Si usted es una persona con dificultades visuales, navegue el sitio desde aquí

Cuando la cara está en juego

Domingo 09 de marzo de 2014
SEGUIR
PARA LA NACION
0

Aún no consigo besar / Autor: Diego Bagnera / Colaboración versión argentina: Paula Fanelli, Gustavo Maggi. intérpretes: Estela Garelli, Florencia Naftulewicz, Cristina Maresca, Ernesto Rowe, Mario Sala / Iluminación: Christian Gadea, Lucía Feijoó / Vestuario: Heidi Steinhardt / Realización de escenografía: Mario Sala / Asistencia de dirección: Paula Fanelli / Adaptación y dirección: Heidi Steinhardt.en el ópalo: Junín 380 / Funciones: sábados, a las 21, y domingos, a las 19. duración: 60 minutos.Nuestra opinión: muy buena

El español Diego Bagnera parte, para construir su texto, de un hecho real y verdaderamente conmovedor que se produjo en Francia en 2005. Una mujer, Isabelle D., fue atacada por su perra que le arrancó la parte inferior de su rostro. Es el primer caso en la historia de las cirugías en la que se realiza un trasplante facial que posibilitaría que esta mujer recupere su imagen.

La historia, que ahora ficcionaliza Bagnera, es por momentos verdaderamente desconcertante. En escena, el dramaturgo construye una trama que combina el relato en primera persona no solo de la protagonista, sino también de su hija, su médico, su psicóloga y hasta de un periodista sensacionalista interesado en el tema, con algunos pocos diálogos en los espacios en los que estos personajes irán cruzándose.

Intenso en sus descripciones, el creador es muy cuidadoso en la forma en que presenta hechos que parecieran ligarse con lo siniestro. El espectador reconoce, en la realidad de Isabelle, el dolor que los acontecimientos le provocan, pero, también, el valor que adquiere al decidir entregarse a un sinnúmero de situaciones en las que continuamente estará enfrentándose con la muerte.

Heidi Steinhardt construye una puesta casi ascética y pone en valor a cada uno de los personajes. Profundiza la figura de Isabelle a fondo y desde ella logra que el resto de los personajes se tornen más auténticos. El juego que consigue es dinámico. Tiene un ritmo preciso y el público va entrando en él lentamente hasta que, en algún momento, la realidad del escenario lo habrá ganado para transformarlo en un testigo fundamental del drama.

Es muy interesante la relación de Isabelle (Estela Garelli) y su hija Lucie (Florencia Naftulewicz). Ambas intérpretes van dando forma a la historia de manera muy sensible. Sus monólogos van entramándose de maneja muy ajustada, como un puzle que reconstruye la figura de ese rostro. Ambas elaboran imágenes internas muy potentes que ayudarán a quien observa a dejarse arrastrar, con seguridad, por ese camino sinuoso que deben recorrer, con mucho padecimiento, esas mujeres.

En roles pequeños pero siempre efectivos, Cristina Maresca, Ernesto Rowe y Mario Sala completan con solvencia ese mundo. Lo atractivo de sus personajes es que son ellos quienes llaman a reflexionar sobre las consecuencias de un hecho tan delicado desde una óptica clínica y psicológica, y también hasta dónde entra a jugar la opinión pública, según la mirada de quien analiza el caso.

Te puede interesar

Enviá tu comentario

Los comentarios publicados son de exclusiva responsabilidad de sus autores y las consecuencias derivadas de ellos pueden ser pasibles de sanciones legales. Aquel usuario que incluya en sus mensajes algún comentario violatorio del reglamento será eliminado e inhabilitado para volver a comentar. Enviar un comentario implica la aceptación del Reglamento.

Para poder comentar tenés que ingresar con tu usuario de LA NACION.
Las más leídas