Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí
 
lanacion.com | Las noticias que importan y los temas que interesan
Ver página en pdf

La compu

Memorias encontradas durante una mudanza

Tecnología
 
 

Como seguro saben, en estos días el diario mudó su sede a Vicente López. Hube de hacer, pues, alguna depuración de mis archivos, por llamarlos de alguna manera. Era eso o contratar un contenedor de los que se ven por la avenida Madero a bordo de camiones inmensos.

Es que, días más, días menos, se han ido, desde que entré al diario, 19 años. Y ya saben cómo es. Vas postergando el poner un poco de orden y tirar esas cosas que ya no sirven, hasta que la acumulación adquiere características aluviales.

Así que, lo confieso, esta columna sale en medio de un revoltijo de papeles, cajas y objetos de lo más diversos. Fue, no obstante, una interesante excursión arqueológica -no exenta de riesgo de aludes- de la que daré breve cuenta. (Un inventario completo sería, como mínimo, un abuso.)

Encontré, por ejemplo, una caja enorme con un Xenix que me regaló un lector hace muchos años y que ahora ocupará su merecido espacio en mi museo tecno hogareño. No era algo que hubiese olvidado, pero las dimensiones de la encomienda me habían hecho posponer el traslado.

El Xenix fue el Unix de Microsoft (adquirió la licencia en los 70 a AT&T) hasta que en 1987 transfirió los derechos del sistema operativo a Santa Cruz Operation a cambio de una participación del 25% en la compañía.

Esta histórica versión de Unix, en su momento una de las más difundidas, ocupa sólo dos cajas de diskettes de 5,25 pulgadas. Los que se adueñan de la mayor parte de la caja y vuelven el paquete pesadísimo son los manuales. Impresos en papel y anillados. Una joyita.

También encontré un joystick analógico que debe tener no menos de 15 años y que traje para probar jueguitos en la prehistoria del suplemento Tecnología. Regresa a casa. No creo que vaya a usarlo, pero, esperen, lo que sigue seguro que ya no volverá a consumir electricidad.

Entre libros, papeles, versiones antediluvianas de programas de todo pelaje (AutoCAD y iLife, por citar sólo dos) y una ecléctica variedad de dispositivos y componentes (un floppy de 8 pulgadas que alguna vez mandó Verbatim, discos rígidos, lectores de huellas dactilares, teclados, ratones y 3 computadoras completas) apareció un cartucho SyQuest de (¿están sentados?) 44 MB. Es decir, un disco extraíble de 44 megabytes.

Al día siguiente, uno de mis amigos aquí en el diario, Quique Villegas, sabedor de mi debilidad por las reliquias de silicio, me dejó sobre el escritorio la unidad lectora para esta clase de discos y un cartucho de 88 MB. Las usaban los diseñadores en sus Mac vía SCSI. Publiqué una foto en Instagram del gigantesco equipo al lado de un smartphone actual ( http://instagram.com/p/eVFU63h14T/ ). La unidad de discos está fechada en 1996 y pesa 3,6 kilos. El smartphone es 15 años más joven, pesa 30 veces menos y tiene una capacidad de almacenamiento 180 veces mayor.

SyQuest se declararía en bancarrota en 1998, entre otras cosas por la llegada de los CD-R y las fallas en su serie SparQ. Algunas de sus divisiones serían adquiridas por Iomega. El CD-R a su vez empezó a retroceder por la aparición de los pendrives y la banda ancha, que permitió subir grandes archivos a la nube de Internet. Un negocio resbaloso el del almacenamiento.

Pasando revista

Otro hallazgo fue una pila de revistas Byte de la década del 80 que alguna vez traje para escribir una nota y luego se fue quedando. La edición que tengo aquí, sobre mi escritorio, ahora, mientras escribo esta columna, es de mayo de 1984. La nota de tapa es sobre cómo las computadoras pueden ayudar en diversas profesiones, tema que hoy sonaría entre obvio y delirante, porque, ¿acaso hay alguna profesión donde no se usen computadoras de alguna clase?

La gruesa revista tiene algunos recuerdos significativos. Nada más abrir el ejemplar, en las páginas 2 y 3 -la ubicación más aventajada de una revista-, hay un aviso a doble página de la Apple Macintosh, que había sido anunciada el 24 de enero de ese año, precedida por el célebre aviso de TV dirigido por Ridley Scott y emitido como parte del Super Bowl dos días antes, en la cadena CBS. Este aviso de 60 segundos costó 900.000 dólares (casi 2 millones de hoy) y continúa siendo no sólo una excepcional pieza de publicidad televisiva, sino una clásica movida de la Apple de entonces, con menos de 10 años de existencia y un Jobs en la cumbre de su hubris. Una hubris, eso sí, que destacaba por su diseño único, perfecto.

De hecho, en comparación con el resto de los avisos que aparecen en esta edición de Byte, el de Apple está un año luz por encima en estética y concepto; sólo los de Microsoft e IBM compiten con alguna dignidad.

Detalle: el remate del aviso de la primera Mac, junto al logo multicolor de la manzanita, dice: Pronto sólo habrá sólo dos clases de personas. Las que usan computadoras. Y las que usan Apples. El vaticinio se cumplió, aunque no, tal vez, como lo esperaba Jobs, cuya impronta se percibe en este mesiánico eslogan. Al fundador de Apple le quedaba, en el momento de publicarse este ejemplar de Byte, exactamente un año en la compañía.

