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El pulso económico

Dejarle problemas al sucesor le quita poder a Cristina

Economía

Los pesimistas imaginan un combate feroz que puede llevar a la Argentina al descalabro: quienes creen que van a sucederla, presionando a la Presidenta después de la derrota electoral para que haga el ajuste. Ella, perseverando en sus políticas populistas y cebando la bomba de la actividad económica con más y más desequilibrios. La apuesta presidencial sería que todo le explote al sucesor.

La de los que se imaginan sucesores, que todo le estalle a ella. Y ella, piensan muchos, que si ve que todo se desbarranca, apelará a la huida victimizadora, con la idea de volver, de decir que no la dejaron, que le dieron un "golpe económico" como a Raúl Alfonsín.

Muchos hacen equivalencias con el final de 2001, y hay muchas. Las cuentas en rojo intenso, la imposibilidad de tomar crédito externo, el agotamiento del crédito interno, la escasez de dólares y la creciente necesidad de divisas para hacer monumentales pagos al exterior.

Políticamente, habrá un gobierno derrotado y que por número o por "garrochismo" (la ingeniosa frase del analista Jorge Asís, que describe así el traspaso de dirigentes oficialistas a la órbita de Sergio Massa) ya no tendrá el control parlamentario que tenía.

Pero hay diferencias muy importantes respecto de la crisis de principios de siglo, señalan los más moderados dentro del peronismo.

La más obvia es que, a diferencia de 2001, el peronismo está en el poder y quiere quedarse. En aquel entonces el peronismo estaba en el llano y quería volver. Y numerosos grupos empresarios, cuya cara más visible era José Ignacio de Mendiguren, exigían la devaluación.

 

Lilita Carrió abona también la teoría del golpe y recuerda 2001. Y ofrece numerosas pistas de las presiones que se juegan. Los peronistas moderados creen que el partido y, sobre todo, el movimiento, ya abandonó a Cristina Kirchner, pero que no la empujará para sacarla del cargo y apurar una catástrofe económica. La lógica es que a la debacle económica le seguiría la política, y eso pondría en riesgo las oportunidades del propio peronismo para quedarse en el poder.

Parece además iluso pedirle a un gobierno debilitado, con fecha de vencimiento, que tome medidas de ajuste importantes, que, por definición, requieren un enorme respaldo.

Opción suicida

Como lo demostró el Rodrigazo (la crisis que en 1975 inició la salida del gobierno de Isabel Perón), una administración débil y que ha perdido el respaldo electoral no puede corregir todos los desajustes económicos en un solo día. Sería suicida.

La idea de que todo deberá ser arreglado por el próximo presidente le quita más poder a Cristina Kirchner y lleva más las miradas a Massa o al gobernador bonaerense, Daniel Scioli.

Quienes podrían sufrir los rigores de las correcciones quieren sentarse a la mesa de los eventuales sucesores cuanto antes para tratar de evitar o aliviar el sacrificio que les toque.

Pero la economía muestra problemas todos los días. Basta que el clima empeore las condiciones de navegabilidad del Río de la Plata y el Paraná para que los barcos que traen el gas importado no puedan entrar a puerto y el país camine por la cornisa de un apagón catastrófico. Ésa es la herencia del arquitecto Julio De Vido, con muchos más desaciertos y daños que Guillermo Moreno, y que sin embargo sigue en el cargo.

Para la consultora Analytica, el país no tiene otra forma de hacerse de dólares que no sea el saldo favorable de la balanza comercial, que no pasa por su mejor momento.

La Presidenta ha hablado de "deuda buena" para financiar obras públicas desde su discurso inaugural de las sesiones ordinarias del Congreso, en marzo pasado, pero hasta ahora no dio muestras de avanzar en esa dirección.

La espada de Damocles de los fallos de la justicia de Estados Unidos por los reclamos de los fondos buitre pende sobre cualquier operación de financiamiento internacional. Como también los reclamos de la petrolera española Repsol y del Club de París por la deuda que aún sigue en default con ese grupo de países.

Dibujos

El cristinismo ha cerrado a cal y canto la salida para todos y cada uno de los problemas que le aparecieron o en los que se metió solo.

Las estadísticas que dibujan un crecimiento imposible en una economía estancada, inflacionaria y desfinanciada son tal vez un intento de decir que el cepo cambiario y las trabas a las importaciones no paralizaron muchas actividades y llevaron al desastre electoral al oficialismo.

Son, además, una irresponsable manera de pagar miles de millones de dólares que el país no tiene a acreedores que no tienen derecho a ellos.

El kirchnerismo que destruyó el Indec llenándolo de hordas de patoteros y de funcionarios de más que evidente insolvencia técnica para falsificar estadísticas y pagar menos deuda ahora usa los mismos recursos para pagar más, al exagerar las mediciones de variación del PBI.

Con los cambios en la forma de presentar la declaraciones juradas de los funcionarios públicos para impedir que se sepa cómo se enriquecen, el cristinismo probablemente impedirá saber cuántos están comprando cupones atados al PBI para aprovechar el "regalo". Será en detrimento de los necesitados a los que se dice beneficiar poniendo junto a sus miserables casillas una sede de la Secretaría de Cultura y un mural..

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