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Sublime comedia barroca

Viernes 25 de octubre de 2013
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PARA LA NACION

Ficha técnica: El gran teatro del mundo / Autor: Pedro Calderón de la Barca / Dirección: Francisco Civit / Elenco: Karina Antonelli, Gabriel Yeannoteguy, Pablo Aparicio, María Zambelli, Alejandro Zingman, Sebastián Saslavsky, Natalia Olabe, Miguel Rausch, Irina Rausch, Gabriela Calzada / Escenografía: Marina Apollonio / Vestuario: Rubén Dellarossa / Iluminación: Facundo Estol / Sala: ElKafka, Lambaré 866 / Funciones: viernes, a las 23.15 / Duración: 70 minutos.Nuestra opinión: muy buena

Ya lo decía el sapientísimo Shakespeare en Como gustéis , a fines del siglo XVI: "El mundo es un teatro y todos los hombres y mujeres, simplemente comediantes?". Entre 1633 y 1636, Calderón de la Barca -tan genial como fecundo- escribió el auto sacramental El gran teatro del mundo : sin duda, una de las más altas expresiones del género, donde expone la vida humana como una representación teatral, desde la cuna hasta el sepulcro. Lo hace a través de la actuación sin ensayo previo de una serie de personajes recién creados, a los que el Autor soberano (Dios) asigna roles arquetípicos y otorga cierto albedrío. Al final de la función, según las acciones cumplidas, habrá premios y castigos en el más allá.

En esta sublime comedia barroca donde el humor y la gravedad marchan admirablemente de la mano, se plantean bajo la forma de alegoría temas característicos del Siglo de Oro (y de otros siglos): el sentido de la vida, la fugacidad del tiempo, lo inevitable de la muerte. A los que se suma cierta problemática desde que el mundo es mundo (es decir, teatro): el abuso de poder, las desigualdades sociales, la falta de compasión, la religión practicada con fanatismo, la vanidad por la efímera belleza exterior?

Lejos de achicarse frente a tamaño material, el joven director Francisco Civit -que ya había estrenado en 2011 una estimable versión de El castigo sin venganza , del inmediato antecesor de Calderón, Lope de Vega- tomó decisiones inteligentes y de oportuna creatividad para relacionar al espectador de hoy con un texto en verso de difícil métrica, de exuberante lenguaje preciosista, grávido de múltiples referencias y de pensamientos filosóficos. Como primer acto de arrojo, Civit dispuso respetar a pleno la dramaturgia; en segundo término, optó por imaginar que la pieza era representada en una fiesta por el elenco de un pueblo, que se tiene que arreglar con lo que pueda para armar el espectáculo. Merece destacarse que el director trabajó dos años en esta puesta, pasando por varias etapas, y el resultado obtenido da cuenta de esa minuciosa preparación que incluye la invención de números musicales de distintos géneros, gracias a que el notable elenco tiene en distinto grado nociones de música.

Fiel al texto escrito, Civit se toma refrescantes licencias: por ejemplo, antes de que "dé voces" el Autor, hay una mujer en enagua y bata haciéndose una suerte de toilette mientras entona hermosamente el aria "Quiarespexit", del Magnificat de Bach. Se trata del Mundo, personaje habitualmente encarnado por un hombre, pero que en esta versión es una mujer que inicia la obra con un cántico donde la Virgen enaltece a Dios y le agradece haber sido elegida para gestar a su Hijo. Interrumpe el Autor de traje contemporáneo y anuncia que para celebrar su poder quiere una comedia representada por humanos en el teatro del Mundo. Ella dice lo suyo modulando versos fantásticos ("mil luminosos carbunclos,/que en la frente de la noche/ den vividores influjos?") y aparecen enfundadas de negro las siete almas convocadas. El Rey, la Discreción, la Hermosura, el Rico, el Labrador, el Pobre reciben sus atributos para desempeñarse en la obra titulada Obrar bien, que Dios es Dios . Cada personaje se comporta de acuerdo con su rol -con la vigilancia del Autor, el Mundo y la Ley de Gracia- y va aportando un número musical diverso. Una delicia constante de ritmo, gracia y libertad que se complementa de maravillas con el artificio escenográfico, con sus barcos y olas, soles y lunas de cartón pintado, sus carromatos y carritos estilizados, sus nubes que bajan mediante hilos? Toda una tramoya que remite con encantadora ternura a las representaciones originales de los autos sacramentales.

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