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Desafíos educativos

Cómo atender la diversidad

Comunidad

La escuela secundaria tiene el desafío de flexibilizarse para poder incluir y enseñar a todos los alumnos

Por   | LA NACION

Más de 4 millones de adolescentes se sientan todos los días en un banco de clase para llenar sus cabezas de contenidos, para zambullirse en los misterios del pensar, para crecer como personas, para que los lleven al límite de sus capacidades y les brinden las herramientas necesarias para poder forjar el futuro que cada uno quiera construir.

Porque después de la familia, la escuela es el mayor espacio indiscutido de formación, socialización y experiencias de vida para estos jóvenes que cada vez se enfrentan con mayores incertidumbres. Y porque más allá de todos los debates encendidos que existen en relación al éxito del sistema educativo, todos los actores involucrados están de acuerdo en la premisa fundamental: que no hay educación válida si al término del proceso no surge la persona.

Y esa persona es un niño-adolescente que ha sufrido profundas transformaciones en los últimos años, no sólo en su forma de vincularse con su entorno, sino en su manera de adquirir conocimientos. Son libros en blanco que tienen tantas aristas como complejidades, que se reinventan en forma constante. Y ante tanta revolución tecnológica, social, cultural, psicológica y sociológica es que muchos se preguntan si la escuela ha ido avanzando al mismo ritmo para poder atender las necesidades educativas de estos nuevos alumnos.

"Creo que el principal desafío es que se cumpla la obligatoriedad de la escuela secundaria. Pero no se trata sólo de acceso y egreso, sino que al final del ciclo secundario el alumno se conozca a sí mismo y defina su proyecto de vida. La gran función de la escuela secundaria obligatoria es la orientación. Por esa razón el currículum debe ser integral, debe permitir realizar experiencias de aprendizaje en todas las dimensiones para que el alumno tenga un dominio básico de todas ellas y pueda definir hacia dónde orientarse en el futuro", dice Juan Carlos Tedesco, ex ministro de Educación de la Nación y actual director del Programa para la Mejora de la Enseñanza de la Universidad Nacional de San Martín.

Por eso hoy, la meta consiste en construir una escuela que sea atractiva en su forma de enseñar; que incluya a todos sin importar su condición social, zona geográfica o capacidades; que achique la fuerte brecha social; que sea trampolín para futuros estudios terciarios o universitarios, o una posible inserción laboral y que, por sobre todas las cosas, efectivamente, brinde una educación de calidad.

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Las voces son diversas y eso es justamente lo que enriquece el debate, pero en lo que todos los especialistas están de acuerdo es en celebrar el crecimiento en la matrícula en la secundaria -aunque todavía falta incluir a todos- y el haber llegado a un 6,40% del PBI de inversión en educación.

"El sistema educativo avanzó en las últimas dos décadas, en políticas educativas que derivaron en un incremento en el acceso, cobertura, nuevos edificios escolares y equipamiento a las escuelas. Pero incluir y educar tendiendo a la excelencia está en la letra de la Ley de Educación Nacional y estimo que más allá de las tensiones que provoca aun en muchas escuelas la inclusión, debemos entender que desde una perspectiva de derechos, la escuela debe ser para todos. Esto implica invertir estratégicamente en formación para que el docente que pueda educar en la diversidad y hacer frente a las viscicitudes que imprimen los diferentes contextos. ", sostiene Elena Duro, especialista de Unicef.

Es que según admite Victoria Vázquez Gamboa -directora nacional de Nivel Secundario-, "este desafío impresionante de la obligatoriedad no es soplar y hacer botella". Y frente a tamaña odisea, la funcionaria reconoce que "la escuela en muchos sentidos se ha quedado estacionada en el siglo XIX y por eso es necesario que se vaya actualizando, para poder enseñar más y mejor". Con este objetivo, Vázquez Gamboa explica que desde el Gobierno se habla de educación en clave de derecho: esto quiere decir que la ley nacional de educación habla de la obligatoriedad de los alumnos desde su derecho de asistir, aprender y egresar de la escuela secundaria. "Para que esto suceda hay que ir generando las condiciones necesarias. Está surgiendo una nueva escuela que busca dar respuesta a este derecho de los niños. No todos los chicos pueden aprender de la misma manera. Tenemos chicos que están en situación de trabajo con una trayectoria muy lábil, otros con problemas de adicciones o adolescentes embarazadas. ¿Cómo se atiende este universo? Diversificando estrategias", agrega.

