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Empresarios & Cía

Momento inoportuno para la mala praxis

Opinión

Por   | LA NACION

Apenas vio el video que le acercó un colaborador y que mostraba a Mariano Recalde , risueño y en público, admitir su vieja pretensión de quitarle rutas a LAN, Cristina Kirchner se enfureció con el CEO de Aerolíneas Argentinas. Era la mañana del martes y la Presidenta estaba en Montevideo, donde participaba de la inauguración de una planta de la petrolera uruguaya Ancap. La irritación era doble, y así la expresó en la intimidad: faltaban pocas horas para anunciar los cambios en el mínimo no imponible por cadena nacional, una buena noticia para los asalariados, y el tema disputaría las tapas de los diarios con el descuido del abogado de La Cámpora, que acaparaba las redes sociales.

El video, emitido por primera vez en el programa La mirada , que conduce Roberto García por Canal 26, obedecía a una picardía de dos gremios aeronáuticos, el de los técnicos y el de los tripulantes, que venían guardándolo a la espera de una oportunidad. No sólo el conflicto con LAN lo volvía explosivo, sino su carácter anacrónico: Recalde hablaba en abril de 2010 con el desparpajo de un kirchnerismo en recuperación, pero sus palabras se daban a conocer tres años más tarde, después de la derrota en las primarias. Como si la manipulación del Indec, un ilícito a cielo abierto indiferente al electorado e incluso defendido por cámaras empresariales en el invierno de 2007, fuera revelado ahora con el viento en contra.

Video: Mariano Recalde junto a la Agrupación Oesterheld. 5/4/2010 (YouTube/nakkypop)

Para peor, todo viene a destiempo de una estrategia preelectoral más abarcadora. La Presidenta, inquieta por la escalada de la pelea con LAN y sus repercusiones, tenía ya resuelto negociar con el grupo chileno, tarea que acababa de encomendar a Axel Kicillof. Un alto en el "Vamos por todo" que se ensaya con esfuerzo también en otras áreas y que explica los regresos de Ricardo Echegaray y Martín Insaurralde a los programas de TN.

La grabación, que corresponde a una noche en la que Recalde expone en una comida de la agrupación Oesterheld, es además una alegoría del pensamiento en ciertas áreas de la administración. "Hay una disputa ideológica que se da en los medios de comunicación", recita ahí Recalde, que se adentra en la naturaleza de la aeronáutica. Dice que es "como un gasoducto", porque no sólo lleva pasajeros, sino que une pueblos y "transporta las noticias a través de los diarios". Y ahí se interrumpe, con una broma celebrada en las mesas: "Podríamos suspenderlos, ¿no?".

Después refuta las famosas pérdidas. "Además, esto es un conta mentiras , lo del déficit de Aerolíneas, cuánto pierde por día. ¡Es imposible determinar cuánto pierde por día, cuánto pierde por mes! Los ingresos y los egresos de Aerolíneas Argentinas van variando y fluctuando mes a mes de acuerdo con un montón de variables que ni siquiera son frecuentes. Es muy difícil establecer un promedio o una regla de cuánto es el déficit de Aerolíneas Argentinas."

He ahí otra novedad. El presidente de la compañía, que había pronosticado seis meses antes en la bicameral del Congreso 30 millones de dólares de ganancias para 2013, tiene una nebulosa sobre el balance. Se entiende entonces el incumplimiento de aquella meta.

El peronismo no perdona. Y la torpeza podría contribuir a una pelea interna creciente. Pocas horas después de la derrota en las primarias, durante el primer encuentro poselectoral de intendentes del Frente para la Victoria, un grupo de jefes comunales les pidió a Carlos Zannini y a Daniel Scioli desligar a La Cámpora de la campaña. Le atribuían a esa corriente cortes de boleta en favor de dirigentes que habían aportado pocos votos, con la excepción de Mercedes. El jueves, al aire con la periodista Magdalena Ruiz Guiñazú por Radio Continental, Ricardo Cirielli, líder de los técnicos aeronáuticos y cercano a Hugo Moyano, abonó la teoría con un adjetivo pleno de simbolismo pejotista: "Imberbe", llamó a Recalde.

