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Histórica entrega del canal a Panamá

Por María O´Donnell Enviada especial

Miércoles 15 de diciembre de 1999

CIUDAD DE PANAMA.- James Carter firmó la nota de transferencia del canal, se la entregó a la presidenta de Panamá, Mireya Moscoso, y le susurró al oído: "Ahora es de ustedes".

Durante una ceremonia muy sencilla, en la esclusa Miraflores, al borde del Pacífico, Moscoso le respondió frente al micrófono, con euforia: "Gracias. Al fin es nuestro".

El acto marcó de manera simbólica la entrega del canal, que se hará efectiva el 31 de este mes, como establece el tratado que Carter firmó en 1977, cuando ocupaba la Casa Blanca.

Pero significa -ante todo- el fin de una etapa que "importaba elementos de colonialismo" en la relación con Panamá y con todos los países de la región, interpretó el ex presidente.

Los Estados Unidos impulsaron la independencia de Panamá de la Gran Colombia, construyeron el canal, inaugurado en 1914, lo manejaron durante casi un siglo y retuvieron el control sobre 500 kilómetros cuadrados del territorio, donde construyeron 14 bases militares.

Las bases ya fueron desmanteladas y en apenas dos semanas Panamá asumirá, por primera vez en su historia, el manejo sobre el canal que en 1998 cruzaron 13 mil barcos. "Consolidamos nuestra independencia", dijo la presidenta, en el acto que había empezado a bordo de un remolcador.

Moscoso, Carter, el rey de España, varios mandatarios de la región y el ex presidente Raúl Alfonsín -enviado por Fernando de la Rúa como jefe de la delegación argentina- llegaron remolcados por una "mula", como los barcos que demoran unas diez horas en recorrer los 80 kilómetros del canal.

Después de una visita a la torre de control de la esclusa Miraflores, saludaron desde el balcón que tenía colgada la leyenda: "Un canal para el nuevo milenio".

En el palco había banderas de todos los países miembros de la Organización de Estados Americanos (OEA), en cuya sede firmaron el tratado Carter y Torrijos. Hugo Banzer, presidente de Bolivia, también estuvo en esa ocasión, pero entonces como dictador.

El presidente de México, Ernesto Zedillo, y el de Colombia, Andrés Pastrana, fueron, entre otros, los testigos del intercambio de notas.

Para Carter fue, también, un acto de reivindicación. El tratado -que pasó por el Senado de los Estados Unidos por un voto- le reportó un enorme costo político. Perdió su reelección contra un candidato republicano, Ronald Reagan, que lo criticaba, entre otras cosas, por haber entregado el canal. "Desafortunadamente, hay gente que difunde historias falsas", afirmó Carter. Se refería a los republicanos del Congreso que se opusieron a la entrega, alegando que la China comunista no tardaría en tomar control del canal, por medio de empresas que ganaron concesiones para operar en los puertos.

Panamá no tiene fuerzas armadas, disolvió el ejército luego de la invasión que George Bush comandó en 1989, para terminar con la dictadura de Manuel Noriega, y con la relación tan especial que durante años lo había atado a los Estados Unidos.

Carter dijo que Panamá enfrentará otro tipo de desafíos a su seguridad, como el narcotráfico. Luego del último ataque de las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC), que se financian en parte con la protección que brindan al narcotráfico, Moscoso decidió reforzar los puestos fronterizos, ya que la ofensiva tuvo lugar a sólo 40 kilómetros del límite panameño.

Los Estados Unidos se reservan, por una cláusula unilateral que le agregaron al tratado de 1977, el derecho a intervenir para garantizar la neutralidad del canal. "Se entiende que es en coordinación y a pedido de Panamá", suavizó ayer Carter.

"Es un hombre de gran visión que entendió que los Estados Unidos tenían un deber moral", lo elogió Moscoso. La presidenta había lamentado la decisión de Bill Clinton de faltar a la ceremonia, una prueba del temor de la Casa Blanca a pagar costos políticos por la transferencia.

Una nueva etapa

Carter quedó como jefe de delegación luego de que la secretaria de Estado, Madeleine Albright, canceló su viaje por las conversaciones de paz entre Israel y Siria que tienen lugar en Washington. "Eso fue difícil, tanto para ellos como para nosotros", concedió en la esclusa Arturo Valenzuela el asesor de Clinton para América latina en el Consejo Nacional de Seguridad. "Pero fue fantástico, un momento histórico para los Estados Unidos y para todo el continente", siguió.

El encargado de América latina en el Departamento de Estado, Peter Romero, también le atribuyó un significado histórico, porque "representa el inicio de una nueva etapa en la relación con los países del hemisferio, basada en el respeto mutuo".

Moscoso también quiso saldar cuentas con la historia, y recordó a Omar Torrijos, el dictador que hace más de dos décadas derrocó a su marido, Arnulfo Arias. La viuda de Arias destacó la presencia de Omar Torrijos hijo, que representó a su padre, fallecido en 1981 en un accidente.

Carter trabó durante las negociaciones una relación muy especial con Torrijos, pero durante su discurso defendió su otro legado para América latina, la defensa de los derechos humanos que ejerció cuando los dictadores dominaban en la región.

Los Estados Unidos, cuando dejen el canal, habrán completado una transferencia de valores que se calcula en 5000 millones de dólares, si se contabilizan también los 500 kilómetros de territorio que controlaban y la infraestructura que dejan.

La presencia de militares norteamericanos, que llegaron a ser 65 mil durante la Segunda Guerra Mundial, generaba una actividad económica que equivale al 5 por ciento del producto bruto panameño. El gobierno piensa compensar la pérdida con un gran desarrollo turístico. Pero en un país con mucha pobreza y un salario promedio de un trabajador no calificado de 200 dólares, los panameños tienen sobre la partida de los Estados Unidos sentimientos encontrados.

Aída de Moscote, que vende billetes de lotería en la calle, dijo a La Nación : "Ojalá se quedaran". Charles Félix, vendedor ambulante, sostiene que "con la soberanía no se soluciona la pobreza" y que los norteamericanos "al menos pagaban sueldos dignos".

Pero en el acto todo era una fiesta, que terminó con el himno de Panamá: "Alcanzamos por fin la victoria..., se ilumina una nueva nacion..."

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