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Para siempre en Retiro

La popularidad en tiempos de los próceres

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PARA LA NACION
Lunes 09 de septiembre de 2013
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La defensa de Buenos Aires en julio de 1807 fue el germen de cientos de historias de valor. Los bravos y profesionales ingleses se toparon con aguerridas milicias, de poca experiencia, pero bien dispuestas a dar pelea en cada rincón de la ciudad. Dos lugares fueron los escenarios de los enfrentamientos de mayor violencia. Al norte de la Catedral, la imponente Plaza de Toros (en la actual plaza San Martín de Retiro, en Maipú y Santa Fe). Al sur, los alrededores de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, conocida como Santo Domingo (en las actuales Belgrano y Defensa), donde se conservaban las banderas que los invasores habían perdido en la Reconquista de 1806. Liniers las había ofrendado a la Virgen del Rosario por la victoria.

En esta oportunidad nos enfocaremos en los hechos de Retiro. Allí se había dispuesto a un batallón de Marina, encargado de entorpecer el desembarco e impedir que los ingleses se apoderaran de la Plaza de Toros. Tengamos en cuenta que las aguas del Río de la Plata llegaban hasta el sitio donde hoy se encuentra el Monumento a los Caídos en las Islas Malvinas. Por lo tanto, los navíos británicos anclaron cerca de la zona donde se emplaza, desde 1916, la Torre de los Ingleses, rebautizada Torre Monumental en 1983.

Los valientes del Tercio de Gallegos más seis batallones de la Infantería de Marina tomaron posiciones en Retiro. Uno de éstos, comandado por el teniente de navío Cándido de Lasala y por el alférez de Fragata José Aldana, se ubicó en las cercanías de la playa y debió soportar el peso de la lucha. Peso más que desbalanceado, ya que el enemigo los superaba cinco veces en número. Sin embargo, los corajudos defensores ofrecieron resistencia hasta donde pudieron y luego se replegaron hacia el estadio de la Plaza de Toros. Lo mismo ocurrió con el resto de los batallones. La situación era crucial. Se habían agotado las municiones, los ingleses los tenían cercados y estaban a punto de adueñarse de la posición. Se decidió que saldrían del estadio, en pelotones, para alcanzar la actual Florida y sumarse a las fuerzas que se concentraban en nuestra querida Plaza de Mayo. El primer pelotón tomó desprevenido a los sitiadores y logró escabullirse. El segundo fue diezmado por el fuego enemigo. Al salir el tercero, comandado por el bravo Lasala, fue recibido por una lluvia de proyectiles. El teniente cayó gravemente herido. Sus hombres lo metieron en el estadio. Iba a ser una carnicería. Por eso se rindieron a las 9, luego de dos horas de combate.

Ilustración: Diego Parés
Ilustración: Diego Parés.

Lasala murió algunos días más tarde, cuando todos celebraban la victoria de las tropas de Liniers. Ese día, Cayetana Juana Agustina Oromí, 19 años, pariente del héroe, perdió así al hombre con el cual iba a casarse. En noviembre ingresó al convento de las Catalinas con el nombre de Sor María del Rosario de la Victoria. Nunca más salió. Se quedó para siempre en Retiro, a pocas cuadras del lugar donde su prometido había recibido las heridas mortales.

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