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La música bien vestida

Concierto extraordinario de la Orquesta Sinfónica Nacional con obras de José Luis Castiñeira de Dios: "Florilegio americano" (suite para orquesta, coro, contralto y solistas instrumentales), "Memento (para orquesta, piano y solistas instrumentales) e "Imágenes criollas" (suite para orquesta, coro, contralto y solistas instrumentales). Con Anacrusa: Alejandro Santos, Oscar Kreimer, Susana Lago, Ricardo Lew, Ana Ballán y Enrique Roizner. Dirección: Castiñeira de Dios. "Tangazo", de Astor Piazzolla. Dirección: Pedro Ignacio Calderón. Con el Coro Polifónico Nacional preparado por Julio Fainguersch. Homenaje al Parlamento Cultural del Mercosur, auspiciado por la Unesco. En el Teatro Colón. Nuestra opinión: buena.

Viernes 17 de diciembre de 1999

Anacrusa, se sabe, cumplió de algún modo en el ámbito folklórico argentino un designio que cabe en ese vocablo musical: anticiparse. La anacrusa es el pulso (llamado también levare) que precede a la iniciación de un trozo musical.

Anacrusa irrumpió en la primera mitad de los años setenta con una propuesta novedosa: remozar el folklore latinoamericano, restaurar antiguas voces con lenguaje moderno. Fue así como cosechó adhesiones, prestigio y premios. Ahora reaparece Anacrusa con sus miembros fundadores: Susana Lago, en canto y piano, y José Luis Castiñeira de Dios, acompañados por nuevos integrantes para ofrecer un concierto junto a la Orquesta Sinfónica Nacional.

Anacrusa remozado

Cuando se escuchan los primeros temas de "Florilegio americano" (presentado aquí como una suite), uno comprueba que Castiñeira de Dios reunió en esa palabra -florilegio-, que se aplica a la "colección de trozos selectos de materias literarias" según la Real Academia, algunos temas representativos de aquellos primeros años de Anacrusa de los setenta.

Se trata de los mismos perfiles musicales, pero con un nuevo ropaje: el orquestal. El atuendo es sencillo. Nada se violenta. Solamente que irrumpen nuevos colores instrumentales para motivos musicales que se repiten generosamente. Las células temáticas no se transfiguran ni son objeto de reelaboraciones. Y lo novedoso reside, quizás, en la alternancia del nuevo sexteto Anacrusa con sus dos instrumentos eléctricos (guitarra y bajo) y el tutti sinfónico en el repaso de ritmos latinoamericanos. Entre ellos emerge la voz de Susana Lago, enfática y de poderoso vibrato. Castiñeira de Dios regresa en inspiración hacia estas pampas con "Memento", un aire de milonga sin sus acentos típicos y de tono ligeramente elegíaco, que de pronto crece en aprestos dramáticos.

La parte final de Anacrusa y Sinfónica está consagrada a "Imágenes criollas", presentada también como suite de otros temas dados a conocer oportunamente por el grupo, como ese emblemático "Quien bien quiere", cantado por Susana Lago, cuya garganta se encrespa entre ranchos y rascacielos.

Entre lo más logrado cabría anotar la "Vidala del salitral", por su más enjundioso arreglo orquestal, y el "Candombe", que canta el coro junto a la orquesta, por su colorido.

Habrá también que consignar que el sonido más eufónico del grupo Anacrusa es el de la flauta.

El concierto se cierra con la dirección de Calderón, con "Tangazo", la excelente creación de Piazzolla. La versión de la Sinfónica es espléndida, tanto por traducir su trazo lírico y su honda tristeza como por revivir aquellos típicos acentos tangueros de Astor, encendidos en síncopas y empujados hacia nuevas dimensiones expresivas.

René Vargas Vera

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