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A un mes de la explosión en Rosario: "Todos los días espero un llamado de mi hijo"

Sociedad

Santiago Laguia tenía 25 años y estaba por recibirse de médico; su familia reclama justicia; esta noche habrá una marcha

Por   | LA NACION

 
Santiago vivía en el octavo piso de Salta 2141. 
 

"Todo se fue con vos, hasta las ganas de soñar 06/08/13"

La frase se lee en un perfil de mensajería instantánea. Es el celular de Macarena, pero lo atiende su mamá "porque Maca no tiene fuerzas para hablar". Extraña a su hermano, que además de hermano era amigo, ídolo y consejero. Tiene miedo de algún día olvidar su voz, su cara, la sonrisa constante en la boca de Santi.

Santiago Laguia vivía en el octavo "E" de Salta 2141. La mañana del martes 6 de agosto escuchó una fuerte explosión y vio cómo su edificio comenzaba a derrumbarse. Intentó escapar junto a una vecina, pero no llegó. Su cuerpo fue uno de los últimos en salir de los escombros, tres días después.

Durante esos días su familia lo buscó desesperadamente. Sus padres y su hermana viajaron en el acto desde Pergamino. La esperanza por el milagro se sumó a un dato erróneo suministrado por una compañía de celulares. Informaron que el teléfono de Santiago se había activado tres horas después de la explosión en la otra punta de Rosario. Cuando el viernes los rescatistas encontraron al joven, tenía el celular en el bolsillo.

 
La explosión en el edificio de la calle Salta dejó 21 muertos y más de 60 heridos. Foto: Archivo 
 

Tenía el celular, las llaves de un departamento que ya no existe y la billetera con $100, el carnet de socio de Independiente y la entrada del último partido que fue a ver. Fue el 11 de marzo de 2012 en la Bombonera, donde el entonces equipo del Cristian Díaz le ganó 5 a 4 a Boca en tiempo de descuento. Ese día Santi había ido a la cancha con su papá.

"Íbamos seguido a la cancha juntos", cuenta a LA NACION Carlos Laguia, y su amor compartido por el Rojo sirve de excusa para respirar profundo y dejar que las lágrimas pasen por la garganta. Recuerda las incontables veces que le relató a su hijo el gol olímpico de Bertoni en la Libertadores del '75, pero enseguida el dolor reaparece y la voz vuelve a cerrarse.

"Uno puede entender una muerte, un accidente. Lo que no puede entender es que un chico esté en su departamento y de repente vuele todo. No podemos seguir viviendo en un país donde todos los días hay víctimas y nos acostumbramos a eso. Lo único que espero es que esto sea un antes y un después, que trabajen los que tienen que trabajar para que estas cosas no pasen nunca más.", reclama Carlos. Tiene pensado inaugurar una fundación con el nombre de su hijo. El proyecto todavía germina, pero sí tiene en claro que el emprendimiento tendrá como finalidad "garantizar el derecho a la vida de todos".

Se sostiene en el amor de su hija y en sus amigos. Ellos le dan fuerza para seguir. "Es que pasa el tiempo y día tras día sigo esperando un llamado de Santi. No lo puedo entender", confiesa entre lágrimas.

 
En la cancha de Independiente se hizo un minuto de silencio por Santiago. Foto: La Caldera del Diablo
 

Santiago se comunicaba a diario con su familia. La noche anterior a la explosión habló por teléfono por última vez con su mamá, Claudia. Le contó que estaba bien, le preguntó si había conseguido trabajo y le dijo que se quedara tranquila, que ya iba a aparecer algo.

"Hace poco me dieron un trabajo en la municipalidad de Pergamino. Estoy segura de que me lo mandó mi hijo", cuenta emocionada Claudia en diálogo con este medio. Su nuevo empleo la ayuda a afrontar gastos, pero sobre todo es una manera de ocupar la cabeza en otra cosa.

"El tema es cuando vuelvo a casa. Me hago la idea de que está en Rosario, estudiando. El venía casi todos los fines de semana, salvo cuando tenía que estudiar mucho y se quedaba en Rosario", recuerda Claudia.

La última vez que vio a su hijo fue 15 días antes de la explosión. Santiago había viajado a Pergamino para celebrar el día del amigo y se había quedado hasta el lunes. "Hoy [por ayer] es el cumpleaños de 'Pibe', su mejor amigo, imaginate cómo está".

Claudia asegura que lo único que la mantiene en pie es su hija Macarena. Sin embargo, el mismo dolor que cada noche la encuentra mirando los ojos de su hijo en fotos, se transforma la mañana siguiente en energía para reclamar justicia. Para organizarse con otros papás en la misma situación y para alzar su voz en cada rincón donde sea necesario.

Por eso encabezó la organización de una marcha hoy a las 20. Partirá de la esquina de Salta y Oroño e irá hasta las oficinas de Litoral Gas, la empresa responsable del suministro en el edificio.

"Lo que pasó no fue un accidente. A mi hijo lo mataron. A mí no me importa si fue doloso, culposo. yo no entiendo nada de leyes, pero si hay negligencia no hay accidentes, hay asesinatos. Y esto fue una cadena de irresponsabilidades. Que paguen los que tienen que pagar. Que queden en la cárcel", reclama Claudia.

En la manifestación, que llevará la consigna "Ayer y hoy nos tocó a nosotros, mañana podés ser vos", se espera la participación de miles de personas. También habrá actos en el centro de Pergamino y en el barrio porteño de Belgrano.

 
 

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