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El fantasma del estallido social asusta a Venezuela

Se teme una rebelión popular por la crisis económica

Domingo 29 de septiembre de 2013
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PARA LA NACION
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CARACAS.– La Venezuela política repite hoy dos palabras que juntas eran, hasta hace muy poco, tabú. Ya sean opositores o chavistas, ya sea para negar la posibilidad del temido "estallido social" o para olfatear una chispa previa, el fantasma del Caracazo, la rebelión popular que, en 1989, cambió la historia del país, planea sobre la revolución bolivariana.

"Es tiempo de evitar un segundo 27 de febrero [día en el que comenzó el Caracazo]", se lee incluso en la web chavista Aporrea. "Trato de contener, pero llega un momento en que la conflictividad social por la falta de respuesta oficial es incontenible", dijo incluso Henrique Capriles.

Durante su viaje a Miami, hace dos semanas, Capriles no eludió el tabú de tanto tiempo y se atrevió a afirmar con vehemencia que el gobierno de Maduro estaba creando las condiciones para un "estallido social" en medio de la crisis alimentaria, la escalada de la inflación y la violencia urbana desatada e incontrolable.

"Hay quienes se atreven a decir que estamos en 1988", resumió para LA NACION el consultor político Edgard Gutiérrez. Abierta la veda, los líderes revolucionarios se sumaron al debate para retorcerlo. Nicolás Maduro se defendió con su ya habitual teoría de las conspiraciones: "El objetivo de la guerra económica es crear las condiciones para un estallido social".

El delfín de Chávez desplegó una nueva cortina de humo, pese a que desde principios de año conoce un documento interno de expertos bolivarianos, que le alertaban sobre una "bomba atómica económica que ya prácticamente estalló, debido a las políticas económicas inadecuadas de nuestro equipo económico".

Desde el poder establecido "se habla cada vez más de explosiones sociales, de sacudones, de disturbios, y aunque lo hacen a modo de denuncia de supuestos planes conspirativos, el punto es que tienen el asunto de la explosión social en el centro de las entendederas y también de las angustias", advirtió Fernando Luis Egaña, profesor universitario y politólogo.

Quien con más contundencia lidera el pelotón revolucionario en el uso del estallido social como excusa es, una vez más, Diosdado Cabello, presidente de la Asamblea.

"Si crees que por la vía de un estallido social, tú [Capriles] vas a ser presidente, estás ¡bien pelao! Si acá llega a suceder algo de eso, el pueblo sabe a dónde debe ir y al lado de él estaremos nosotros", sostuvo Cabello.

Una cadena de acontecimientos se confabularon anteayer para elevar el termómetro de las dudas. En Caracas, un camión lleno de carne se estrelló en Los Ruices. Una marabunta de personas saqueó el vehículo sin contemplaciones, incluso con el chófer moribundo en el interior de la cabina.

En Valencia, a 170 kilómetros de la capital, otro camión lleno de cerveza fue desmantelado por un grupo de ciudadanos. La misma suerte corrió un camión accidentado que portaba gaseosas en el centro del país.

Es el horror llamando a la puerta del país y, más de una vez, atravesándola. Como en La Aceitera de San Mateo, del Municipio Bolívar, donde, la semana pasada, dos hermanas lucharon de forma salvaje por un paquete de harina. Una de ellas, Rosibel González, de 18 años, perdió a su bebe de seis meses.

"La olla de presión está llegando a su límite. Hay evidencias aquí y allá", opinó Rafael Uzcátegui, un conocido defensor de los derechos humanos.

La semana que viene se cumplen siete meses de la muerte del ex presidente Hugo Chávez en el peor momento económico y social de la revolución de la última década.

Emergencias

El país vive en "emergencia económica, alimentaria y eléctrica" decretada por el gobierno.

Los casi 100.000 millones de dólares que ingresan por la venta del petróleo no son suficientes para paliar la escasez y el desabastecimiento de alimentos (aceite, carne, lentejas, margarina, frijoles, queso, harina, leche...) y productos básicos, que provoca largas colas y mucha "arrechera", palabra que el venezolano utiliza para resumir su estado de enfado.

La mitad de los hospitales padecen "cierre técnico" y sobreviven con una tercera parte de las camas, sin insumo ni equipos; el 70% de las rutas presentan problemas de mantenimiento y los cortes eléctricos continúan después del gigantesco apagón nacional de principios de septiembre.

Pero si algo sufren en sus carnes las clases populares, además de la escasez (que superará el 45% de subida al final del año, una de las más altas del mundo) y de la inflación que sube los precios cada semana, es la violencia que devora a una sociedad en la que la muerte se convirtió en algo tan cotidiano como la vida.

"La realidad económica está por desbordar al gobierno y puede producir un colapso", señaló Leopoldo Puchi, agudo analista cercano a las posiciones del gobierno.

Rocío San Miguel, presidenta de Control Ciudadano para la Seguridad, la Defensa y la Fuerza Armada, fue aún más vehemente en su artículo de opinión del jueves pasado.

"En Venezuela, o hay diálogo para la paz, con reconocimiento y respeto para la oposición, al disenso y a la crítica, o hay estallido social, como advierte Cabello. Un tema urgente, por cierto, que ya empieza a discutirse en el seno de la fuerza armada nacional..."

Distintos caminos y varios atajos que conducen a la misma pregunta: ¿es posible un nuevo Caracazo en la Venezuela bolivariana? Quien se atrevió a contestar es el sociólogo Luis Pedro España.

"Los alzamientos populares tipo 27 de febrero son casi imposible que se vuelvan a repetir, eso no quiere decir que los ciudadanos no se sientan afectados por la caída del ingreso y la merma del consumo, porque eso está generando muchos niveles de descontento entre la población", resumió España.

La rebelión popular contra las medidas económicas de Carlos Andrés Pérez hace 24 años provocó la respuesta violenta de ejército y policía, y la muerte de entre 300 y 3000 personas.

Nunca se sabrá la cifra real. El Caracazo cambió el rumbo de Venezuela, nada de lo sucedido posteriormente (la caída de la IV República y el nacimiento de la revolución bolivariana) se explica sin las horas más convulsas de la historia reciente venezolana.

"Hoy tenemos una situación política totalmente distinta: todos los días hay muchas protestas, pero no pasa nada. Pareciera una válvula de escape. Debe correr todavía bastante agua bajo el puente", vaticina Gutiérrez.

No hay dudas: Venezuela está que arde. Pero para muchos, el verdadero antídoto para que no se produzca un nuevo Caracazo es precisamente el recuerdo del propio Caracazo. Por el momento...

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