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Córdoba: el horror de tener el fuego a metros de casa

Sociedad

Una vecina de La Granja, a pocos kilómetros de la capital cordobesa, cuenta en un desgarrador testimonio cómo es enfrentar a las llamas que llegaron a la casa de su familia

CÓRDOBA.- El sábado pasado me despertó la sirena de los bomberos de La Granja, un pueblito turístico de las sierras chicas donde vivo con mi marido, a 53 kilómetros de la capital cordobesa. En estos lugares uno se acostumbra a que la sequía y el calor provoquen incendios, por lo que escuchar la sirena tranquiliza. De alguna manera, tenemos las espaldas cubiertas con nuestros héroes locales.

Seguí con mis mates de rutina y salí a hacer las compras. En el supermercado se comentaba que un "gil" había hecho asado mientras veía el rally zonal de La Pampa. Y digo "gil", porque con sólo ver lo seco y amarillo que está todo, y si sos cordobés, uno sabe que hacer fuego en esta época es generar un incendio. El problema fue que aún estaban corriendo los autos, así que no dejaron pasar a los bomberos para apagar el fuego.

El domingo el viento fue más fuerte y la situación se puso más jodida. El fuego llegó a Ascochinga, a menos de 10 kilómetros de La Granja. El calor fue terrible, pero no más grave de lo normal.

Todo se fue de las manos el lunes. A las 13, cerraron la escuela de Ascochinga y, para peor, había paro de transporte interurbano. Los chicos del Ipem 367 quedaron en la calle. La desesperación la vivió mi madre, docente de ese colegio, al ver a 200 adolescentes en la calle del pueblo con el fuego quemándole la puerta.

"Uno sabe que hacer fuego en esta época es generar un incendio"

A las 16, las llamas habían llegado a 2 kilómetros de mi pueblo y un nuevo foco estaba quemando el patio de la casa de unos amigos. La sirena ya no sonaba. Los bomberos estaban donde la situación era peor, pero no en la casa de mis amigos. Entonces, ¿qué haces? ¿no te metes porque no sos bombero? Pero el corazón se te estruja y no te importa nada. Te vestís con pantalón largo, camiseta manga larga y borcegos. Aunque hagan 38 grados. Llenas botellas con agua, buscas baldes y salís a ayudar.

Hice eso y muchos más. Cuando llegamos con mi compañero al lugar, todos hacían algo. Se hizo una cadena. Los chicos de 11 o 12 años se metieron en la pileta de un vecino para llenar baldes. De allí se los pasaban a las mujeres, que los llevaban hasta los hombres, quienes finalmente enfrentaban el fuego y apagaban lo que podían. Los que tenían camionetas ponían tachos de 200 litros para llevar agua. Todos, absolutamente todos, ayudaban. Los que más sabían, decían que hacer; el resto, sólo hacía.

Foto: DyN / Desde hace dos días, el fuego no da tregua en las sierras de Córdoba
 
Cerca de las 19 mi papá salió con su camioneta para el otro lado. Sin frenar, me gritó que el otro frente de fuego estaba a 200 metros de su casa y de la de mi abuela. Hay cosas que no se pueden explicar. Fue terrible ver a mi abuela en el medio de la calle, con su radio a pila sin andar y su teléfono en la otra, diciendo que no tenía tono.

Mientras mi viejo sacaba la manguera de la bomba de agua, a mi me tocó esperar con mi abuela. El calor sofocaba, se respiraba un aire pesado. Tratar de hacer algo para detener el fuego que llegaba no servía de nada, las llamas tenían el tamaño de casas. No podíamos parar ese monstruo a pocos metros de la casa, al otro lado del río. Ni ganas de llorar me quedaban.

En la espera llegó una de mis hermanas. También mi amigo, que había combatido el fuego frente a su casa. Se hizo de noche pero el fuego no llegó. El río sirvió como barrera natural.

"Mientras mi viejo sacaba la manguera de la bomba de agua, a mi me tocó esperar con mi abuela. El calor sofocaba, se respiraba un aire pesado"

Recién ahí pudimos relajarnos un poco. La cena fue agradable hasta donde se pudo. Como dicen los paisanos, "nadie hacía cara de gente". La noche se pasó y nadie durmió. ¿Cómo dormir, no?

Esta mañana, por fin, los bomberos frenaron el fuego a 50 metros de la casa de mi abuela. Pero aún queda trabajo por hacer. Sé que mi vieja se enlistó junto a todos los que tenían camionetas y agua en sus piletas para hacer lo que hiciera falta.

Hacé viví mis últimas horas. Hy situaciones donde las palabras no alcanzan. Vivir en carne propia el incendio de las sierras, fue una de esas.

Por Belén Amat, vecina de La Granja.

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