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Visiones del más allá

La trama ambigua de Bestias afuera coquetea con el gótico y desarrolla una dimensión sobrenatural que resulta sorprendente

Viernes 31 de enero de 2014
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PARA LA NACION

Bestias afuera , la novela ganadora del Premio Clarín 2013, fue pensada como una "novela gótica subjetiva en primera persona". Así lo expresa su autor, Fabián Martínez Siccardi, un santacruceño que ha tomado el territorio patagónico como escenario para narrar su historia. El gótico necesita de moradas negras, sótanos y paisajes sombríos habitados por fantasmas y personajes extraños, alguna cripta, voluptuosidades fúnebres, a veces la locura. En Bestias afuera , Martínez Siccardi transforma el castillo en una estancia, el sótano en un galpón construido en la roca de la montaña y convoca a un fantasma para que irrumpa y trastoque la tarea de su protagonista.

Florián, un ingeniero agrónomo recién recibido, viaja a la Patagonia para realizar un trabajo de relevamiento de pulgones que atacan las plantas de ajo, acordada entre la facultad y Haroldo, el dueño de la estancia La Guillermina. Llega al lugar en el auto de su abuelo -ya fallecido- acompañado por su perro Atila, en un momento en que necesita un cambio radical en su vida. La estancia está ubicada en un valle al pie de la montaña, y un río atraviesa parte del inmenso y aislado terreno. Con Haroldo viven Bastiana, su casera, y Efraín, el pequeño hijo de ésta y de padre desconocido. La soledad del entorno y la incomunicación son salvadas sólo por un viejo equipo de radio, indispensable para el dueño de la estancia que padece una enfermedad en los músculos que lo va consumiendo de a poco. Entre Haroldo y Florián se establece una relación amable, muy distinta de la que el joven tenía con su abuelo, un déspota maltratador que abusaba de la empleada doméstica y despreciaba a su esposa y a su nieto. Su incidencia ha sido tal que el joven tiene recurrentes visiones del rostro del difunto. La falta de animales domésticos en la estancia llama la atención de Florián, que teme por el bienestar de Atila. Los animales salvajes de la región los terminaron aniquilando, a pesar del intento que muchos años atrás hizo el padre de Haroldo por contenerlos, para lo cual contrató especialmente a Teodosio, "un hombre oscuro que hacía cosas horrendas" con los animales. Hasta que un día desapareció y se supuso que se lo habían comido las bestias, puesto que su cuerpo jamás fue hallado. Todavía se conserva intacto el galpón donde el siniestro personaje llevaba a cabo los preparativos de las trampas y los artefactos para atrapar a los animales, una verdadera tiendita del horror.

El clima acogedor aunque raro en que transcurre la primera cena preparada por Bastiana con hierbas desconocidas se irá transfigurando de a poco. Florián, que ha tenido hasta no hace mucho visiones del rostro de su abuelo muerto, intuye que una persona lo observa en el río y luego, una noche, ve a Teodosio. Y ya todo comienza a perturbarse. La soledad del lugar, su aislamiento lo vuelven un escenario ideal para que lo sobrenatural se haga presente, para que la voluptuosidad de los cuerpos cumpla su deseo, para que el misterio gane el terreno y los acontecimientos se expongan a una interpretación ambigua. Es la visión de Florián la que organiza el texto; éste en un principio no vacila y cree saber quién está detrás de lo que comienza a ocurrir en la estancia, aunque el sentido común de Haroldo y de Bastiana lo contradigan: "En un sitio como éste hay que controlar la tendencia de la mente a poblar lo inhabitado"; "No deje que la oscuridad y la lluvia lo alteren". Lo real queda así sujeto a una interrogación constante.

Martínez Siccardi logra una notable tensión narrativa y mantiene en vilo al lector hasta el final, que resulta, como en la película Carrie , inesperado y sorprendente.

Bestias afuera . Por Fabián Martínez Siccardi. Clarín/Alfaguara. 128 páginas. $ 99

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