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Un tuit caprichoso y sofisticado

PARA LA NACION
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Silvia Hopenhayn
Miércoles 25 de septiembre de 2013
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En la era de los tuits, vale anotar algunas frases de David Markson. Acaba de aparecer Esto no es una novela , un libro escrito en la misma línea que su anterior La soledad del lector (traducidos ambos por Laura Wittner para La Bestia Equilátera).

¿Novela de reverencias o referencias de novela? La pregunta es una forma de anticipar su lectura. Hay de todo menos extensión. No llegan a aforismos (lo son, casi, y feroces), sucintos epitafios, comentarios al margen (de la historia, de la biografía), exaltaciones, hartazgos; parecen frases o palabras al voleo, que no lo son tanto en su conjunto, ya que responden a una posición vital: la lectura (de lo que sea) y sus consecuencias (cuales fueren).

Conocido en un principio por sus novelas policiales (y sus célebres amistades, entre ellas Malcolm Lowry, Dylan Thomas y Jack Kerouac), en la última década del siglo pasado Markson experimentó con otros géneros más ligados a una filosofía o puesta en escena de la escritura. Como si estuviera jugando con el dolor de una biblioteca viviente.

En Esto no es una novela (alusión directa al cuadro de Magritte Esto no es una pipa ), se cruzan toda clase de personajes (reales y de ficción), en una suerte de fresco de la cultura de todos los tiempos, donde conviven valores y desprecios. No parecen ser citas apócrifas, más bien causas o motivos: los más frecuentes son decesos (los hay en todas las páginas: "John Milton murió de gota", "Flannery O'Connor murió de lupus", "Lautréamont murió de tuberculosis a los veinticuatro"). O comentarios célebres tomados de biografías, que se combinan con caprichos, atribuciones y una suerte de teoría de la novela que se intercala en tanto anhelo: "Una novela enteramente sin símbolos" o "sin temas sociales, es decir, sin retrato de la sociedad" o "sin descripción de las maneras y/o moral contemporáneas".

En La soledad del lector , Markson advertía: "¿Una novela de referencias y alusiones intelectuales, por así decir?". Es más que un listado: se trata de un verdadero paseo por la colección de un escritor. Los retazos de su memoria, sus furias y amoríos literarios (él mismo incluye la frase: "La vida consiste en lo que una persona se pasa el día pensando, dijo Emerson").

El libro resulta divertido y por momentos exasperante. Cada anotación es la punta de un ovillo; la vida -o sea, los enredos- de una persona, por más sencillo que parezca: "Wittgenstein tocaba el clarinete. Lowry tocaba el ukelele" o "Kafka era vegetariano". Hay encontronazos de contemporáneos ("Nietszche sobre George Sand: una vaca que escribe"); están casi todos los filósofos griegos, sus pensadores favoritos; Leibnitz o Wittgenstein; hay cargadas a Harold Bloom; pintores de todos los tiempos, como Piero Della Francesca, Diego Rivera, Goya, Van Gogh, Kandinsky, Bacon. Y también hay nombres que aparecen quizá por el simple placer del autor de escribirlos, sin ningún calificativo, como "Jean Amour" o "Martha Argerich", nada más. E irrupciones: "Otra vez el Escritor hablando solo".

No tengo cuenta en Twitter (apenas distingo el piar de un canario), pero para mí Esto no es una novela es un tuit. Y se lee de corrido.

© LA NACION

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