Los ejemplares de Byte eran gigantescos. Este, en particular, tiene 578 páginas, incluida la contratapa, y sin contar los numerosos cupones de suscripción. Sesenta y cuatro de esas páginas son de avisos clasificados. De hecho, hay una doble página de la editorial explicando por qué hay tantos avisos en la revista. Los lectores se quejaban.

Por supuesto, la absoluta mayoría de las marcas que publicitan en esta edición de la revista ya no existe; es más, sólo reconozco unas pocas, y eso que para entonces ya estaba siguiendo de cerca el tema.

De las compañías que pusieron avisos en esta edición de Byte sólo un magro puñado todavía permanece en el mercado: Apple (que aparte de la doble antedicha tiene otras dos páginas sobre sus impresoras y una más sobre sus módem); Epson (una doble sobre sus computadoras y otra sobre sus impresoras); IBM (4 páginas); Microsoft (6 páginas); NEC (3 páginas); Toshiba; BASF y Maxell (por sus diskettes); Intel (con una doble página sobre su arquitectura x86); Texas Instruments (una de las más antiguas del negocio, fundada en 1930); Fujitsu; HP (que por entonces todavía firmaba Hewlett-Packard); Dow Jones (con un insert de 6 páginas sobre su software de negocios en lujoso papel ilustración); Juki (impresoras); RCA; Sharp; Zenith (marca hoy en manos de LG, pero que en mayo de 1985 todavía era la original fundada en Estados Unidos); Borland; Okidata y Compaq. Radio Shack ocupa la contratapa; casi siempre estaba en esa ubicación en la Byte. La retiración de la contratapa es de la corporación Itochu (C. Itoh) para sus impresoras StarWriter de 18 caracteres por segundo.

Hay también, claro, algunos difuntos célebres: el fabricante de módems telefónicos Hayes (con 3 páginas; fue liquidada en 1999); el desarrollador de software de bases de datos Ashton-Tate (4 páginas; fue comprada por Borland en 1991); Digital Research (la creadora del sistema operativo CP/M; adquirida por Novell en 1991); Kaypro (computadoras; quebró en 1992); U.S. Robotics (módems; se fusionó con 3Com en 1997; 3Com fue adquirida por HP en 2010); Sperry (que en 1986 se unión con Burroughs para formar Unisys); Digital Equipment (adquirida en 1998 por Compaq en 1998, que a su vez fue comprada por HP en 2002); Tektronix (instrumental para ingeniería electrónica; fue adquirida por Danaher en 2007); Wang (computadoras; se declaró en quiebra en 1992); Heathkit (hacían kits de equipos electrónicos; después de una larga ausencia está hoy en proceso de refundarse); Lotus (adquirida por IBM en 1995), y Compuserve (el primer gran proveedor de servicios en línea, hoy subsidiaria de AOL).

Programate algo

Tan interesante como la publicidad, y en casi todos los casos igualmente impregnada del saludable espíritu hacker de la época, es el sumario. La Byte no sólo traía las previsibles reseñas y artículos de fondo, sino también docenas de páginas de código fuente y circuitos.

En rigor, Byte y otras revistas de esa década fundacional estaban ensayando fórmulas editoriales en un terreno no cartografiado. La PC fue tan disruptiva que nadie tenía del todo claro qué clase de contenido podía interesarle a un público que 3 años atrás tenía en su casa, como mucho, una máquina de escribir (patente: 1867) y ahora jugaban con el poder de cómputo.

Así, el sumario de este ejemplar de Byte incluye notas sobre cómo mejorar el rendimiento de una PC con un coprocesador de 16 bits (sí, 16) y sobre cómo la radio por paquetes "promete comunicaciones globales de bajo costo". El futuro, por supuesto, iba a hacer la suya, como suele, y tales comunicaciones globales de bajo costo llegarían de un rincón inesperado que, no obstante, en 1984, ya estaba en marcha. En mayo de 1984 Internet tenía un año y cinco meses de vida.

Hay también reseñas de varios equipos, algunos que hoy se alinean nostálgicamente en la memoria de los más veteranos: la TRS-80 versión III y la Apple IIc, por ejemplo.

Los tutoriales son tan abstrusos que hoy sólo encontrarían su espacio en publicaciones universitarias o sitios especializados. Por ejemplo, cómo recolectar datos de laboratorio con una PC y técnicas de indexado de estructuras de árbol de final abierto.

Un columnista en particular hacía brillar, al menos para mi gusto, las ediciones de Byte: Jerry Pournelle, ingeniero aeroespacial y escritor de ciencia ficción cuyo estilo narrativo, literario, desenfadado y personal le daba un toque mucho más humano a la tecnología, y hacía que asuntos complejos se volvieran entretenidos. Sus textos eran de una extensión increíble. La columna de esta edición tiene 9 páginas. Nueve páginas que es un placer leer. Que todavía hoy es un placer leer. Aunque, eso sí, ninguno, ni el gran Pournelle, que hoy tiene 80 años, está a salvo de errar en las predicciones. En la edición que tengo aquí sostiene que no confía en los discos duros y que hasta que no tiene sus documentos de texto en floppies, no se siente tranquilo.

Más de una década después, cuando me tocara crear La compu para la nacion, las imperdibles columnas de Pournelle fueron, lo sé, una influencia decisiva..

TEMAS DE HOYLa muerte de Marisol OyhanarteNarcotráficoInflación y preciosEl caso de Lázaro Báez