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Natalia Oreiro, siempre en su mejor momento

"¿Cómo es?", le preguntan seguido al escritor uruguayo y su respuesta suele ser: "normal". Aquí se explaya un poco más

Miércoles 01 de enero de 2014 • 00:00
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PARA LA NACION
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En 2010, Natalia Oreiro protagonizó la película Miss Tacuarembó, dirigida por Martín Sastre, inspirada en un libro que escribí hace más de una década. Desde entonces, casi un centenar de personas me ha contactado pidiéndome su e-mail o su teléfono. Las variopintas motivaciones son todas tan atendibles que no me explico cómo hará ella para priorizar la demanda. Se ve que lo hace bien. En alguna oportunidad han agradecido mi ayuda. En absolutamente todos los casos, lo que he hecho es derivar la inquietud a la productora del film ya que, al contrario de lo que piensa esta gente, no tengo un vínculo tan cercano con Oreiro como fantasean. Tampoco sé si la productora del film lo tiene pero… bueno.

Es un clásico. "¿Cómo es Natalia Oreiro?". Mi respuesta: "Es normal". Ni yo entiendo qué quiero decir con que "es normal". Cuando la vi, como no sabía de qué hablar, le pregunté si era verdad la leyenda urbana de que, cuando comenzó a actuar, la guita que ganaba la guardaba adentro de un pollo congelado en el freezer, y me confirmó que sí. Pensé: "Obvio, yo haría lo mismo". Es normal.

Soy uruguayo. Hace un tiempo me mudé con unos amigos a un apartamento precioso en la Ciudad Vieja de Montevideo. Mes a mes, el recibo de alquiler viene en un sobre azul con la foto de Oreiro, imagen institucional de la Asociación Anda. He tenido que ir un par de veces a las oficinas de la Asociación Nacional de Afiliados (ANDA) a aclarar malentendidos monetarios y están totalmente tapizadas por el rostro sonriente de Oreiro, lo que me ha provocado sentimientos desencontrados, menores pero atendibles. Ahí está, sonriendo en los momentos que más odio del mes.

Su frescura hidratadísima y luminosa del último año contrasta con la oscura Betty Page charrúa de látex que cantaba Tu veneno en el año 2000 (y que imprevistamente regresó en la reciente entrega de los premios Tato). A la vez, es radicalmente opuesta a mi etapa preferida de la diva montevideana: el momento Turmalina.

En la biblioteca de casa exhibimos ese CD de 2002 como la obra conceptual que es. Un concepto tan certero al que Lady Gaga no ha llegado. En Turmalina, Oreiro se mostraba como el ángel-demonio con nombre de mineral piro-piezoeléctrico que, curiosamente, parece también ser óptimo para las planchitas de alisar pelo. Ángel caído de alas negras y botas rojas. En ese momento Oreiro también era la heroína que llegaba del planeta Turma al Río de la Plata a hacer justicia ecológica, según el cómic creado por ella misma que acompaña el disco, también portador de envidiables riffs de guitarras, insólitos en un producto tan pop. Algo inigualable en estas latitudes.

Me es inevitable admirar su creatividad, que parece obedecer a constantes juegos conceptuales en los que cada movimiento remite a otra cosa. El nombre de su hijo: Merlín Atahualpa. Sus campañas para Greenpeace y Unicef, siempre polémicas, generando debates que trascienden los programas de chimentos. ¿Su fotografía amamantando a Merlín junto a la frase Dar la teta es dar lo mejor de vos, proponiendo a las mujeres amamantar durante dos años, hubiera movilizado de la misma manera si estuviésemos ante otra actriz? ¿Qué tiene Natalia Oreiro?

Mi referencia a su trabajo durante 2013 se limita a Wakolda, la película de Lucía Puenzo. Dirían los críticos y mi mamá: "Está impecable". Como ya no miro más televisión, no viví con mis propios ojos el éxito de Solamente vos, pero pude experimentar algo que me resultó aún más novedoso que verla, erizado, a las vueltas con un nazi en los años 60 de la vida argentina. El pub donde suelo ir tiene una pantalla gigante para proyectar videos que amenizan la noche. Nada nuevo, pero es ahí donde descubro los clips de canciones de moda que jamás se me ocurriría ver en YouTube, y es ahí donde, curiosamente, volví a verla. Muchas de las canciones están siendo sustituidas por clips musicales de Solamente vos. La irrupción de Oreiro también en ese nuevo lugar de mi vida me ha dejado un poco más boquiabierto de lo que suelo estar.

El fenómeno adquiere dimensiones que me resultan interesantísimas, más aún desconociendo el contexto del que provienen los videos. Por alguna decisión de la dirección de actores, Oreiro lipsynquea (hace playback, decimos acá) famosas canciones, y sus intérpretes originales aparecen en escena sin que ella los perciba. Al adueñarse de sus voces, hace que los cantantes se vuelvan fantasmas o ángeles guardianes de sus penas y alegrías. En la mayoría de los casos levantan los brazos, como si le hicieran una sesión de reiki a distancia, una bendición del astro musical a los sentimientos de un personaje que… ¿Qué edad tiene? Ésa es otra cosa que me pregunto al ver los videos. ¿Qué edad tiene el personaje de Oreiro?

Lo que más me sorprendió de Oreiro en Miss Tacuarembó fue la trinidad de papeles encarnados. Podía hacer perfectamente de adolescente, joven y señora. En la construcción de Solamente vos logra algo insólito: tener varias edades a la vez. Puede ser una adolescente inexperta que suelta su bicicleta para cantarle canciones de despecho a su amante con la voz de Valeria Lynch. Se vuelve una entidad que cataliza todo, de Agapornis a Karina.

Esa mediación Oreiro, como me gusta llamarla, se vuelve más evidente en el pub, porque a veces los videos van acompañados por shows de transformistas o drags. Introduce un nuevo nivel, un nuevo contexto y una nueva lectura de la performance. Porque entre la drag del escenario y Valeria Lynch, hay una nueva mediación que es la misma de la canción de Karina, de Agapornis, de Pimpinela… El mismo rostro, la misma luz, la misma lógica y el mismo rojo que ahora parece sólo existir en esos labios y en esos tacos altísimos. Natalia Oreiro. ¿Cómo logra esa fascinación atemporal? De actriz "oscarizable" a vedette, de bomba sexual a esposa ejemplar, de adolescente a madre. Todo en uno. Lo más extraño, la unión de personajes tan disímiles parece lo más normal del mundo.

Entonces, de algún modo, entiendo por qué tanta gente quiere acceder a ella desde tantos lugares. Mandar un beso, pedir empleo, presentarle un proyecto laboral o de beneficencia. Porque Oreiro cada vez abarca más espacio como entidad sin descartar lo que ya fue. Sigue siendo la adolescente, la joven y ahora la madre. Como la Luna, como la Virgen María. En ella todos los estados conviven con coherencia. Se puede discutir sobre lo certeras o difusas que son las campañas de Unicef o Greenpeace, pero jamás sobre Natalia Oreiro, la artista-actriz-cantante-modelo-madre-diva que siempre está en su mejor momento. No conozco caso igual o, al menos, ninguna otra me deslumbra tanto.


Mirá los retratos de las 50 personas que nos inspiraron en 2013
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