Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

El medio es el mensaje

Marcha atrás y con el freno de mano puesto

Opinión

Es un clásico que se repite periódicamente: cuantos más autos se venden, las usinas de comunicación K se ponen más eufóricas. Desbordan los titulares de los medios adictos con la buena nueva y 6,7, 8 se llena la boca con "otro día de fabulosas noticias". No importa que la red de carreteras por donde deban andar sea cada vez más insuficiente y peligrosa o que el combustible que tienen que cargar provenga de lugares lejanos a precios onerosos.

Algo parecido sucede con los celulares y el tráfico en Internet: los dispositivos en venta son día tras día más atractivos, pero los servicios para usarlos son proporcionalmente deficientes. Las comunicaciones se entrecortan con facilidad y bajar materiales de la Web puede demorar más que en países vecinos.

En cualquiera de los dos casos lo que falla es la infraestructura y faltan planes de inversiones permanentes, con sus respectivos respaldos presupuestarios y técnicos racionales que permitan hacer las previsiones necesarias en cada área de cara al futuro.

Pero eso no sucede porque sólo se actúa sobre la coyuntura y agitando banderas más histriónicas que reales. Mientras tanto van quedando de lado estos problemas que se ahondan sin solución y que dejarán un pesado legado a las autoridades que sucedan a la actual administración nacional.

No se trata sólo de gobernantes indolentes que quieren ver frutos inmediatos, vendiendo demagógicamente escenografías vistosas sin mayor sustento. El criterio se expande en otros poderes y con bastante consenso: así en 2009 el oficialismo y otros partidos votaron una norma crucial que ya entonces nació obsoleta y que cuatro años más tarde profundiza su patente desactualización: la tan mentada ley de medios -más allá de su objetivo primordial de perjudicar al Grupo Clarín- mira el actual marco de convergencia tecnológica con los ojos de los años 80 del siglo pasado, cuando sólo primaba un concepto de telecomunicaciones y radiodifusión.

No queda otra que sospechar que los políticos se sienten más cómodos con una norma inaplicable en varios sentidos y que, por ende, requiere de la discrecionalidad de los gobernantes para hacerla cumplir (o no) según sus conveniencias y amistades.

Algo de eso sucedió, incluso, con la ley anterior, que aun firmada por el dictador Jorge Rafael Videla y con claros rasgos de autoritarismo, sobrevivió casi treinta años y atravesó seis presidencias democráticas sin que fuese derogada. Se dirá, y hay algo de cierto en eso, que hubo presiones de los sectores interesados en ese ámbito que promovían el statu quo . Evidentemente, tanto a gobernantes como a empresarios del área les resultó más cómodo, aun dentro de lo precario de tan anómalo marco, manejarse con una ley emparchada que promover una nueva legislación acorde a los nuevos tiempos y al sistema democrático. Y eso que, por ejemplo, Raúl Alfonsín había prometido en su plataforma preelectoral la "derogación inmediata" de la ley 22.285. Sin embargo, durante su gobierno no sólo no lo hizo, sino que mantuvo congelado el sector de los medios audiovisuales, a excepción de ejecutar a regañadientes la decisión de los militares de otorgar Canal 9 a Alejandro Romay.

Carlos Menem se fue al otro extremo: privatizó los canales 11 y 13, bendijo la aparición de los multimedios y permitió fabulosas inversiones extranjeras en el área sin derogar la ley de radiodifusión de Videla. Eso sí, barrió el inciso e del artículo 45 que impedía a las empresas periodísticas acceder a ondas audiovisuales.

El presidente Fernando de la Rúa tampoco se quedó atrás: vetó la ley 25.208, que creó Radio y Televisión Sociedad del Estado, y que el Congreso había votado con mayoría de la Alianza. Pero más audaz todavía fue el mismísimo Néstor Kirchner al firmar el decreto 527 que extendió de facto las licencias de radio y TV por diez años (también, por supuesto, las del Grupo Clarín al que, además, le bendijo la fusión de Multicanal con Cablevisión que luego su esposa, ya presidenta, revirtió).

En estas marchas y contramarchas de los políticos que han tenido, o tienen, en sus manos los destinos del país se vislumbra un gran desconocimiento del funcionamiento de las comunicaciones, lo cual profundiza su natural inseguridad y aprehensión hacia ellas, exacerbada en estos últimos años, y que termina operando en decisiones abruptas, para un lado o para el otro, sin racionalidad. Se distorsionan las relaciones entre los distintos jugadores del sector, al que sumen en un retraso casi imposible de revertir.

Ahora mismo, el espectro es exiguo para la cantidad de usuarios que se van sumando, la tecnología 3G es más virtual que real (y estamos lejos del 4G que rige en doce países de América latina y que ya tienen todos nuestros vecinos). Las decisiones que tienen que ver con mercados pasan en algún momento por los caprichos de Guillermo Moreno. Mientras retan a las empresas por la prestación de servicios y las obligan a dejar sin efecto el aumento de tarifas, las inversiones se postergan y el Gobierno exhibe un afán intervencionista en el desarrollo de la televisión digital terrestre y en su ingreso en el mercado de la telefonía celular sin el necesario correlato presupuestario y de planificación. Lo más parecido a andar con el freno de mano puesto. Y encima, marcha atrás..

TEMAS DE HOYLa pelea con los holdoutsElecciones 2015La tragedia del avión de Air ArgélieDeclaraciones juradas