Infraestructura, mejor capacitación docente, más establecimientos, nuevas estrategias de enseñanza, revisión de los contenidos curriculares, una educación de calidad. Todos estos son los reclamos que hoy se le hacen, con mayor o menor énfasis, a la escuela secundaria.

Porque lo cierto es que, en la práctica, cualquier sistema de enseñanza estático pierde relevancia. Y para no caer en esa trampa necesita de una vitalidad y una renovación constante, ya que es imposible querer seguir enseñando a alumnos que hacen gala de su metamorfosis, con estructuras arcaicas. "La escuela secundaria fue diseñada para seleccionar, no para enseñar a todos. Su desafío más profundo es pedagógico: pasar de enseñar todo el programa de forma expositiva y tomarlo en un examen a llegar a cada alumno, lograr conectarlo con el conocimiento, que profundice en áreas específicas, que domine saberes en profundidad antes que muchos saberes superficiales de memoria", afirma Axel Rivas, director del Programa de Educación de Cippec, a la vez que reconoce cuáles fueron los avances más positivos en materia de política educativa en los últimos 5 años: el aumento de la inversión, los Núcleos de Aprendizaje Prioritario, el despliegue de una gran renovación a través de los medios digitales, la creación del Instituto Nacional de Formación Docente, la reforma de los modelos de alfabetización y la recuperación de la educación técnica, entre otros.

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Que su rol principal es enseñar nadie lo discute. Pero también es cierto que cumple tantas otras funciones que muchas veces termina por no poder cumplir con la más esencial. Desde brindar la única comida fuerte del día hasta ser red de contención de problemas sociales, psicológicos y emocionales, la escuela muchas veces se encuentra sobrecargada de exigencias, y con pocos recursos para hacerles frente.

Pero esto no significa que hay que derribar todos los cimientos del sistema educativo, sino conservar las raíces sólidas y construir sobre ellas con un nuevo diseño, más acorde con estos tiempos. Porque como sostiene Maximiliano Estigarribia, docente de nivel secundario y director de la ONG Equipo de Trabajo e Investigación Social (ETIS), "la escuela es una de las pocas instituciones que a lo largo y a lo ancho de todo el país ha logrado resistir el embate de políticas tendientes a destruir los espacios públicos. Si bien hay mucho que modificar, no es el modelo educativo actual el que ha quedado viejo, sino que hay que modificar ciertas concepciones que sobre la escuela perduran en la sociedad en general y los actores directamente involucrados en particular (docentes, alumnos, padres). Soy de los que creen que ciertas características de este modelo de escuela hay que cuidarlas. La escuela debe formar ciudadanos comprometidos con su presente, críticos con la realidad que les toca vivir, creativos a la hora de proponer soluciones, y capaces de expresarlas y darlas a conocer a través de múltiples formatos. Lo que está en crisis hoy es el sentido de la educación en general: para qué queremos educar, para qué queremos a los chicos en las escuelas".

Estos son los mismos interrogantes que Vázquez Gamboa se plantea desde su gestión. Porque para la funcionaria, el sistema educativo tiene que asumir la responsabilidad de enseñar en la diversidad y a la vez que se genera igualdad de oportunidades. "Nosotros no creemos en una escuela más fácil, sino en una que pueda adecuar sus propuestas para que todos aprendan. La escuela tiene que lograr madurar y sostener lo que sea necesario para incluir a todos. Por eso apuntamos a la innovación desde lo mejor de la tradición, rescatando lo bueno que ya existe. Es más lo que hay que desmontar como sinsentido que lo que hay que regular."

Para Rivas, los adolescentes deben estar en las aulas para plantearles inquietudes, ganas de hacerse preguntas e investigar, herramientas de búsqueda, selección y valoración de la información, capacidades de expresión, trabajo colaborativo, conciencia social y placer por el aprendizaje. Para él, todo lo anterior es mucho más importante que rendir exámenes y mostrar contenidos aprendidos de memoria.

