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Una reacción que no suele ser espontánea

Jueves 05 de diciembre de 2013
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PARA LA NACION
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Los llamados "saqueos" son un ejemplo de violencia colectiva. Ésta, en tiempos presentes y pasados, suele fluir de los procesos políticos centrales de una ciudad, una provincia o un país. Y ha sido usualmente utilizada por quienes intentan apoderarse, retener o realinear las palancas del poder.

Los oprimidos la han utilizado en nombre de la justicia; los privilegiados, en nombre del orden; los del medio, en el nombre del miedo.

Ésa fue una de la conclusiones que el historiador y sociólogo Charles Tilly vertió en el reporte escrito por la Comisión Presidencial sobre las Causas y Prevención de la Violencia en el año 1969. La comisión presidencial tenía por objetivo comprender el uso de la violencia en los asuntos internos de los Estados Unidos.

Sería arriesgado (y creo, equivocado) aventurar que quienes participaron de los "saqueos" a los supermercados intentaron alterar el balance del poder en la ciudad de Córdoba. Sin embargo, la manera en que distintos actores hablan de la violencia colectiva -invocando necesidad, llamando al orden, expresando temor- reconoce paralelos con otros lugares y otros tiempos. La violencia colectiva rara vez es espontánea, suele ser relacional (esto es, nadie la ejerce de manera aislada, sino en conjunto con otros en los que confía, usualmente por pertenencia barrial, identidad generacional o alguna otra característica en común) y responde no a demandas insatisfechas, sino a oportunidades para la acción. La oportunidad hace al saqueador.

Las acciones de la multitud -a la que, como suele suceder, se la estereotipa con nombres como "vándalos" y "delincuentes"- apuntan a "injusticias" y "necesidades urgentes". ¿De qué injusticias hablan?

El antropólogo Pablo Semán acaba de retratar con singular precisión el contexto de desigualdad extrema que caracteriza a la ciudad de Córdoba: segregación, estigma, racismo, clasismo, todo sujetado por una policía que, de un día para el otro, dejó de ejercer su labor de control social ( http://pabloseman.wordpress.com/2013/12/04/cordoba-y-los-abismos-de-la-desigualdad ).

El abismo social que bien describe Semán condensa la violencia estructural que se devela en episodios de violencia colectiva. Está en el lector o la lectora ver los saqueos como una respuesta a aquella violencia estructural o como una expresión que merece ser temida o reprimida.

Profesor de sociología de América latina en la Universidad de Austin, Texas

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