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"El señor de los aeropuertos" se expande por el mundo

Eduardo Eurnekian quiere sumar a su negocio 21 terminales en Grecia, además de otras en la región; factura US$ 2000 millones y abarca varios rubros en el país y el exterior

Domingo 02 de febrero de 2014
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LA NACION
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El hombre empezó con una empresa familiar dedicada al rubro textil y ahora se propone ser uno de los mayores fabricantes de microchips de la región. Sin embargo, ni una cosa ni la otra lo definen tan de cuerpo entero como el mote de "el señor de los aeropuertos". Es que Eduardo Eurnekian, presidente y dueño de Corporación América, inició en los últimos años una expansión mundial en este rubro que lo llevó a tener bajo su esfera 51 terminales aéreas en siete países.

Esta semana, además, se supo que está a un paso de poner un pie en 21 aeropuertos de Grecia (todos los de ese país, excepto el de Atenas) y de ganar licitaciones para construir o manejar otros en Perú, Guatemala, Paraguay, Chile, Colombia e Italia. "Apuntamos en este momento a los países del Mediterráneo y del este de Europa y a todas las Américas", dice Martín Eurnekian, sobrino de Eduardo, que está a cargo de todos los aeropuertos fuera de la Argentina.

También esta semana el hombre fuerte de Aeropuertos Argentina 2000, que tiene el manejo de 33 terminales en el país, rompió su acostumbrado silencio y opinó sobre la coyuntura económica local, que incluye control de precios, varios tipos de cambio e inflación. "Si dicen que todos hagamos un sacrificio, estoy dispuesto; pero basta de cinco tipos de monedas diferentes", disparó el jueves último, por radio Mitre.

Es que Eurnekian, de 81 años, se expande por el mundo con siete unidades de negocios diferentes, que van desde agroindustria hasta energía, pero también apuesta fuerte en el país y lo alcanzan los mismos problemas que al resto del empresariado local. Su fábrica de chips Unitec Blue, ubicada en Chascomús, es la primera de su tipo que se levanta al sur de México. Allí, en el mismo lugar donde estaba la hilandería familiar Uzal (cerrada a fines de los 90) invirtió US$ 350 millones en 2012.

Según cuentan en su entorno, como se enteró de que en Belo Horizonte, Brasil, se instalaría una fábrica dedicada a la primera etapa de elaboración del silicio (lo que se conoce como foundry ), decidió que su planta se dedicaría al segundo proceso: tomar ese insumo básico y convertirlo en microchips, utilizables en tarjetas de crédito, de membresía y de telefonía, entre otras. Esto último lo cumplió, pero la caída en desgracia del millonario brasileño Eike Batista cambió un poco el resto de sus planes...

Eurnekian pensaba poner una Unitec II en el polo tecnológico de Brasilia, pero cuando Batista se desbarranca y debe bajarse del proyecto de Belo Horizonte, en el que se había asociado con IBM y el Banco de Desarrollo de Brasil (Bndes), esta última entidad lo viene a buscar para que ocupe el puesto vacante. Es así como el 13 de enero se firmó una carta de intención por la que Corporación América se adueña del 33% del proyecto brasileño.

No todo es nanotecnología en el imperio Eurnekian. Helport, su empresa dedicada a la construcción y mantenimiento de obra pública, es la que levanta en muchos casos los aeropuertos que el grupo maneja, en algunos ocasiones, en asociación con otras firmas locales. Además, Corporación América está en el proyecto del túnel bioceánico Aconcagua, que conectará el sur de Brasil con el Pacífico.

Según quienes trabajaron con él, el hombre es un empresario a la vieja usanza, un poco duro en el trato diario. Pero alguien que negoció con él varias veces prefiere el adjetivo "pícaro" a la hora de describirlo. "Siempre queda bien con todos; salís de una reunión con él y no sabés qué pasó, pero siempre se sale con la suya", comentó esta fuente.

"¿Aumentar los precios es algo malo? ¿Por qué? Si se gana más, se pagan más impuestos", siguió Eurnekian en radio Mitre. Antes había dicho que él no iba a incrementar sus precios 30%, sino 7,5 por ciento. "Si me preguntás a mí «¿estás conforme»? Te digo que no. No estoy conforme", agregó en otro pasaje.

Tal vez alguno de los tantos productos de su portfolio que podrían aumentar y que están más cerca del consumidor final, serían los vinos, ya que también está en ese negocio. En 2010 compró bodega del Fin del Mundo y NQN, en sociedad con Julio Viola y familia.

En Armenia, tierra donde nacieron sus padres, también tiene una bodega, Armavir, además de dos aeropuertos, un banco, Converse, y el correo local. En 2013 fue el mayor inversor extranjero en esta ex república soviética, con un desembolso de 76 millones de dólares.

Con Unitec Bio ingresó también en la industria de la producción de biodiésel. En la planta que instaló en Santa Fe concretó una inversión de US$ 300.000. Tenía la idea de una segunda fábrica, pero, según fuentes cercanas, las máquinas y demás partes necesarias para su construcción fueron paradas por Guillermo Moreno, ex secretario de Comercio.

Con Compañía General de Combustibles ingresó en el negocio de la energía clásica, área en la que hace exploraciones de gas y petróleo. Prefirió eso a shale gas . "Para invertir en shale se necesita más tiempo", opina. En Uruguay, en tanto, es dueño de dos parques eólicos.

Por los aeropuertos que maneja pasan 100 millones de pasajeros por año, el mismo período en el que su grupo factura US$ 2000 millones, según precisa alguien de su empresa. La misma fuente describió así a su imperio: "Si uno lo imagina como un cohete, aeropuertos sería la base, desde la que salen las distintas cápsulas, como las bodegas, los chips, los bancos, la constructora, la energía clásica y la agroindustria".

Todo lo construyó desde fines de los 70, cuando decidió entrar en rubros diferentes al textil. Su última apuesta en el país se la trabó el Gobierno, al no autorizarle la compra del banco Interfinanzas.

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