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Hombres valientes en una historia de silencio

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LA NACION
Viernes 11 de octubre de 2013
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"El silencio fue más grave que el abuso", me dijo Tupa Belgrano en nuestro primer encuentro. Era una mañana soleada y estábamos en el jardín de la casa que alquilaba en Beccar.

No nos conocíamos y había ido a verlo para preguntarle si quería participar del libro que estaba arrancando, una investigación sobre cómo y por qué se ocultaron los abusos a los que él, su hermano Juanqui y otros ex alumnos del San Juan el Precursor habían sido sometidos a inicios de los setenta.

Tupa accedió y no sólo compartió sus recuerdos sino que me puso en contacto con el resto de su familia. El secreto que le había carcomido la existencia durante largos años al fin estaba derrumbándose y él era histriónico y muy directo para relatar las circunstancias de su vida. Hablar era una forma de sanarse.

Me parece que en esa charla fue cuando me contó que Bautista, su hijo menor, que tiene síndrome de Down, estaba cursando el jardín de infantes en el San Juan. Me sorprendí, nunca me imaginé que eligiese para su hijo el mismo colegio en cuyas aulas conoció a su abusador, Peter Malenchini, que había sido su profesor de Plástica. Él admitió que también tuvo dudas al principio, pero lo convenció el hecho de que el San Juan tuviese un muy buen programa de integración para chicos como Bauti. La decisión, me dijo, había sido la correcta. Las maestras lo adoraban, lo mismo que sus compañeros. Bauti hacía enormes progresos y era feliz cuando iba a clase.

Soy ex alumno del San Juan y podía entender aquellas características contenedoras del colegio, el más tradicional de San Isidro. También tenía muy presente la educación sexual retrógrada y muy centrada en la represión que, por lo menos en mis años (egresé en 1991), se nos transmitía. La tesis que desarrollo en el libro es que ese espíritu pueblerino y oscurantista había sido una causa importante para que los abusos de Malenchini quedasen impunes.

La idea no es muy popular en ciertos sectores tradicionales del colegio y por eso me sorprendí cuando la semana pasada recibí el llamado de Eduardo Cazenave, actual rector del San Juan, en mi celular. Había leído el libro y quería conversar. Lo vi hace tres días en el colegio y me dijo lo mismo que luego escribió en la carta que mandó a todos los egresados. Que lo único que correspondía era pedir perdón y que eso era lo que pensaba hacer.

Hablé con muchos ex alumnos y todos coinciden en la relevancia del gesto. En esta historia hay mucha mezquindad, mucho silencio. También hay un puñado de hombres y mujeres valientes. Los hermanos Belgrano, su madre y Charly Gontad (otro de los abusados, el primero que lo hizo público) son algunos de ellos. Cazenave se acaba de sumar a la lista.

El autor es periodista y autor de El secreto de San Isidro

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