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Una chacra y un escrache

La popularidad en tiempos de los próceres

Lunes 13 de enero de 2014
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PARA LA NACION
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La Chacra de Perdriel en Villa Ballester fue escenario del enfrentamiento entre las fuerzas criollas de Pueyrredon y las inglesas de Beresford, en agosto de 1806. El nombre de la chacra provenía de su un antiguo dueño, el francés Julián Perdriel, que la había vendido al genovés Domingo Belgrano, el padre del prócer. Por lo tanto, en 1806 la célebre chacra era de Belgrano.

El cordobés Gregorio Perdriel, protagonista de esta columna, era nieto del francés. En 1807, a la edad de 22 años, peleó contra los ingleses en Buenos Aires y demostró cualidades que lo distinguieron. Luego de la Revolución marchó con Belgrano en la campaña al Paraguay y comandó peligrosas incursiones. Más adelante integró el Ejército del Norte, otra vez con Belgrano, y se destacó en la batalla de Salta, donde recibió una herida. En orden de jerarquías, los dos heridos más importantes en aquella victoria de febrero de 1813 fueron Dorrego y él. Peleó con bravura en Vilcapugio y Ayohuma. Se perfilaba como uno de los grandes valores de la juventud militar de la Provincias Unidas del Río de la Plata. Sin embargo, su ascendente carrera sufrió un tropezón en 1815.

Una facción política encumbró a Carlos María de Alvear en el cargo de Director Supremo. La relación con San Martín se había desgastado. A menos de tres años de haber arribado juntos con un proyecto común, se encontraban distanciados, en las ideas y en la geografía. Mientras el Director Supremo ocupaba su lugar en el fuerte de Buenos Aires, San Martín se desempeñaba como gobernador intendente de Mendoza: en poco tiempo, y sin esparcir una pizca de demagogia, se había ganado el corazón de los mendocinos.

El Director Supremo dividió las jurisdicciones militares en tres espacios. La Banda Oriental, al mando de Estanislao Soler. El Alto Perú, a cargo de José Rondeau. El resto del territorio quedaba bajo su órbita directa. San Martín entendió que, al menos por un tiempo, convenía dar un paso al costado. Envió dos cartas a Alvear: una, felicitándolo por su nombramiento y la otra, pidiéndole un licencia de cuatro meses por motivos de salud.

Sin demora, Alvear envió un chasqui anticipando el arribo del nuevo gobernador, Gregorio Perdriel. Los vecinos de Mendoza reaccionaron. Un Cabildo Abierto y un manifestación callejera confirmaron la oposición a la medida. Durante la manifestación, una gran bandera blanca advirtió:

"Quiere el pueblo a San Martín,

Alvear nos manda a Perdriel.

Mas si este viene a Mendoza,

no cagaremos en él".

Llegó el candidato y continuaron las manifestaciones. Los vecinos acudían a la puerta de la casa donde se alojaba para insultar. Los escraches no se habían inventado, pero esto se parecía bastante. Finalmente, Perdriel no asumió la gobernación. De todos modos, el tiempo le daría revancha y sumaría nuevos servicios distinguidos a la Patria.

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