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Editorial I

El mensaje de las urnas: paz, unidad y moderación

Opinión

Es menester que la Presidenta amplíe su pequeño círculo de consejeros y que escuche el clamor ciudadano para enfrentar la inseguridad y la inflación

El resultado de los comicios legislativos de anteayer puede medirse tanto por el mensaje para la dirigencia política en general y para quienes gobiernan la Nación en particular que emerge de las urnas como también por el orden y la limpieza en que, en líneas generales, se desarrolló el acto eleccionario.

No es un dato menor que, a treinta años de la reapertura democrática, nada menos que el 79% de los electores habilitados para sufragar haya concurrido a las mesas de votación en una elección donde no estaba en juego la Presidencia de la Nación. Se trata de un porcentaje que se agranda, si se considera que, de acuerdo con las leyes electorales, no están obligados a votar los mayores de 70 años ni los jóvenes de 16 y 17 años que se anotaron en el padrón para ejercer por primera vez su derecho cívico.

Otro hecho relevante ha sido el gran número de ciudadanos que se ofreció para fiscalizar voluntariamente los comicios. La cantidad de fiscales voluntarios llegó a 43.000 personas, unas 5000 más que en las elecciones primarias abiertas del 11 de agosto, y ocho veces más que en los comicios presidenciales de 2011. Esta cantidad se sumó a los aportados por los propios partidos políticos.

Esta convocatoria, iniciativa de la Red Ser Fiscal, constituye un hecho trascendente para la República, por cuanto el control por parte de ciudadanos independientes de los actos electorales es uno de los reaseguros más importantes para lograr que los comicios se desarrollen con plena transparencia y libres de sospechas de fraude.

Se trata de un dato alentador para nuestra democracia, en tanto es representativo de un cambio de tendencia con respecto a la tradicional indiferencia con que, lamentablemente, un porcentaje no menor de la ciudadanía observa los procesos electorales, y de manera especial cuando estamos ante elecciones parlamentarias.

La entrega de instructivos electorales traducidos a lenguas de pueblos originarios, tales como el quechua, el mapuche, el mocoví, el qom y el pilagá es otra novedad de los últimos comicios. Fue una iniciativa de la Cámara Nacional Electoral y del Consejo Nacional de Políticas Indígenas que se hizo efectiva, como experiencia piloto, en Formosa, Chaco, Santa Fe, Buenos Aires y la Capital Federal. La traducción abarcaba información básica sobre cómo emitir el voto, al igual que instructivos para autoridades de mesa, y representa una manera de garantizar la inclusión de las distintas comunidades aborígenes que son parte de nuestro país en la vida democrática. Cabe esperar que estas experiencias piloto, a las que contribuyeron organizaciones no gubernamentales como la Fundación Americana para la Educación (Fundaedu), se profundicen en los próximos actos electorales.

Todos estos hechos positivos dan cuenta de una sociedad que muchas veces avanza más rápido que sus dirigentes y que ha dejado en las urnas un claro mensaje para sus gobernantes y para quienes, hoy en la oposición, aspiran a conducir los destinos de la Argentina en dos años.

El resultado electoral refleja que, ante todo, la ciudadanía quiere vivir en paz. Esta idea puede asociarse con la necesidad de dejar de convivir con los cada vez más habituales hechos delictivos y con el miedo generalizado que acarrea el flagelo de la inseguridad. Pero va mucho más allá de ese problema. Se relaciona con el deseo de poder trabajar en libertad en un país donde la libre circulación por el territorio nacional no dependa de hordas acostumbradas a desafiar el orden público mediante piquetes y cortes de rutas ante la indiferencia de las autoridades. Se vincula con la posibilidad de viajar en medios de transporte públicos eficientes y seguros; con la seguridad de que quienes delinquen dejen de entrar y salir por una puerta giratoria; con el ejercicio pleno de todas las libertades individuales, incluyendo el derecho a decidir qué hacer con nuestros ahorros sin que el Gobierno nos tenga que decir dónde invertirlos, y con la necesidad de que se instrumenten políticas que defiendan la moneda nacional con acciones antiinflacionarias genuinas y contrarias al derroche de los fondos públicos, antes que con medidas prohibicionistas para quienes requieren divisas para viajar al exterior. Se relaciona, finalmente, con la necesidad de combatir el narcotráfico antes de que sea muy tarde.

El mensaje de las urnas habla también de una ciudadanía que quiere decirle basta a un estilo de gestión autoritario y a un discurso revanchista. Es el mensaje de una sociedad que se ha hartado de la soberbia y los abusos del poder, que se han hecho carne en el "vamos por todo", y que reclama moderación, reconciliación y unidad.

Es de esperar que el golpe que el gobierno de Cristina Kirchner ha recibido en estos comicios, con su aplastante derrota en los cinco distritos más grandes del país, sirva para que las autoridades nacionales dejen de privilegiar un relato engañoso en detrimento de los problemas reales de la gente. Sería conveniente que, a la luz de lo sucedido en estas elecciones, quien gobierna el país, tan pronto como se recupere de su inconveniente de salud, amplíe su cada vez más pequeño círculo de consejeros y se disponga a escuchar a quienes le planteen con sinceridad las dificultades que afronta la Argentina y el mensaje profundo de las urnas..

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