Tedesco, en cambio, pone la lupa en la educación como factor generador de igualdad de oportunidades y en la importancia de poder darle a todos un piso mínimo de aprendizajes: "El tema fundamental es que el futuro es incierto y la escuela debe, en consecuencia, reducir significativamente las desigualdades que hoy existen y preparar a las personas para que se puedan educar durante toda la vida. Para eso, lo mejor es una muy buena formación básica. Es necesario mejorar las condiciones con las cuales llegan los alumnos a las escuelas, particularmente los más pobres, y para ello es necesario dedicar recursos hasta que el país garantice una distribución del ingreso que permita a las familias mantener a sus hijos hasta el final de la escolaridad obligatoria".

Pero a todos los cuestionamientos sobre el para qué se enseña, también se suma el cómo, en relación a cuáles son las mejores estrategias pedagógicas para hacer más atractiva la escuela. "Es fundamental decidir si vamos a seguir centrándonos en la transmisión de contenidos o vamos a introducir el necesario aprendizaje de habilidades para que los jóvenes puedan insertarse activamente como ciudadanos en contextos muchas veces adversos. Atender a la diversidad es poder traspasar el plano de la norma a la práctica", sostiene Duro.

Porque, en definitiva, lo importante es que los chicos aprendan y que salgan de la escuela con una idea clara de quiénes son y qué quieren para su futuro. Y si bien los Operativos Nacionales de Enseñanza (ONE) 2010 mostraron avances en matemáticas, ciencias sociales y ciencias naturales -no así en lengua-, los especialistas sostienen que falta mucho por hacer en el campo de la calidad educativa. "La escuela de hoy no enseña todo lo que necesitan aprender los jóvenes, pero en parte se debe a que no tenemos aún un consenso acabado sobre el sentido de la educación. Hay que dejar de lado una escuela centrada en contenidos académicos para dar lugar a una escuela que llene de sentido a esos contenidos, orientándolos a experiencias de vida y aprendizajes que se vinculen con la vida en sociedad, con el compartir con otros proyectos de vida en común, con la transformación de la realidad social", afirma Estigarribia.

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Si queda claro que hay que aggiornar la forma de enseñar, generar experiencias educativas innovadoras para que los alumnos se sientan incluidos e invitados a participar, donde la tecnología puede llegar a ser una herramienta fundamental, es imprescindible que los docentes reciban una capacitación acorde con estas nuevas exigencias.

Desde el Gobierno dicen que se está avanzando en la capacitación docente a través del Plan Nacional de Formación Permanente, que contempla un trabajo con todos los niveles desde donde están fortaleciendo la enseñanza en todas las disciplinas.

"El desafío de la inclusión y la mejora continua es una desafío global. Los países que han podido avanzar en ambas caras en simultáneo, lo han hecho invirtiendo grandes sumas en formación docente y se han centrado tanto en el contenido como en el desarrollo de habilidades y competencias", explica Duro.

Para Tedesco, lo importante pasa por superar la idea de que capacitación docente es dar cursos fuera de la escuela. "Necesitamos una formación docente que fortalezca el trabajo en equipo y que permita enfrentar los problemas de aprendizaje de los estudiantes, en cada uno de los contextos de desempeño."

Teniendo ya más en claro cuáles son las prioridades, ¿en qué temas habría que enfocar la inversión en educación? "Se debe reorientar a producir mejoras curriculares, a la formación docente y al fortalecimiento de las iniciativas innovadoras que garanticen a todos los jóvenes el acceso y la permanencia en la escuela", afirma Estigarribia.

Para Vázquez Gamboa las metas que se buscan para 2016 son claros: cumplir con los objetivos de escolarización para todos y el fortalecimiento de la enseñanza. "A logros conseguidos vienen nuevas preocupaciones. Y hoy una sociedad entera asumió el compromiso de la universalidad de la secundaria. Que te pregunten, te reclamen y te exijan me parece extraordinario porque es un logro como sociedad", concluye.

El adolescente de hoy -caldo de cultivo para proezas de todo tipo- reclama una escuela nueva y una manera diferente de aprender, pero principalmente reclama el ser escuchado. "Ellos quieren participar, quieren una escuela que les ayude a vivir mejor su vida, que les dé herramientas para vincularse mejor con los otros. Quieren que los temas que se trabajen en el aula sean significativos para su vida, para comprenderse y comprender el mundo en el que se encuentran.".

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