Presa de estas contradicciones, la Presidenta nunca le pedirá la renuncia si advierte que el caso fue fogoneado por los medios. "Fue una operación de Clarín", se apuró entonces el abogado. Horas después, en la Casa Rosada, Cristina acaso aludía vagamente a Guillermo Moreno y decía, delante de empresarios y sindicalistas: "A mí nadie me pone ni me saca funcionarios. Eso lo dispongo yo en el momento que quiero". Después de una sugestiva ausencia siete días antes en Río Gallegos, Moreno estaba ahí, de vuelta en esos encuentros.

Fue una muestra de autoridad presidencial. Similar a la que sobrevino en la misma reunión cuando José Luis Lingeri, secretario general de Obras Sanitarias, entendió que, habiendo colaboradores y ministros, no todas las tareas debían caer sobre ella. Una atención que se frustró con la interrupción de la jefa. "José Luis, decime una cosa, ¿en tu gremio se decide algo que vos no sepas?". O a la recriminación que sufrió Gustavo Weiss, presidente de la Cámara de la Construcción, por los costos del Plan Procrear. Cristina y Diego Bossio, jefe de la Anses, le recordaron que la mayor parte de las empresas se estaba presentando en las licitaciones por el techo y no por el piso del programa. Weiss lo atribuyó al encarecimiento de los estudios de factibilidad.

Era una Cristina cabal. Que aprovechó la ocasión para desempolvar algunos dogmas propios, como una supuesta animosidad de ciertos jueces hacia el Gobierno: cuestionó a María José Sarmiento y María Romilda Servini de Cubría por las últimas indagaciones acerca del contrato con Chevron. "Con los recursos naturales que tenemos, si resolvemos el problema energético la Argentina va a ser un país de primer orden. Pero hacemos un convenio con una de las petroleras más importantes del mundo y se lo cuestiona", se quejó.

Estaba, con todo, infinitamente más calma que en la reunión de Santa Cruz. Habrá que reconocerle a Scioli la propagación de ese estilo al menos en campaña, incluso entre rivales. El miércoles, durante un encuentro en la Bolsa, Ricardo Delgado, economista que asesora a Sergio Massa y hasta hace pocos meses era invitado frecuente a 6,7,8 , sorprendió a los operadores con una exposición casi sin reproches a la gestión económica.

Tanto apaciguamiento no admite grietas. ¿Podría Guillermo Moreno, por ejemplo, contribuir con buena praxis? Su último pedido a los banqueros, el aporte de 500 millones de dólares para la compra de Baade, uno de los instrumentos del blanqueo, no tuvo todavía respuesta. Él delegó la colecta en el Macro y en el Galicia, que transmiten el mensaje banco por banco. "Hay que apoyar", dicen. Pero todos dudan. O irán todos o nadie. El contexto no ayuda, aunque esconde una tentación para el sector financiero, que debería entregar dólares al valor de hoy en sus libros: el oficial. Si el Baade tiene un descuento menor a la brecha cambiaria, los banqueros podrán venderlo al día siguiente al valor libre en el mercado secundario.

Nada nuevo. Bancos internacionales de primera línea lo hicieron en Venezuela en estos años con las famosas "notas estructuradas", operaciones con bonos que empezaban a la cotización oficial y terminaban en el mercado paralelo, con la ganancia en bolívares del lado venezolano. Había entonces que ir a las cuevas y, por el control de cambios, sacarlo en negro, probablemente en avión. La valija de Antonini Wilson es hija de este esquema.

Es el riesgo de las sobreactuaciones. Tarde o temprano, en vivo o mediante inéditas grabaciones, develan su verdadero rostro.

© LA NACION.

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