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Las mascotas suelen ser de gran ayuda para el niño autista

En el hospital Pedro de Elizalde usan animales para estimular a los chicos.
Emilse Pizarro
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29 de diciembre de 1999  

La sala de espera del Hospital de Niños Pedro de Elizalde se diferencian de cualquier otra.

Los pasillos se llenan de pequeños muy enérgicos que corren y ponen a prueba la capacidad atlética de las madres que intentan alcanzarlos y sentarlos a su lado. También son escenario de un improvisado coro infantil que, por momentos, trabaja a destajo entonando lo que parece ser el himno de la ex Casa Cuna: el llanto constante.

Desde hace tres años dos perritas border collie, Ydra y Patras, se han sumado al staff del hospital que atiende a los más pequeños. Pero no sólo para acompañarlos.

Para que los chicos autistas, los que tienen retrasos mentales y problemas para vincularse encuentren la manera de conectarse con los demás, el servicio de Psicopatología desarrolló un Programa de Terapia asistida con animales del que participan Ydra y Patras.

Combatir la culpa

"Muchas de las familias de chicos autistas cargan con la culpa de la enfermedad y se sienten impotentes al no poder comunicarse con ellos", dice la licenciada Amelia Lorena del servicio de Psicopatología, quien junto con el doctor Norberto López y el instructor canino Alfredo Verón lleva adelante el novedoso programa.

Convertir esa culpa en responsabilidad y mostrar que existe la posibilidad de que el niño autista se vincule con el mundo que lo rodea es la tarea principal. Para esto último los perros son el mejor ejemplo. Y eso tiene un porqué.

Tanto los canes como los seres humanos tienen la capacidad de esperar, de aguardar una respuesta. Pero a diferencia de las mascotas, los hombres la pierden fácilmente, explicaron los especialistas.

El tiempo es vital para los chicos con trastornos generales del desarrollo. Una respuesta de ellos puede tardar un segundo o una hora en llegar.

Ydra y Patras esperan incondicionalmente que los chicos les respondan y viceversa. Con el simple juego de arrojar un elemento y que el cachorro lo devuelva, los niños se vinculan con los animales convirtiendo en secuencias lo que antes eran acciones aisladas. Esto implica que adquirieron una conducta, un comportamiento, explicaron los médicos.

"Los animales son un elemento de transición hacia la cultura de la que han dejado de participar, o nunca lo hicieron, los pacientes con estas patologías", indica López, doctor en neurociencia.

El especialista asegura que la interacción que se logra les enseña, a padres y hermanos de un chico con retraso mental o autista, sobre lo que él es capaz de hacer. Y lo que es más importante todavía: que ellos también pueden lograr conectarse con su hijo o hermano.

Los psicólogos concluyen que la mascota funciona como un mediador, un canal para que los chicos accedan a la cultura y al mundo de sus allegados. Por eso, hacen hincapié en su presencia dentro del seno familiar.

Diagnóstico

Antes de que los chicos sean sometidos a la terapia asistida con animales, se les realiza una evaluación llamada etograma.

El etograma es un inventario de las acciones que realizan los niños cada día a cada hora (caminar, llorar, pedir, etcétera).

Cuando la frecuencia de aquéllas disminuye en un determinado lapso, se habla de comportamientos y conductas.

Ya se habla de una secuencia de acciones, que se logra con la labor terapéutica y el trabajo con objetos que cumplen la función de estímulos mínimos.

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