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Florencia Bertotti reflexiona sobre Violetta

La protagonista de Floricienta celebra el fenómeno

Lunes 30 de diciembre de 2013 • 00:00
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PARA LA NACION
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Veo en Tini a una chica muy talentosa disfrutando de lo que hace. El trabajo, la voluntad y el empeño en lo que a uno le gusta se traduce en los buenos resultados de ese mismo trabajo. En este caso, el éxito de Violetta. Es inspirador, es plausible, y deja a la vez el mensaje de que el esfuerzo y la energía puestos en una misma dirección siempre conducen a algo positivo, se trate de un proyecto mínimo, grande o espectacular.

Pero, a fin de cuentas, más allá de la maquinaria y la producción que un programa pueda tener, para que algo trascienda tanto, siempre, pero siempre, se necesita primero alguien poniéndole el cuerpo y el corazón. Alguien haciendo y apostando, trabajando. Y esa persona es Martina.

Las historias para chicos que cuentan las dificultades y tropiezos de los personajes hacen que el público se identifique y que pueda tomar alguna enseñanza de esa experiencia representada. Por lo general se trata de finales felices con mensajes alentadores: a las buenas personas las cosas les terminan saliendo bien y a los malos les salen mal o, si por alguna razón les salen bien, de todas formas nadie los aplaudirá ni los querrá.

Con Violetta los chicos se vuelven locos, lo disfrutan, quieren usar ese color o se quieren vestir como ella…, y, si el programa, el espectáculo y las canciones traen aparejado un lindo mensaje, ético y conciliador, también es posible tomar todo eso como ejemplo. Algo que no hay que agrandar pero tampoco subestimar, porque para los chicos es muy importante, Sus personajes admirados se transforman muchas veces en modelos y referentes.

¡Martína canta divino! En el tema de la película Frozen está increíble. Trabaja muy duro, hizo giras por América latina y por Europa, asoma en figuritas coleccionables, hace notas y fotos para revistas, para televisión, tiene encuentros con chicos de acá y de allá... Puedo dar fe de que ese ritmo de trabajo es muy sacrificado y cansador, y que no se puede afrontar exitosamente si no se pone muchísima energía y dedicación. A su vez es algo disfrutable, placentero y extremadamente gratificante. Llegar a tantos lugares y ser recibido con tanto cariño es algo que quienes tienen la fortuna de transitar saben valorar y agradecer. Mucha gente, sobre todo madres, se acercan por la calle o vienen a mi local y me dicen: "Mis hijas más grandes miraban Floricienta, y las más chiquitas ahora miran Violetta".

Estos fenómenos televisivos aparecen cada tanto, y quedan grabados en las infancias de sus espectadores como un tesoro, un lindo recuerdo o simplemente una compañía durante la merienda, pero queda. Ver a Tini cantar y trabajar es inspirador por demás, invita a pensar que se puede lograr todo lo que uno se propone, pero que hay que dedicarse y hacer. Me parece también esperanzador, para los chicos nada es imposible, ¡Y celebro q así sea!

Tini es muy joven, tiene 16 años y un futuro enorme.


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