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Sobre los peligros del marketing de guerrillas

Julián Gallo

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PARA LA NACION@gallo1
Martes 15 de octubre de 2013
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El admirable ingenio de Greenpeace y sus colaboradores es tan grande como la efectividad de su comunicación. Pero la organización también tiene un controvertido lado temerario que atraviesa un límite incierto entre lo correcto y lo cuestionable. Sus famosas intervenciones marítimas contra barcos balleneros y plataformas petroleras están en esa categoría.

Son acciones espectaculares, épicas, emocionantes, pero muchas de ellas ilegales y potencialmente mortales. De continuar realizándolas, en algún momento un miembro de Greenpeace sufrirá consecuencias permanentes o morirá. Entonces, la estrategia de comunicación de la organización deberá ser revisada por completo. Tal vez ese momento ya haya llegado. La acción negligente llevada a cabo en el Ártico sobre la plataforma petrolera de la empresa Gazprom que terminó con la detención de dos periodistas independientes y 28 activistas de Greenpeace -entre ellos dos argentinos- podría ser el límite necesario para abandonar para siempre las prácticas que pongan en peligro la vida o la libertad de sus miembros.

Greenpeace debería reflexionar sobre estos hechos y en adelante preferir la seguridad física y jurídica a cualquier efecto comunicacional. Ellos dicen hacerlo, pero esta vez fallaron escandalosamente. La detención de los argentinos Camila Speziale y Hernán Pérez Orsi y otros 28 miembros de Greenpeace incluyó disparos de armas de fuego. Si se los llega a condenar por "piratería en banda organizada", cargo del que se los acusa, podrían estar hasta 15 años en prisión.

Una parte de la opinión pública toma con liviandad el futuro de estos detenidos. Están convencidos de que las autoridades rusas cederán ante la presión internacional y a los numerosos pedidos de indulgencia. Anteponen en su razonamiento, como hace Greenpeace, el carácter genuino que tienen el reclamo por el medio ambiente y la metodología tradicionalmente pacífica de la organización. Pero ni las buenas causas ni la paz son una garantía en el mundo real para que los desenlaces sean felices.

Los antecedentes de la terquedad rusa, capaz de hacer retroceder al mismo ejército de Estados Unidos en Siria, y su imperturbable tenacidad, que soportó en el pasado el asedio de Napoleón y Hitler, hacen sospechar que la situación de los detenidos en ese país es imprevisible. No hay ninguna garantía de que si la justicia rusa condena a los activistas los pedidos de miles de personas, de Cristina Kirchner o del mismo papa Francisco, logren cambiar la situación.

La estrategia de comunicación de Greenpeace (de eso se tratan estas acciones) cometió un error irreparable resultado de su ingenuidad o de su arrogancia. Greenpeace no debe buscar héroes muertos o presos para comunicar sus justas causas, porque tarde o temprano los va a encontrar.

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