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La ruta de los manteros: entre los contenedores chinos y La Salada

La Justicia cree que gran parte de la indumentaria que se vende en Once llega desde la popular feria de Lomas de Zamora; un heladero ambulante sacó créditos por 2 millones de pesos

Lunes 24 de febrero de 2014
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LA NACION
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Un argentino que vende helados en las calles de Once, de la marca New Cream, obtiene la mercadería de un extraño comercio . Detrás del habitual exhibidor se esconde un depósito donde se almacenan todo tipo de alimentos: turrones, alfajores y otras golosinas, que diariamente retiran los manteros para vender en la vía pública.

La justicia porteña investiga a los encargados de este local por algo más llamativo: la productora de helados es beneficiaria de programas sociales nacionales por fomentar el empleo. Y, paradójicamente, uno de sus empleados, el heladero, preside tres sociedades de responsabilidad limitada (SRL) y en los últimos años consiguió créditos bancarios en entidades de primera línea por dos millones de pesos.

Es uno de los casos que la fiscalía porteña analiza mientras intenta desentrañar las organizaciones de corte mafioso que operan en la zona de Once, donde los manteros se resisten a ser desalojados en operativos que llevan adelante agentes judiciales y funcionarios de la Ciudad. La línea de investigación apunta a los depósitos y a los comercios que funcionan como centros de operaciones disfrazados, donde se almacena y desde donde se distribuye la mercadería ilegal.

Para la Justicia hay indicios de que la indumentaria, por ejemplo, provendría de locales de La Salada, la popular feria de Lomas de Zamora. Y de que un grupo ciudadanos chinos podrían estar involucrados en la compra ilegal de contenedores con mercadería importada que ingresan en el puerto de la ciudad repletos de juguetes, peluches y artículos de plástico, y que eludirían los controles aduaneros mediante estudiadas maniobras en algunos depósitos fiscales.

Otras fuentes policiales consideran que a Once también llega mercadería de "piratas del asfalto". Por esa razón, la fiscalía porteña convocó a la AFIP y la AGIP (organismos fiscalizadores nacional y porteño, respectivamente) para potenciar los operativos. La fiscal porteña que investiga el complejo entramado de la organización de la venta ilegal en Once dio intervención al juzgado federal de Claudio Bonadio, ya que en varios comercios se constató la violación de la ley de marcas.

Una de las conexiones que, para la Justicia, vincula a locales de Once con La Salada tiene en foco un comercio de ropa llamado Urkupiña, en Jujuy 45, que fue clausurado el 21 de enero pasado por tener mercadería de dudosa procedencia y por violar la ley de marcas. El local pertenece a siete hermanos peruanos. Uno de ellos ya fue citado por la fiscalía y está punto de admitir sus contravenciones, al aceptar un juicio abreviado.

La indumentaria ilegal que llegaba en camiones a este local de Jujuy 45 era, presuntamente, de La Salada, donde una de las tres ferias también se llama Urkupiña, que es la virgen patrona de la integración nacional de Bolivia. Según la Justicia, el local de Once funcionaba como depósito y centro de distribución para los manteros, que incluso tenían sus puestos fijos asignados en la vía pública. Desde la clausura de Urkupiña, esos lugares callejeros no fueron vueltos a ocupar.

Según consta en la causa, los fiscales reunieron fotos, videos, información financiera, bancaria y judicial de cada una de las personas que son cabecillas o parte de las células que regentean a los manteros.

La Justicia considera que hay numerosos comercios de Once que son intermediarios entre los grandes productores y los manteros. Y mucha ropa llega también por contrabando ilegal desde Bolivia. La cruzan a pie, por la frontera, por pasos no vigilados, las "mulas".

De China al puerto

La otra vía de investigación sobre la ruta de la venta ilegal está centrada en la importación china, cuya mercadería se almacena en grandes depósitos de la Capital. ¿Cómo sería la operatoria? Los contenedores con productos de ese país, denominados "bagallos", llegan al puerto porteño y desembarcan en depósitos fiscales. "Bagallo" es, para el lunfardo del comercio exterior, una suerte de contrabando de mercadería barata.

Se sospecha que algunos de estos contenedores podrían contar con una Declaración Jurada Anticipada de Importaciones (DJAI) autorizada que, en realidad, es falsificada. La duplicación de este documento ilegal cumpliría el paso de rigor que requiere la Aduana, pero serviría para evitar la inspección correspondiente al ser señalado como un contenedor "bagallo".

En ciertos depósitos fiscales es altísimo el nivel de aprobación de las DJAI, algo que es muy dificultoso para la mayoría de los empresarios argentinos. Fuentes oficiales desmintieron esta operatoria. Y aseguraron a LA NACION que los controles aduaneros a los contenedores son "seguros" y que éstos viajan a los depósitos fiscales con precintos que son monitoreados desde una central.

Una vez que los contenedores superan los controles y son liberados, la mercadería recala en los grandes galpones de la Capital. Luego, se distribuyen en locales de zonas comerciales, donde participan los intermediarios. Y en el último escalón, llegan a los manteros.

Para la fiscalía, las organizaciones que operan en Once están conformadas por distintas células y nacionalidades. Hay clanes familiares y también están agrupados por vecinos. Particularidades que se repiten en unos y otros son la compra de automóviles al contado y las prendas sobre estos vehículos por el doble de su valor. De esta manera, blanquean dinero "negro".

En los allanamientos de casas y depósitos del barrio, por ejemplo, se constató que un fabricante de comidas tenía seis celulares. Hay indicios de que los organizadores cuentan con una logística con "vigilantes de calles" que alertan cuando hay un operativo policial, de modo tal de convocar a más integrantes del grupo e impedir los decomisos de mercadería. Los manteros nunca están solos cuando llegan los desalojos y los allanamientos.

Más allá de la venta ambulante, la evasión impositiva y la violación de la ley de marcas, en Once hay casos de falsificación de documentos y prestación de nombres. Como el de un ciudadano peruano, cuyas iniciales son RGF, que vende garrapiñadas en Once.

Este hombre está bajo la lupa de la Justicia porque figura como propietario de dos sociedades anónimas, una de ellas, una constructora de edificios. Ambas quebraron el día después de que RGF las "compró". Y el hombre dejó una deuda de más de 1,9 millones de pesos, con lo cual se investiga si se trató de una estafa. Además, este vendedor de garrapiñadas de Once tiene su domicilio fiscal en Ushuaia. Hay una razón: también fue inscripto para realizar actividades petroleras.

Números de la venta ilegal

La venta ambulante en la ciudad mueve cerca de 210 millones de pesos al mes, lo que resulta de la suma de lo que recaudan los casi 2800 puestos que hay en distintos barrios

Hay más de 300 puestos de venta ilegal en la zona de la terminal de trenes, y los organizadores que están bajo la lupa de la Justicia tienen entre 20 y 30 puestos cada uno

Un punto fijo en la calle factura, en promedio, unos 3000 pesos por día. Cada jornalero percibe entre 80 y 150 pesos por 12 horas de trabajo

En los 40 allanamientos realizados en Once, en poco más de dos meses, fueron secuestrados más de 5200 bolsones de mercadería ilegal, que quedaron almacenados en un depósito judicial

En los últimos operativos realizados por la fiscalía de la ciudad y el gobierno porteño, donde hubo disturbios y los manteros lanzaron dos bombas molotov, fueron detenidas 17 personas. En todos los operativos participó únicamente la Policía Metropolitana

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