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El análisis

Leve alivio pasajero para muchos asalariados y ningún autónomo

Política

Ni equidad tributaria ni justicia distributiva. Necesidades electorales son las que llevaron a diseñar un intrincado parche que complicará todavía más el ya enmarañado sistema tributario argentino. Saldrán al menos por un tiempo del pago de Ganancias aquellos asalariados a quienes es más escandaloso que se lo cobren. Para muchos con ingresos medios altos el alivio será escaso y para los de ingresos mayores no hay nada. Con lo cual no hay garantía de que algunas inequidades no aumenten. Que algún superior se encuentre con que sus subordinados, por la magia tributaria, cobran más que él.

Para muchos beneficiados, el alivio disminuirá rápidamente. Algunos pueden llegar a perdérselo. Los cálculos se hacen con los salarios actuales, pero muchas paritarias han dispuesto subas en tramos. Tal vez hay quienes hoy creen que recibirán un alivio y cuando en octubre cobren el salario de septiembre se encuentren con que o bien es menos de lo esperado o, en realidad, no es nada.

Otra dificultad para el cálculo es que el Gobierno habla de remuneraciones brutas, mientras la gente piensa en el bolsillo. Hay quienes hoy, por ejemplo, pueden estar percibiendo 12.000 pesos mensuales "en la mano". Eso, bien mirado, es el remanente después de descontar todas las cargas personales y el impuesto a las ganancias. Hay que mirar bien los sobres con las liquidaciones para saber a quién le toca y a quién no.

Lo mismo ocurre con el tope de 25.000 pesos mensuales a partir de los cuales no hay beneficio alguno. Los cálculos son complicados, porque cualquier cosa que se pague mensual y habitualmente puede entrar en el cálculo. La prepaga, por ejemplo, en el caso de empleadores que otorgan esa clase de beneficio.

Por el otro lado, el "esfuerzo fiscal" que se hace hay que evaluarlo con cuidado. La inflación y los aumentos que surgen de las paritarias harán solos el "trabajo sucio". Pero el impuesto aplicado al pago de dividendos y a la compraventa de acciones que no cotizan en bolsa seguirá allí, si es que se aprueba. Lo de los dividendos no es buena idea en un país que no desgrava las inversiones. En los países capitalistas pero progresistas la empresa paga impuesto a las ganancias y luego, si distribuye dividendos, los que los reciben pagan una sobretasa. Y si las utilidades se reinvierten, la empresa no paga el impuesto.

Aquí se cobra a las compañías y no se les permite computar la inflación. Lo cual hace que en la práctica se cobre más que en los Estados Unidos cuando las ganancias se distribuyen. Se quiere subir todavía más esa presión y para la oposición será difícil oponerse sin que desde el oficialismo les reprochen haber mentido con sus propuestas de reforma.

Para los autónomos y monotributistas, que no tienen sindicatos que los representen, no hay nada. Los sindicatos, incluidos los oficialistas, deben conformarse con algo que es mucho menos que lo que pedían. Pero les alivia la situación, al menos por un tiempo. Muchos de ellos sufren el embate de sectores de izquierda que les disputan las inquietas bases, que ven carcomidos sus ingresos.

La Presidenta parece haber descartado propuestas que habrían resultado costosas, como la del diputado Héctor Recalde, que propone, al igual que Claudio Lozano, aumentar las cargas patronales sobre el salario.

No parece demasiado oportuno aumentar los tributos al trabajo, que finalmente siempre termina pagando el asalariado, se llamen contribuciones a cargo del empleador, aportes personales o impuesto a las ganancias. El trabajo y el salario han comenzado a resultar insuficientes y, por lo tanto, la más elemental razonabilidad aconseja no aumentarles la presión tributaria.

Votos en mente

Otra muestra del carácter electoral de la iniciativa es que la Presidenta no ha querido hacer nada con los gastos en el exterior que genera el turismo.

Acuciado por la falta de dólares, el Gobierno hasta restringe la importación de insumos para la producción agrícola, en un movimiento de lo más contradictorio: el agro es el principal generador de divisas. Pero para no herir más a la últimamente esquiva clase media, no encareció, por ahora, el turismo en el exterior. Habrá que ver qué pasa después de octubre

El otro gran drenaje de dólares por el déficit energético tampoco parece fácil de disminuir, si no es con un impopular aumento de tarifas, que tampoco se hará antes de los comicios.

En los últimos meses se habían cobrado retroactividades, al cerrarse paritarias con incrementos que rigen desde meses anteriores. También hubo un beneficio cuando el Gobierno devolvió el impuesto a las ganancias sobre el medio aguinaldo. Los salarios cobrados en septiembre y octubre podían contener desagradables sorpresas para muchos, que verían una disminución respecto de los meses anteriores. O que advertirían cómo una suba salarial se la llevaba el impuesto.

Pero el Gobierno, que enfrenta un déficit fiscal que sólo puede financiar con reservas y emisión, ha encontrado un mecanismo por el cual muchos asalariados tendrán algo más de dinero en el bolsillo justo antes de ir a votar.

Habrá que ver si eso alcanza para que cambie su suerte electoral, que es claramente el único objetivo.

Las circunstanciales mejoras en los ingresos se tradujeron en junio y julio en inesperadas mejoras en las expectativas económicas que miden la UCA y TNS-Gallup. Pero no alcanzaron para evitar la derrota en las PASO. El Gobierno espera que esta vez sea diferente..

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