, siempre en inglés, y el General González, que no había entendido nada, respondía en castellano: "Para mí que el chimichurri hay que ponerlo una vez que el asado está hecho". Olmedo lograba una complementación absoluta con sus compañeros, empezando por Javier Portales (el famoso Álvarez) y siguiendo por Vicente Larrusa, Adrián Martel, César Bertrand, Susana Romero, Adriana Brodsky, Alfonso Pícaro, Adolfo García Grau. Obvio: Olmedo también compartió cartel con otros grandes como Jorge Porcel y Fidel Pintos. De todos aprendió algo, porque Olmedo no era actor de conservatorio y absorbía, como una esponja, las artes del escenario.



Pero la prensa no lo aceptaba. Los críticos intelectualoides, que supuestamente buscaban "la cultura" y sólo la encontraban en Alain Resnais o Akira Kurosawa, decían que Olmedo era vulgar, chabacano, repetitivo, que sólo rebajaba a lindas mujeres obligándolas a mostrar el "traste", que carecía de "contenido". En realidad, Olmedo (el que no tenía guión) seguía con seriedad un libreto brillante, comparable con el neorrealismo italiano o algunas películas de Dino Risi, actuadas por Vittorio Gassman o Alberto Sordi.

Pero el Negro nunca tuvo una crítica a favor. Sí la tenían Leopoldo Torre Nilsson o Manuel Antín. Alberto era el Armando Bo de la tele. Sólo trabajaba para el pueblo, y el pueblo lo idolatró.

Entre las frases que quedaron en el folklore urbano sobresale su: "¡Éramos tan pobres!". El metamensaje de este lamento consiste en que, dada la miseria de aquel hogar en que nació (barrio "Pichincha" de prostitutas y laburantes, Rosario, 1933) cualquier inmoralidad podía justificarse, con tal de llevar un mendrugo de pan a la boca. Esta impudicia, adelantándose a los tiempos, era precisamente lo que Javier Portales le reprochaba, indignado.

Yo, personalmente, apuesto a que Alberto habría deseado llevarse al otro mundo los elogios de la prensa culta e inteligente. Pero no los recibió, aun en la cúspide de su éxito

Las grandes temporadas en el teatro de revistas de Buenos Aires y Mar del Plata culminaron con "¡Éramos tan pobres!", donde lo dirigió Hugo Sofovich. Al final de ese verano, el 3 de marzo, se estrenó Atracción peculiar con Jorge Porcel y el Negro. En una secuencia del film, Olmedo y Porcel caminaban por una cornisa, aterrorizados ante el abismo. Dos días después, el Negro caía desde el edificio Maral de Mar del Plata, en un accidente estúpido que no tenemos ganas de revivir. Búsquenlo en Google.

Cuando le preguntaron si quería algún monumento en su memoria, había dicho Olmedo: "Sí, alguna estatuita que le haga decir a la gente: Chau negro". Yo, personalmente, apuesto a que Alberto habría deseado llevarse al otro mundo los elogios de la prensa culta e inteligente. Pero no los recibió, aun en la cúspide de su éxito.

Para consuelo de un gran artista, baste la ingratitud que cosechó otro genio. Claramente, la contrafigura de Olmedo: culto, ilustrado, de familia patricia. Hablamos de Jorge Luis Borges, nacido en Buenos Aires en 1899 y muerto en Ginebra, el 14 de junio de 1986.

Cuando yo era joven, se hablaba mal de Borges. Lo llamaban oligarca, vendido, probritánico. Conocí a una chica de la Universidad que se jactaba de haberle dado una patada "en el culo", aprovechando el tumulto de una conferencia.

Borges fue candidato al Nobel de Literatura durante 30 años. Nunca lo recibió, porque era de derecha. Ah, claro: los progres también discriminan.

Ciego desde los 55 años, paseaba por la calle Florida y lo saludábamos, en otros tiempos, más respetuosos. Pero la juventud intelectualosa no lo soportaba. Entre otras cosas, porque era descendiente de Francisco Narciso de Laprida, nieto de don Francisco Borges Lafinur, del Coronel uruguayo Edward Young Halsam, y de don Juan Crisóstomo Lafinur. Su abuelo materno fue Isidoro de Acevedo Laprida, un militar que combatió contra Rosas.

Borges fue, durante muchos años, el arquetipo del gorila, el oligarca, el frívolo, el extranjerizante

Borges fue, durante muchos años, el arquetipo del gorila, el oligarca, el frívolo, el extranjerizante. Sus estudios y traducciones del inglés, el germano antiguo, el islandés, el alemán, causaban una carcajada sangrienta en la crítica.

"Bah, Borges" - decían los intelectualosos, los mismos que crucificaban a Olmedo.

Efectivamente, Borges fue antiperonista y el gobierno de Perón lo obligó a renunciar a su cargo en la Biblioteca Nacional, designándolo "inspector del mercado de aves de corral y huevos", supuestamente. Muchos años después, Borges abandonó su antiperonismo, afirmando que los peronistas no eran ni buenos ni malos: "simplemente, incorregibles".

Se lo considera el gran intelectual argentino de todos los tiempos. Se cree que no le dieron el Nobel, precisamente, por sus ideas. Se supone que guardó un secreto rencor por el país que no celebró su gloria mundial, y tal vez por eso quiso morir en Suiza. Allí descansa de los argentinos..

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