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¡Qué nos devuelvan al botón de la esquina!

Opinión

Bastaba recorrer un par de cuadras para que apareciera a poner orden. Orden que se producía de inmediato

Por   | LA NACION

Sin duda que el tema de la inseguridad es uno de los temas que domina la opinión pública porteña en los últimos años. No importa la condición social, ni el barrio en que se viva. La sensación de que salir a la calle es un tema arriesgado nos domina.

Esto me llevo a pensar si, como tantos otros temas, la resolución del asunto no pasa por tomar una decisión política que encamine la cosa. Y esta decisión debería contemplar, entre otras, que nos devuelvan a el botón de la esquina.

Me explico para los más jóvenes. Buenos Aires aumentó su población, como es obvio, pero no aumentó su superficie lineal. Es decir, de la Avenida Gral. Paz "para acá", para el río, siguen existiendo las mismas 10.000 manzanas que había cuando yo jugaba en la calle a la pelota, sin que a las madres de los jugadores se les ocurriera siquiera pensar que sus hijos no estaban seguros.

Aquel botón, conocía perfectamente las manzanas a su cargo. Conocía a sus vecinos. Se anticipaba a cualquier movimiento extraño que pudiera suceder en la zona

Aquellas 10.000 manzanas tenían una institución barrial que era el "botón de la esquina". El "cana" que se paseaba con aire relajado y que tan bien lo muestran las películas argentinas de los años 40 o 50. Uniformado prolijamente, y no pocas veces con el aditamento de las mangas blancas que lo habilitaban para subirse a la garita, si advertía que el tráfico presentaba algún problema de desorden temporal.

Aquel botón, conocía perfectamente las manzanas a su cargo. Conocía a sus vecinos. Se anticipaba a cualquier movimiento extraño que pudiera suceder en la zona.

Si uno presenciaba uno de los raros choques callejeros -la curiosidad infantil hacía que nos quedáramos viendo y escuchando como los accidentados, generalmente de manera leve, se maltrataban verbalmente de la manera más atroz- el comedido de siempre, que solía estar también presente en estas ocasiones, nos ponía la mano en el hombro y ordenaba: "Pibe, andá a buscar al cana de la esquina porque todavía estos se van a terminar boxeando.". Y bastaba recorrer un par de cuadras para que el "botón" apareciera a poner orden. Orden que se producía de inmediato, porque con la policía no se chacoteaba.

Ese mismo policía, que recorría saludando a todo el mundo a su paso, era habitual que le arrastrara el ala a alguna, o varias, de las empeladas domésticas del barrio, cuando las sorprendía yendo a la verdulería o la carnicería barrial a hacer sus compras. En esos casos, también los chicos nos quedábamos espiando, al par que comentábamos: "mirá como se la afila el botón.". Es que el uniforme era un atractivo irresistible para las que eran -educadamente- abordadas por el guardián del orden.

Eran años en que los vecinos invitaban a esa suerte de ángel custodio con alguna vitualla que le hiciera más llevadero su plantón. De aquellas costumbres, se dice que nació el "postre vigilante", del que se sigue discutiendo que si lo que acompaña a el queso es dulce de batata o dulce de membrillo. Se podría decir, que había hasta cierta familiaridad con el "federico", como también lo llamábamos.

Hoy, se puede recorrer durante horas la ciudad en cualquier dirección que va a ser poco probable que encuentre a un policía en una esquina, o recorriendo un barrio, haciendo una tarea de inteligencia casera, recurriendo al semblanteo.

La calle quedó despoblada y perdimos todos. Bueno, todos no...ganaron los chorros

La policía se encerró en las comisarías en los años de plomo, porque la realidad fue que eran asaltados y matados para robarles las armas, y de paso amedrentarlos. Fueron años duros para ellos, para nosotros, para todos. Pero el caso es que, al abroquelarse en las comisarías, la calle quedó despoblada y perdimos todos. Bueno, todos no...ganaron los chorros. Los cacos sienten que las calles están más tranquilas para que ellos puedan salir a "trabajar" -como le dicen en su jerga al salir a robar-.

Qué bueno sería que alguno de los ministros de seguridad explicara el porqué de la desaparición casi total de esa presencia tranquilizadora. Si la cantidad de esquinas es la misma y el número de policías ha crecido exponencialmente, ¿qué impide repetir el esquema de 50 años atrás?

Quisiera añadir una experiencia que hemos tenido los que afortunadamente podemos visitar de tanto en tanto otras grandes capitales: es algo frecuente ver policías paseando a pie, a caballo, en pareja, pero en la calle y a la vista. Incluso se llegan a extremos como los de Tokio, en que el vecino que se va de viaje por un tiempo, le avisa al policía de su manzana o esquina y él se preocupa especialmente de cuidar esa casa.

Por favor, que vuelva el botón de la esquina, y volverá a recobrar sentido el tango de Enrique Santos Discépolo, cuando en Chorra, incluyó la inolvidable estrofa: "Ahura, tanto me asusta una mina/que si en la calle me afila/me pongo al lao del botón...". Como están las cosas, hoy el otario del tango...se tendría que ir a vivir a una comisaría. Pobre tipo: sobre llovido, mojado..

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