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El modelo con retazos de poder

Opinión

Por   | LA NACION

Aníbal Fernández caminaba el sábado pasado por la calle Juana Manso. Será que en Puerto Madero la inseguridad es nomás una sensación: iba sin custodia y mirando el suelo. Eran las 23 y se oyó un grito en la noche. "¡Chorro de mierdaaaaaaaa!" La estocada venía del salón de usos múltiples del Madero Center, "La Rosadita", edificio emblema del Gobierno, donde un grupo de invitadas a un cumpleaños de 31 acababa de salir a fumar.

El senador siguió por la vereda, indiferente a otros dos curiosos que lo seguían. "¡Aníbal, Aníbal!", lo llamaban. Habían salido de un recinto contiguo a la fiesta, donde se celebraba otro cumpleaños, pero de 40. Molesto, Fernández se dio vuelta por fin: "Me están boludeando, ¿no?", increpó. "No, no, ¿podemos sacarnos una foto con usted?", dijo uno. "Claro, y yo soy un boludo", desconfió el funcionario. "No, no coincido con el Gobierno, pero a usted lo respeto", insistió el otro. El senador accedió y, en plena sesión fotográfica, partió del primer grupo festivo un nuevo latigazo: "¡Devolvé la guita, ladróooooon!". Ahí sí, bajó la cabeza y se fue.

Al kirchnerismo le quedan dos años para convivir con estas contradicciones. Un creciente clima de fastidio se advierte no sólo en el resultado de las primarias, sino en entornos hasta hace poco bien dispuestos, como el mundo empresarial. La celebración por el Día de la Industria, encabezada el miércoles en Tecnópolis por Cristina Kirchner, forma parte de las ironías de nuestro establishment : se hizo casi sin industriales de peso.

Cristiano Rattazzi, uno de los pocos de fuste, contribuyó esa noche a esta metáfora del poder. A modo de broma, mientras pasaba entre las mesas, recibió un abrazo compulsivo del vicepresidente Amado Boudou, que lo sumó a una foto poco afín con el líder de Fiat y MBA de Harvard: Rattazzi, Boudou y miembros de La Gelbard, agrupación fiel al proyecto nacional y popular.

Son tiempos complicados. Jorge Brito, dueño del Banco Macro, acaba de pedir licencia a la presidencia de Adeba, la cámara que representa a los bancos de capital privado nacional. Busca evitar trasladar a ese sector el costo de sus últimas intervenciones públicas y los retruques de Cristina Kirchner. No renunció, sólo pidió licencia, algo que le permite seguir en la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban) y, al mismo tiempo, evitar encontronazos aquí.

Brito era uno de los últimos propietarios presidentes de cámaras. Esas entidades han optado en estos años por elegir como caras visibles a gerentes o lobbistas. Luis Pagani, Alfredo Coto o Enrique Pescarmona forman parte de una generación que lo intentó, pero que abandonó en la última década la primera línea corporativa.

Hace tres años, Brito se habría desvivido por un encuentro con Cristina. Ella lo recordó ese día, delante de Norberto Peruzzotti, que había ido por Adeba, con una alusión obvia. Fue cuando Claudio Cesario, jefe de la otra asociación de bancos (ABA), negó que el sector estuviera impulsando una devaluación porque esas corporaciones no tienen, dijo, posiciones en dólares, y agregó que Mercedes Marcó del Pont estaba ahí para testificarlo. "Bueno -contestó la Presidenta-, los bancos como empresas no sé, pero algunos en particular las tienen."

Los hombres de negocios la intuyen resignada. Cuando les pidió comprometerse con el proyecto, volvió a hacerlo de un modo elocuente. Les dijo que había que optar entre un modelo con metas de crecimiento, que ella encarna, u otro con metas de inflación, y que había que consolidarlo hacia el futuro. "Yo no soy eterna", reforzó.

Pero toda defensa del modelo se vuelve ardua incluso para quienes lo construyen. Miguel Pichetto, jefe de la bancada oficialista en el Senado, mostró estas ambivalencias después de los escándalos de Mariano Recalde, el CEO de Aerolíneas que generó revuelo con el video de sus insultos a legisladores y sus pretensiones de quitarle rutas a LAN. Pichetto, que venía de pedirle disculpas al recinto por esos exabruptos, frenó el miércoles a Gerardo Morales y a Liliana Negre de Alonso, que insistían con un desagravio. "Recalde dijo que valora y respeta la opinión de los señores senadores", respaldó Pichetto. Al día siguiente, a las 19, se embarcó rumbo a Bariloche sin rencores ideológicos. Lo hizo en el vuelo 4354 de LAN.

A diferencia de lo que ocurría en otras épocas, el desconcierto viene ahora desde adentro. Intendentes del Frente para la Victoria abordaron a Oscar Parrilli y a Carlos Zannini con un pedido explosivo: que se vaya Guillermo Moreno. Pero el miércoles, en la reunión con empresarios y delante de un secretario de Comercio siempre mudo, Cristina se explayó en la necesidad de "administrar el comercio".

Los desencuentros de Moreno son más bien con la economía real. Ayer al mediodía, un grupo de molineros intentó entrar por la fuerza en el edificio de Diagonal Sur en el que trabaja el secretario, lo que llevó a la policía a trabar las puertas giratorias. Protestaban por despidos de unos 1000 trabajadores en González Catán y, en el alboroto, tomaron un canto al que Moreno solía sumarse en la crisis rural de 2008: "Gorila puto, vas a pagar las retenciones del gobierno popular". Ayer, con idéntica melodía y letra nueva, cantaron: "Olé, oléeeeeeeee, /olé, olaaaaaaaaa; /mirá, Morenoooooo,/ qué populaaaaaaaar,/ hoy los molinos ya no pueden trabajar". Ante la intriga de una empleada, un policía explicó: "Quieren hablar con Moreno; no los vamos a dejar pasar".

El rechazo a Moreno explica el desdén empresarial hacia el Gobierno. ¿Cómo seguir la pelea contra las corporaciones? Pasos recientes acreditan una tregua. Anteayer, parte de la militancia vio en una simple resolución administrativa del ministro de Transporte, Florencio Randazzo, la oportunidad de levantar banderas: se abría un lapso de 90 días para revisar servicios ferroviarios. Ignacio Copani lo celebró en Twitter. "Estatización del FFCC Mitre y del Sarmiento... in your face, Neustadt", se entusiasmó el autor de "Lo atamo con alambre".

Pero la medida podría en realidad cumplir anhelos privados. Hace tiempo que los grupos Roggio y Emepa prefieren estar, como indica la resolución, en la órbita de Randazzo antes que en la de Julio De Vido. Se podría analizar además una vuelta al esquema de concesión que las prestadoras mantienen en otras líneas, pero no en el Sarmiento ni en el Mitre, donde reciben una suma fija independiente de los pasajes vendidos. La conversación será seguramente distinta de la que tuvieron hace casi dos años cuando aceptaron, a regañadientes, el Sarmiento después de la tragedia de Once.

Mientras se apaga, toda gesta incluye creyentes a quienes habrá que avisarles que la epopeya terminó.

© LA NACION.

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