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Gratas sorpresas

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PARA LA NACION
Jueves 03 de octubre de 2013
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Orquesta sinfónica nacional / Director: Christian Baldini / Solista: Sami Merdinian, violín / Programa: obras de Civilotti, Saint-Saëns, Strauss y Shostakovich / Sala: Auditorio de Belgrano.Nuestra opinión: muy bueno

El concierto que dirigió Christian Baldini de la Sinfónica Nacional, aportó variadas sorpresas, la mayor parte muy satisfactorias y una particularmente original, como la registrada cuando a la entrada se advertía sobre la inexistencia del programa de mano ya que "no habían llegado". La perspectiva de escuchar un concierto a ciegas no logró desanimar al público, tal vez, porque le permitiría ejercitar sus facultades de adivinación. El vacío informativo fue cubierto, en parte, cuando el director anunció de viva voz los títulos de las obras.

Pero la ley de las compensaciones se cumplió y pudo asistirse a una experiencia musical de empinado nivel, protagonizada por una orquesta con la totalidad de sus recursos puestos a prueba, a través de obras con interés acrecentado por óptimas interpretaciones. En primer lugar, la "Elegía por Julia Ponce", un homenaje a la abuela del platense Alejandro Civilotti, lejanamente inspirada en la pieza "Lavapiés" (el barrio madrileño) incluida en la Suite Iberia , de Albéniz. En cambio, más cercana al clima del Concierto para orquesta , de Bartók, al que por cierto no le debe nada, porque la obra de Civilotti exhibe notable individualidad imaginativa, con un clima emocional muy estable y un manejo de sonoridades inéditas que atrapan la atención hasta el final.

Sami Merdinian y Christian Baldini
Sami Merdinian y Christian Baldini. Foto: Rodrigo Néspolo

El arrollador Tercer concierto para violín de Saint-Saëns, tuvo en el muy joven cordobés Sami Merdinian un solista que fue capaz de lograr el mismo meritorio equilibrio entre la expresión cantábile y la impetuosa, que en esta obra lleva el instrumento hasta su umbral de resistencia. Esto demuestra su buen control nervioso y su claro concepto interpretativo. Tiene un sonido muy grato y consigue brillantes destellos. No se dejó arrastrar por el virtuosismo y desplegó notable vuelo. Ya es un excelente violinista, cosa que ratificó en su bis, la Zarabanda de la Partita Nº 2 , de Bach.

El magistral Poema sinfónico Don Juan , de Strauss y el festín de ideas musicales que es la Obertura festiva de Shostakovich, tuvieron trascendentes interpretaciones. Igual que en la "Elegía" de Civilotti y en el Concierto para violín , la Sinfónica respondió a las demandas del director con irreprochable calidad. La mano, aún muy joven, del marplatense Christian Baldini inyectó ánimo y brío. No forzó los tiempos y se mostró particularmente pulcro.

Su refinamiento no colisionó con su profesionalismo advertido en la manera de llevar las progresiones dinámicas. La orquesta alcanzó inesperada dimensión sonora y sus solistas de todas las filas brillaron muy especialmente. A poco de empezar el concierto, todos tuvieron la convicción y la seguridad de que en la tarima había un consumado director.

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