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Una fortuna que creció gracias a la célebre circular 1050

La norma permitió a los Kirchner acumular 22 propiedades; muchas se las vendieron a Báez

Viernes 27 de diciembre de 2013
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Con el golpe de Estado de 1976, Néstor y Cristina Kirchner se marcharon de La Plata, donde a ella le restaban todavía algunas materias para recibirse de abogada. Se radicaron en Río Gallegos, donde abrieron un estudio que con el tiempo se convirtió en uno de los más importantes de la provincia. Fueron tiempos prósperos para la familia Kirchner, en parte gracias a oportunidades que el matrimonio supo aprovechar.

En esos años, merced a las ejecuciones hipotecarias y la tristemente célebre circular 1050 del Banco Central de la República Argentina (BCRA), el matrimonio acumuló 22 propiedades. Ese fue el germen de una polémica en torno al patrimonio de ambos, que los acompañó en su escalada hasta lo más alto del poder. Porque, además, buena parte de esas propiedades que los Kirchner compraron a precio de saldo, se vendieron años después al empresario Lázaro Báez, cuyos negocios por otra parte crecieron de la mano de la obra pública.

En aquella época, Río Gallegos era una ciudad que tenía apenas 43.479 habitantes, según el censo de 1980, y se encontraba bajo el mando político directo de un militar. Por entonces, sin embargo, los Kirchner no concentraron sus mayores esfuerzos jurídicos en la defensa de los derechos humanos, bandera que abrazaron años más tarde, ya en la Casa Rosada, sino que se abocaron, con éxito, a los negocios inmobiliarios.

Vencimientos imposibles

Adoptada por el BCRA en 1980, durante la gestión de José Alfredo Martínez de Hoz al frente del Ministerio de Economía, la 1050 resultó letal para miles de deudores. ¿Por qué? Porque las tasas de interés de sus créditos hipotecarios pasaron a ajustarse por los valores vigentes en el mercado y miles de propietarios que a partir de ese momento no pudieron afrontar los vencimientos se vieron forzados a malvender sus inmuebles a inversores con pocos escrúpulos.

Eso mismo es lo que, desde siempre, les enrostraron a los Kirchner sus rivales políticos.

El ex presidente Carlos Menem, por ejemplo, buscó marcarles la cancha en 2009 con una comparación: "Mire, el 24 de marzo de 1976 a mí me detuvieron los militares y Kirchner se fue al Sur con su mujer y empezaron a trabajar en su profesión a partir de la memorable y deplorable circular 1050. Hay que leer el libro Kirchner, el amo del feudo [de Daniel Osvaldo Gatti], que cuenta todo lo que hizo Kirchner mientras yo estaba preso. Mientras yo estaba preso, Kirchner se puso bajo el ala de los militares y también hizo plata".

No fue el único que le dedicó duros cuestionamientos. El líder de la Confederación General del Trabajo (CGT), Hugo Moyano, también lo planteó en público, en el discurso con el que marcó su distanciamiento del kirchnerismo. Fue en la Plaza de Mayo, el 27 de junio del año pasado: "Cuando muchos nos quedamos en el país después del golpe de 1976 hubo dos clases de exiliados: los que se exiliaron fuera del país y los que se exiliaron en el sur argentino a lucrar con la 1050".

En Río Gallegos se recuerda bien lo ocurrido en aquellos años, y cada uno de los casos lleva una historia personal, con nombre y apellido. Como el caso de Ana Victoria de Aaset, por ejemplo, quien sufrió un proceso judicial que, si bien no llegó a dejarla en la calle, la llevó a tener que enfrentar la situación de que le embargaran parte de los muebles de su familia.

Con el patrocinio del abogado Rafael Flores, inició una demanda penal contra los Kirchner, quienes se habrían quedado con los pagarés de la señora de Aaset, en vez de romperlos después del cobro. Afortunadamente para esta humilde señora, el juicio prosperó y logró un fallo favorable.

Un episodio que se produjo entonces es memorable. Cuando el abogado Flores se cruzó con Cristina Fernández en la vereda de los tribunales locales, Flores la inquirió:

-Decime, ¿para qué hacen esto? ¿Cuál es la necesidad?

-Queremos hacer política, y para hacer política en serio se necesita "platita".

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